Mostrando entradas con la etiqueta TV. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TV. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de julio de 2012

El hombre al que le gustaban las chocolatinas (1ª Parte)

Como ya dije hace varias semanas un siglo, cada escapada a Inglaterra ha sido distinta y especial, aunque ésta fue posiblemente la más diferente de todas hasta ahora. No tenía un gran objetivo en mente, pero en cierto modo, una parte de este viaje terminó convirtiéndose en una especie de "bloque" temático que resultó interesantísimo y un poquito sentimental.

Hará poco más de un año que supe de la existencia de un museo dedicado a Roald Dahl en un pueblo llamado Great Missenden, a unos 60 km al noroeste de Londres. Decidí que a la tercera iba la vencida, así que hice mis investigaciones pertinentes para preparar la excursión, y una mañana me levanté temprano para tomar el tren de Aylesbury, que era el que hacía parada allí, entre otras localidades de la comarca de Buckinghamshire.


Pero a todo esto, por si algún despistado no cae en quién es Roald Dahl, quizás le sean más familiares algunas de sus obras, como "Charlie y la fábrica de chocolate", "Las brujas", "Matilda", "James y el melocotón gigante", etc.

Aquél no es un destino precisamente muy turístico, y en un día laborable del mes de enero sólo me encontré con gente que iba a trabajar a otra parte en un vagón silencioso y medio vacío (y con WiFi, oh yes). Me preguntaba si alguien más se apearía en la misma parada que yo, en una localidad tan... vacía. Entendedme, Roald Dahl está considerado uno de los autores infantiles más importantes de la literatura universal, y cuatro de sus obras tienen el honor de estar incluídas entre las cien novelas de todos los tiempos (no sólo infantiles) más queridas por los británicos, sin embargo su museo es muy pequeñito y modesto, no del tipo que acumula grandes colas en su entrada. Así pues, la otra única persona que se bajó en la coqueta estación de Great Missenden resultó ser la informática encargada de revisar los dispositivos audiovisuales del museo.


Yo ya sabía perfectamente por donde tenía que ir gracias a Google Street View, aunque no era precisamente difícil orientarse por allí. Los poco menos de diez mil habitantes allí censados se distribuyen básicamente entre la High Street, la Church Street, y numerosas casas y granjas cada vez más desperdigadas, pero lo que es pueblo pueblo, poco pueblo. Recuerda a una de esas localidades descritas en las novelas de Agatha Christie, donde todos parecen conocerse y no crees posible que alguien pueda tener prisa. Sin nada especial, pero bonito como estos sitios suelen ser, con algunos paisajes interesantes rodeados de campiña, colinas y bosques. Sin embargo no es un lugar tan anodino como parece, y como curiosidad, resulta que allí vivió temporalmente Robert Louis Stevenson, y el músico Jamie Cullum, casado con Sophie Dahl, nieta del escritor (ahí la pareja, con un par), también tiene una propiedad en el pueblo. Además, allí se rodaron una serie de películas terror para televisión de la Hammer en los años 80.



Volviendo al museo, era imposible no encontrarlo con una fachada así (he tenido que tirar de Google para la foto de la fachada porque había una furgoneta aparcada justo delante, ¡¡¡ar!"$f%g&*!!!).


Al entrar en esta antigua cochera, nos recibe este banco-cocodrilo y un cartel que, tal y como podeis leer ampliando la foto, dice que todos los fans del señor Dahl somos bienvenidos, tanto si hemos leído todos sus libros como unas pocas líneas, si somos jóvenes de edad o de corazón, o si hemos viajado desde lejos o muy cerca, y que nos recuerda cuál es el espíritu de su legado. Yo cumplo, cumplo con los requisitos: he leído muchos de sus libros, soy joven de cough edad cough corazón e iba desde bastante lejos.


El Roald Dahl Museum and Story Center tiene dos funciones principales. En primer lugar comenzó a funcionar de centro de historias interactivo y de archivo oficial, que recoge toda su obra. No sólo sus novelas más conocidas, sino también sus guiones, artículos y relatos para adultos, además de cartas profesionales y personales, manuscritos varios y otros documentos, y sobre todo su "libro de ideas". El escritor galés tenía una imaginación de lo más desbordante, y constantemente estaba imaginando e inventando ideas fantásticas, y reflexionando y filosofando sobre hechos de lo más cotidianos con su particular punto de vista de niño inquieto y travieso. Todos esos pensamientos dispersos eran recogidos en su "libro de ideas" que siempre le acompañaba, y que en algún momento podían ser utilizados en sus historias.
Posteriormente comenzó a funcionar como museo propiamente dicho. Uno bastante pequeñito, todo hay que decirlo. La zona de exposición se divide en dos salas que corresponden respectivamente a las etapas de su niñez y su vida adulta, y denominadas "Boy" y "Solo", al igual que sus dos libros de memorias. El primer nombre referido a la forma en la que solían llamarle en casa de niño, y la segunda a sus solitarias horas pilotando aviones en su juventud.

