miércoles, 9 de septiembre de 2009

Capítulo 1: El recepcionista invisible

Aterrizamos, sí, después de más de 24 horas de viaje entre las 15 horas de vuelo, aeropuertos, etc. Llegué con unas 7 u 8 horas de sueño en el cuerpo en los últimos tres días, físicamente machacada pero con la mente totalmente alerta.
Nada más pisar el aeropuerto te das cuenta de que las cosas no es que funcionen de otra manera, sino que simplemente funcionan. Después de un par de minutos para orientarnos y conocer unos servicios públicos tan sofisticados y completos a los que solo les faltaba una thermomix para hacer la comida mientras te aseabas, cogimos el Narita Express que nos llevaría al centro de la ciudad.

Nuestro alojamiento estaba junto a la estación de Shin-Okubo, de la línea Yamanote (山手線), la línea de tren urbano circular que recorre prácticamente todos los barrios del centro de Tokio, fundamental para desplazarte por la ciudad cómodamente y en pocos minutos. Desde luego la localización es inmejorable, ya que estábamos en el barrio de Shinjuku, a tres o cuatro paradas de Harajuku y de Shibuya, unos auténticos hervideros de vida, sin embargo, nuestra calle estaba apartada de todo ese bullicio. Tan solo circulaba una bicicleta de vez en cuando, y solo se oía la música repetitiva de las cigarras veraniegas.

Encontramos por fin nuestro pequeño 'ryokancito', y la primera bienvenida nos la dieron los pececitos rojos del estanque. Allí no había ni un alma, al menos humana. Después de nuestros buenos diez minutos allí paradas, y de haber dicho hola, hello, konnichiwa, tocado la campanita, etc, allí no aparecía nadie. Ni siquiera había una recepción propiamente dicha, sino un par de mesas con ordenadores, una escalera, puertas de habitaciones vacías y la entrada (abierta, como no) a lo que parecía una vivienda. Hasta que no me dio a mí por coger la campana y dar un campanazo con todas mis fuerzas no se escuchó de lejos una voz que decía "hai!".


De esa forma conocimos al gerente, dueño o lo que fuera del hotel, que era un señor mayor (y alto) con coleta y pinta de antiguo hippy. Ese lo que estaba era pegándose una siesta de campeonato. El buen hombre era muy simpático, y después de indicarnos que dejáramos los zapatos en la entrada nos acompañó hasta nuestro habitáculo.


Me abstengo de poner fotos del cuarto porque vais a pensar que sufríamos síndrome de diógenes, pero os la describo un poco. Aquello se componía de entradita, salita de estar, un pequeño pasillito, un dormitorio, lavabo, aseo, y un cuarto de baño y ducha. Dicho así parece grande, ¿verdad? Pues no XDD. Aquello era la buhardilla de los siete enanitos japoneses. Hay que tener en cuenta que el sitio, aunque reformado, era bastante antiguo, y eso se nota en la arquitectura. El suelo era de tatami en el dormitorio y en la salita, y de piedra en el resto. Yo instalé mi futón en la salita, donde había también una nevera, una tele, una mesa baja, cojines para sentarse (no había narices de aguantar de rodillas más de cinco minutos) y una puerta corredera de esas de maderita y papel.

Lo cierto es que allí no creo que hubiera más de diez habitaciones, y no estaban todas ocupadas. Nos movíamos por allí como en casa, en calcetines, y podías bajar en pijama si querías, y si te veía allí la señora del hotel, de edad indefinida, te podía soltar una retahila en japonés y te pelaba una manzana, así, por las buenas. Había dos ordenadores con conexión a internet para usar libremente, junto a la puerte de la calle, que estaba las veinticuatro horas abierta y sin nadie vigilando. Me pregunto cuando durarían aquí.