La entrada a la sala "Boy" es de lo más sugerente y chocolatera. Casi te dan ganas de meterle un lametón a la puerta. Conociéndome, algunos se imaginarán que me hubiera encantado sacarme una foto de esa guisa, pero lamentablemente estaba haciendo la visita en solitario (pero tan en solitario que no vi a ningún otro visitante), y me daba nosequé pedirle a la informática que me sacara una foto chupando una puerta...


La relación de Roald con el chocolate no se reduce simplemente a ser el creador de la imaginaria fábrica del señor Wonka, y escribir ese libro no fue una idea fortuita. Roald era un amante del chocolate. Sí, bueno, sé que no es un caso aislado, y ya sabéis lo que dicen: "A 9 de cada 10 personas le gusta el chocolate. La otra persona miente". Sin embargo a él realmente le apasionaba, y además fue un niño afortunado en términos 'chocolateriles'. Como muchos otros de aquella época, pasó algunos años en un internado. Por entonces, resultaba que no tenían la fábrica de chocolates Cadbury demasiado lejos, y la empresa utilizaba a los niños de aquel centro como catadores de excepción, con muestras y cuestionarios. Me puedo imaginar cómo serían recibidos por los alumnos los lotes de productos en una época en la que, a diferencia de hoy día, los niños no estaban hartos de todo lo que les daba la gana. Roald soñaba y soñaba, y dejaba correr su mente imaginando que un día inventaría una nueva y maravillosa chocolatina con la que dejaría al señor Cadbury boquiabierto. Aquella idea persistió, como comprenderéis todos los que conocéis la historia de Charlie y el señor Wonka, que se publicó casi 40 años más tarde.

Volviendo a la sala "Boy", allí podemos encontrar huellas de una infancia y juventud, las de un estudiante aplicado, hijo amantísimo y travieso incorregible con un sentido del humor de lo más audaz, que definitivamente dejaron una impronta en sus historias para niños, llenas de valores pero carentes de moralinas, muy alejadas de la corrección política y caracterizadas por ese humor, a veces muy negro. Releyendo algunas y descubriendo otras de esas historias ya de adulta, me hacen reír unos personajes maravillosos que piensan como todos lo hemos hecho alguna vez, pero que dudo que pasaran por la censura de la corrección política de nuestros tiempos. Y qué queréis que os diga, me encanta que se hayan librado de tanta estupidez reinante hoy día.




Además de sus boletines de calificaciones, se pueden leer las cartas que escribía semanalmente a su madre en sus años escolares, primero firmadas como "Boy" y más tarde como "Roald", plagadas de anécdotas, e incluso en un rincón te encuentras una vieja maleta con su uniforme de la Repton School, para que cualquier niño que tenga curiosidad sepa lo que es sentirse un poco como un escolar de la época.


La otra sala, "Solo", comprende su edad adulta. Estando destinado en la RAF en África y el Mediterraneo, no le tocó vivir la crudeza del frente, pero no por eso su experiencia fue menos dura y menos cercana a la muerte. Sus años como piloto durante la Segunda Guerra Mundial fueron un completo desastre, y algunas de sus vivencias y puntos de vista del conflicto que le tocó vivir son descacharrantes. Merece la pena leer un relato como éste, veraz y terrible en su fondo, pero totalmente desmitificador, despolitizado y desdramatizado en su forma, aunque para nada trivializa algo tan serio como la guerra, sino que muy al contrario, la humaniza. Es ésta una sala llena de sorpresas, alguna de las cuales me hizo echar una carcajada. Además podemos ver cómo era el interior de uno de los aviones que tuvo que pilotar, en los que se sentaba literalmente encajado con las rodillas a la altura del pecho debido a su gran estatura (medía casi dos metros). Precisamente también podemos hacernos una foto junto a su imagen en tamaño real comparada con la altura de decenas de personajes reales o de ficción, como los Oompa-Loompas.



En otro rincón encontramos más 'sorpresitas' que rememoran su etapa de escritor de relatos cortos para adultos, principalmente de suspense o terror, una faceta menos conocida hoy en día. Sin embargo algunos de esos relatos han sido adaptados en numerosas ocasiones, desde varios episodios célebres de la serie "Alfred Hitchcock presenta" hasta el segmento dirigido por Tarantino en la película "Four Rooms". En la misma línea que el suspense de "Alfred Hitchcock presenta", se emitió en Reino Unido la longeva serie "Tales of the unexpected", cuyos 112 episodios se basan en su mayoría en relatos de Dahl. Y aparte de las adaptaciones de sus relatos cortos y de la larguísima lista de pelis basadas en sus novelas infantiles, su relación con la pantalla también incluyó guiones como el de la quinta peli de Bond, "Sólo se vive dos veces",  o "Chitty Chitty Bang Bang". Entre otros recuerdos cinematográficos también podemos ver de cerca el traje de Willy Wonka que lució Johnny Depp para la película. Gracias a eso comprobé que el bastón de colores que llevaba, en realidad era transparente y estaba lleno de bolitas de caramelo.

En un museo dedicado a la obra de Roald Dahl no podía faltar un pequeño rincón dedicado a su buen amigo y mayor colaborador, el ilustrador Quentin Blake. Quien ha leído las novelas de Dahl,  es imposible que no identifique a sus personajes con los maravillosos dibujos de Blake, y el escritor consideraba que era la persona que mejor entendía sus ideas a la hora de plasmarla en imágenes. La comunicación era perfecta, como pueden atestiguar algunas de las cartas entre ambos que allí se exponen. Hablar de Quentin Blake es hablar de alquien a quien admiro muchísimo desde que era pequeña. Tengo un par de reproducciones suyas enmarcadas por mi casa y varias figuritas. Que me fascina su obra es quedarme corta y os aseguro que si me regalaran un Goya no me haría tanta ilusión como que me regalaran un Blake. Me haría mucho más rica, eso sí, mmm..., con lo cual podría comprarme muchos Blakes.... Tendré que pensarlo. En fin, que al señor Quentin Blake tengo pendiente dedicarle un post desde hace años, pero mientras tanto me encantaría que su espacio dentro de este museo fuera un poco más amplio, la verdad. Algún día espero que le dediquen un buen museo que le haga justicia, aunque también espero que el buen hombre siga viviendo algunos años más, que tiene 80 años, pero no pretendo meterle ya en la caja de pino.


Y por último, la parte que me resultó más especial de todas: el cobertizo donde escribió todas sus novelas infantiles. No es una reproducción exacta de su exterior, sino más bien una figuración de cómo era, con su puerta amarilla y sus rosales.



No obstante su interior sí está dispuesto tal cual era. No es que lo hayan decorado igual, sino que allí están todos y cada uno de los cacharros y muebles que formaban parte de su pequeño nido y que la hacían un lugar totalmente personal y único. Las fotos de su familia, los dibujos de sus hijos, su viejísimo butacón (que hace competencia con el del padre de Fraser Crane), su tablero de escritura y sus lápices afilados (jamás usó máquina de escribir). Y en la mesa contigua, sus objetos especiales, como la cabeza de su fémur (cuando el cirujano la sustituyó por una prótesis le aseguró que era la más grande que había visto jamás, y se la dió de recuerdo), una réplica de uno de los aviones que pilotó (hecha por un niño australiano admirador de sus libros) o su bola plateada.



Si ampliáis la foto se puede ver la bola plateada. Observad su tamaño y su aspecto en la foto ampliada. ¿Qué pensáis que es?


Pues es nada menos que el resultado de unir y comprimir día tras día el papel metálico que envolvía a las chocolatinas Cadbury de los años 30. Su primer empleo tras terminar sus estudios, con apenas veinte años, fue en las oficinas de la compañia Shell. Cada día a la hora del almuerzo iba a comer al mismo lugar y después se relajaba dando un paseo de vuelta a la oficina disfrutando de una chocolatina Dairy Milk de Cadbury. Le volvían loco, y era una rutina que no perdonaba jamás. Durante todo un año guardó y unió esos envoltorios plateados hasta formar la bola que véis, que pesa nada menos que 307 gramos. Y es que los envoltorios no eran como los de ahora desde luego.