Sinceramente, era bastante cutrecillo y pedía una reforma a gritos, un lugar donde colocar las cosas (o quizás nosotras deberíamos tener menos cosas) y un aseo más grande (porque yo tenía que cerrar la puerta a presión y hacer ejercicios de contorsionismo para sentarme), pero le cogí cariño, y en vez de hablar de "volver al hotel" empezamos a decir "volver a casa".

12 comentarios:

Zelgadiss dijo...

Qué potito,ya me está entrando otra vez nostalgia.

Ayer estuve en Santander para recoger mi paquete (con el yukata y demás cosas dentro) y por poco me da un colapso, que gente más maleducada, y que asco de olores en el tren... ¡¡¡joder, sólo me faltó encontrarme con un viejo que oliera a vino!!!

Inma dijo...

Ya me extrañaba ese correo donde me decías que necesitabas un recepcionista yaaaaa. Pensé que de donde lo habías mandado si no estabas registrada en el hotel.
¿¿¿Así que has pagado por dormir en el suelo :P ???

Geno dijo...

Sí es cierto que tal y como relatas parece que teníais una suite de tropecientos metros cuadrados, jajajjajaja. Lo importante es que os sintierais como en casa.

Candela dijo...

Pues aun asi... tenias que haber hecho foto!!!! y del japo hippy tambien!
Voy a Cadiz en Diciembre, confio en que me las enseñes en sesion privada, jajajajaj

Ark dijo...

Ey! yo quiero fotillos del cuarto!
Y del recepcionista invisible!
Y de los pijamas!
Y la de las zapatilla está muy bien. Y el título de la entrada también. XD

Elphaba dijo...

XD He creado expectación con lo del síndrome de Diógenes. Nada, de momento os paso la web del hotel, en la que se ve un modelo de habitación (diría que más grande que la nuestra), pero en ordenada, y también aparece el señor este en varias fotos.
http://www.sekitei-tokyo.jp/

Susana dijo...

Os habéis propuesto que acabe amando este país y forme parte de mi lista interinable de sitios que debo conocer antes de morirme verdad??? Cuanto más conozco, más me gusta.

KIRA dijo...

Cada vez que leo alguna de vuestras escapadas a Japon, quedo mas y mas asombrada de lo educados y civicos que son, 24h la puerta de una casa/hotel abierta... como bien has dicho intentalo aqui y veras...
Me esta pasando como a Susana, creo que es una ciudad que me gustaria visitar algun dia...
Me alegro de que lo pasarais tan bien...
BSTS

Cloti Montes dijo...

Niña, pon las fotos, no seas siesa.
Bssss
Cloti

chema dijo...

cuando escribiste el e-mail que dice inma, yo creía que te habías llevado el portátil y lo habías sacado, jejeje.
viendo las fotos, la habitación parece acogedora aunque fuera pequeña. lo de poder andar por el hotel descalzo y en pijama estña guai! :D

Elphaba dijo...

Cloti, impaciente, llevo cuatro fotos puestas, esperate a que vaya tocando XD. De todas formas tendremos entre las tres unas 2000 fotos, y con mi cámara solo unas 500. Tengo que recibir las demás!

Chema, ni siquiera tengo portátil, pero si lo tuviera te aseguro que no lo llevaría de viaje, que ya bastantes problemas de peso hay siempre con los equipajes (sobre todo a la vuelta).

anele dijo...

Ja, ja, ja, me imagino a las 3 a grito pelado "konichiwaaaaaaaaa" y allí sin aparecer nadie.

Ves, ves!! es imposible aguantar de rodillas...5 minutos dices? ni 3bonita! aún recuerdo la tortura de la ceremonia de té, yo toda educadita instalándome de rodillas, y a los 3 minutos ya me dolía hasta el pelo; y allí la maestra (que tenía sus 60 años ya bien cumplidos) aguantando como una jabata sin inmutarse explicándo todos los pormenores de la ceremonia. Diossss!!!

Increíble lo del ordenador en la entrada sin vigilancia y con la puerta abierta. Aunque he visto cosas parecidas con mis propios ojos sigo asombrándome.