En fin, nada que nos extrañe de un hombre que escribió en los últimos años de su vida algo como esto:
"No importa lo que sucedió en 1066 con Guillermo el Conquistador... Esas cosas no van a afectar a la vida de uno. Pero la aparición de las barritas Mars en 1932 y los Maltesers en 1936, y el Kit Kat en 1937... deberían grabarse a fuego en la memoria de cada niño...".
- Roald Dahl, 'Memories with Food at Gipsy House'.

domingo, 15 de mayo de 2011

Un dorama, un cumpleaños y nuestro estreno mundial.

Asakusa es posiblemente el barrio más pintoresco de Tokio como ya mostré en este blog allá por 2009 (cómo pasa el tiempo, ¿eh?). Antiguamente era un distrito dedicado al ocio, lleno de locales donde apreciar la gastronomía típica y muchas de las formas tradicionales japonesas de la cultura del entretenimiento. Hoy en día es un barrio eminentemente turístico, pero no ha perdido buena parte de ese encanto colorista y añejo, con ryokanes de los años 50 o 60, baños públicos, festividades religiosas, teatrillos y tabernas frecuentadas únicamente por parroquianos de toda la vida.

Una de estas formas de espectáculo tradicional es el rakugo. El rakugo es una forma de monólogos cómicos, una especie de club de la comedia para que nos entendamos, pero en versión tradicional. Se suelen tratar de historias o anécdotas del antiguo Japón, y el monologuista (o rakuguista mejor dicho) las narra enfundado en ropajes clásicos.

Es allí y en ese contexto en el que se desarrolla la historia de un dorama muy peculiar y uno de mis preferidas, “Tiger & Dragon” (no confundir con la película de artes marciales de Ang Lee). Escrita por mi admirado guionista y director Kudo Kankuro, cuenta las andanzas de dos jóvenes.




Por un lado está Kotora (interpretado por Nagase Tomoya, ese "My boss my hero"), un tipo serio y soso donde los haya y mano derecha de un mafioso local, que un día descubre el rakugo y decide que quiere aprender a ser gracioso.



Por el otro lado está Ryuji (Okada Junichi), hiperactivo, optimista y verborreico, que sí nació con esa chispa que hace de todo lo que cuente sea una historia divertida, pero cuya mayor aspiración es, sin embargo, ser diseñador de ropa joven (y volver a poner de moda la tela de rejilla XDD) con resultados más que estrafalarios... Ah, bueno, y también aspira a poder tener en algún momento de su vida un poco de intimidad con su preciosa novia en su apartamento de unos 12 m², en el que convive con un amigo de la infancia y con un inmigrante chino realquilado XDDD.



Envuelta a veces en un humor increíblemente absurdo, Kankuro perfila a una buena colección de personajes extraordinarios y entrañables en su tremenda ordinariez, con sus miserias, sus cutreces y sus vidas cotidianas. Este hombre es especialista en retratar brillantemente el mundo de la gente más corriente y de los bajos fondos, pero siempre con su punto de vista hilarante.

Reconozco que cuesta entrar en este dorama, porque es quizás su dorama más localista, tanto en el fondo como en la forma, con lo cual es muy posible que no se pueda disfrutar demasiado sin conocer mínimamente a fondo la sociedad japonesa. A mí misma me costó horrores pasar el primer capítulo especial (exageradamente absurdo XD), pero afortunadamente pasé de ese punto, y poco a poco se convirtió en una de mis series favoritas y una de las que más me han hecho reír.

Pero no soy la única “kankurista” de la blogosfera vecina, no. Las amigas Zelgadiss, Geno y yo aprovechamos nuestra reunión en Gijón para homenajear a esta serie. Se dio el caso de que existen ciertas similitudes entre Asakusa y Gijón… Bueno, se parecen una mierda, pero nosotras decimos que sí se parecen, y con el montaje y posproducción excepcionales de Zelgadiss, a ver quién dice que no.

Y aprovechamos el resultado final para felicitar el cumpleaños de Geno. Querida Genomiya, te mereces un fiestón. Gracias por ser tan abierta, tan alegre y por meterte de cabeza en nuestros "fregaos" sin oponer resistencia alguna (juro que no la amenazamos). Y a ver si de paso esta felicitación disimula un poco lo mucho que hacemos el idiota en este nuevo trabajillo audiovisual.

Por motivos técnicos, en esta ocasión no hay videos paralelos, por lo que conviene ver el original antes que la copia, por aquello de apreciar debidamente el grado de frikismo y gilipollez al que nos hemos sometido con ahínco.

Aquí están los créditos finales originales de la serie,





y aquí nuestra versión asturiana, en estreno mundial para todos vosotros. Que lo disfruteis.




lunes, 26 de abril de 2010

Golden Bowl y Yamato Nadeshiko Shichi Henge (Mis doramas VI)

Mucho tiempo desde que no hablo de un dorama, ¿verdad? Pues no será porque no he visto ninguno desde la última vez. He tenido la intención de hablar sobre muchos, pero soy muy perezosa, y cuando me voy a dar cuenta me han surgido otros temas. Esta vez no quería que me sucediera eso, así que antes de que se pase, escribiré sobre los dos últimos que he visto y me han encantado.
Golden Bowl es un dorama "viejo". Vamos, que es de 2002, pero hay que aclarar que realmente la fiebre de los fansubs fue posterior, y ahora prácticamente todas las series actuales se subtitulan con bastante rapidez, en algunos casos por varios fansubs simultáneamente. Sin embargo de ese año es complicado encontrar algo, y solo los doramas muy sonados andan por ahí accesibles a no asiáticos.

Cuenta la historia de una vieja bolera de barrio venida a menos, con sus clientes habituales que forman una auténtica y pequeña familia de lo más entrañable. La época de auge del local pasó hace mucho tiempo, y la yakuza del barrio hace una y otra vez intentos de coseguirlo y montar un love hotel, muchísimo más rentable que este viejo punto de encuentro anclado en los 60.

De esta forma, en cada uno de sus once episodios, el viejo dueño se juega su negocio literalmente a una partida de bolos: los dos mejores del Golden Bowl contra dos contendientes de élite elegidos para cada ocasión. Y el mejor del Golden Bowl es sin duda Shu Akutagawa (Takeshi Kaneshiro), un ejecutivo treintañero de vida bastante solitaria, que emplea hasta los descansos en la oficina para acercarse a jugar una partidita. Lo difícil es encontrar un partenaire a su nivel, hasta que llega alguien nuevo: Hitomi (Hitomi Kuroki, se llama igual que su personaje), una ama de casa madurita que últimamente pasa demasiado tiempo sola por el trabajo incesante de su marido, y además vecina de Akutagawa.

Así, de primeras, no me parecía un argumento que diera para gran cosa, y por eso este dorama se llevó aquí cogiendo polvo más de un año (gran error), hasta que vi "Acantilado Rojo" y sentí la imperiosa necesidad de volver a ver algo de Takeshi Kaneshiro. En realidad es cierto que el argumento de la bolera no es para tanto, pero entre ambos surge una camaradería muy especial y una química realmente impresionante.

Episodio tras episodio, los dos te enganchan discutiendo, riéndose, hablando de sus problemas personales y arreglando el mundo mientras dejan boquiabierto al personal haciendo strikes como churros. La música de Paul Anka acompaña el casi continuo diálogo chispeante y delicioso entre la alegre y natural Hitomi y el apacible y un poco ingenuo Akutagawa, a los que podría imaginar interpretando sus papeles sobre las tablas de un escenario, una tensión inesperada, y un maravilloso desenlace que me dejó con el klinex en la mano como solo los buenos finales pueden hacer.
Y todo lo contrario que hice con Golden Bowl, he hecho con este otro dorama, porque está fresquito fresquito. Yamato Nadeshiko Shichi Henge fue votado como el dorama favorito del público en la temporada televisiva de este invierno y se basa en un manga del mismo nombre.

Una Yamato Nadeshiko es como decir "fulanita de tal" pero refiriéndose al prototipo de mujer perfecta japonesa: bella, elegante, alegre y educada según los cánones nipones.

Conocemos entonces a Sunako (Aya Oomasa), una joven traumatizada desde su época de instituto porque el chico que le gustaba le dio calabazas llamándola fea. Desde entonces se refugió en el terror y en su pasión por lo gótico. Hasta ahí tampoco parece un problema, sino fuera porque jamás se ha vuelto a mirar a un espejo y se oculta de la vista de los demás con una capa negra escondiendo su rostro tras su pelo. Sunako cree que es un ser horrible y no se relaciona apenas con nadie excepto su mejor amigo, Hiroshi-kun, un muñeco de anatomía que obviamente siempre la escucha y le muestra "su interior" tal cual es XDD.

Pero Sunako tiene un problema más: no soporta la visión de "criaturas brillantes". Vamos, que le da un telele con tan solo ver a personas demasiado guapas, simpáticas o alegres. A su tía no se le ocurre otra cosa que meterla en la boca del lobo colocándola como ama de llaves en una mansión impresionante que posee y que funciona como casa de huéspedes para cuatro estudiantes universitarios con una incombustible legión de admiradoras. Los cuatro se ven obligados a aceptar el reto de la señora de forma que si convierten a Sunako en una Yamato Nadeshiko, no pagarán el alquiler durante tres años, mientras que si no lo consiguen este se triplicará. Y así se inicia esta historia con estos cuatro peculiarísimos pigmaliones:

Yukinojo (Yuya Tegoshi): definido como un chico tan lindo y tan tierno como un cachorrillo. Tan delicado que resulta femenino, provoca a las mujeres un deseo irresistible de abrazarle. Es amable, colorista y un poco cagueta (le da miedo la habitación de Sunako).
Ranmaru (Shuntaro Miyao): un auténtico playboy de modales afectadísimos, imán para las mujeres mayores y enamorado de sí mismo.
Takenaga (Hiroki Uchi): el perfecto heredero, elegante, inteligente y educado. Es el más razonable de todos y tiene apariencia de persona segura, fría y distante, aunque en realidad es un gran tímido.

Kyohei (Kazuya Kamenashi): el protagonista de esta historia. Un cardo borriquero que vive casi permanetemente cabreado y no confía en casi nadie porque cree que todo el mundo le juzga por su físico. Huye de las chicas porque le acosan, y pierde los trabajos a puñados... porque le acosan.

Pero el mejor de todos es... el gerente de la casa de huéspedes:

Takeru (Seishiro Kato) tiene cinco años y es el hijo de la dueña, y primo de Sunako a la que adora. Está a cargo de todo el tinglado ya que su madre está más tiempo viajando que en casa, y se enfrenta como nadie a las malas pulgas de Kyohei. Por lo general no me interesan nada los niños actores, y casi siempre me resultan repelentes o poco creibles, pero es que Takeru me ha cautivado. Es absolutamente genial.

Yamato Nadeshiko Shichi Henge es un dorama realmente precioso, además de una comedia increiblemente divertida, irónica e ingeniosa. Tiene golpes impresionantes, y me he tenido que aguantar con mucho esfuerzo las carcajadas en mitad de la noche, que es cuando más aprovecho para ver estas cosas.
Las movidas de estos cuatro, a los que en realidad les importa un pimiento que Sunako sea gótica, son un auténtico show, y absolutamente todos los personajes se hacen querer a su manera.

Os dejo con el opening de la serie, que me parece de lo más gracioso y original, con el tema "Love Yourself" del grupo Kattun.



lunes, 25 de enero de 2010

Otanjōbi Omedetō

Observad este breve fragmento de un telediario japonés. Me llaman muchísimo la atención varias cosas, entre ellas la forma que tienen de despedirse de los televidentes.




Ahora echad un vistazo a esta actuación en un estadio ante unas ochenta mil personas.




Y por último mirad este comercial televisivo de un refresco (que por cierto, está muy bueno).




Lo que tienen en común estos vídeos es la persona que aparece en ellos, Sakurai Sho (櫻井翔) (a partir de aquí activo el "modo fan", así que quien haya seguido hasta aquí está avisado :P).



Cuando te adentras en la cultura japonesa una de las cosas que más sorprenden es el espíritu de trabajo y de superación que tienen. Allí parece que todo el mundo hace un poco de todo, y el esfuerzo y el honor de dar lo máximo es su filosofía de vida. Como consecuencia, dormir duermen poco, así que luego los encuentras a todos sobados en el tren o el metro, y aun es difícil verles perder la calma y la sonrisa a pesar de ello. Os sorprendería hasta qué punto incluso la mayor parte de las figuras mediáticas son también unos auténticos currantes de fondo. No es que no salgan de juerga o no vivan bien. Mejor que el que está poniendo ladrillos o atendiendo un restaurante, casi seguro, pero nada de estar todo el día tomando el sol en los Caños de Meca. La estrella se debe a su público, y el público japonés es crítico, muy crítico con la entrega y la forma de vida de sus ídolos, así que están más pluriempleados y más activos que el padre de unos sextillizos.

El día que este chico dijo "mamá, papá, quiero ser artista", tenía claro que también quería ser el número 1 de su clase para ingresar en Keio, universidad de élite y una de las cuatro o cinco primeras a nivel mundial. Y así hizo, de forma que, entre programa y programa, y entre llenazo y llenazo con su grupo Arashi, se licenció en económicas sin perder ni un solo curso.

Así, algunos años después, gracias a esta fantástica herramienta que es la red, descubrí a Sho, que aunque esté lejos de ser una voz privilegiada, es un buen showman y lo mismo le da al pop que al hip hop (género que no me entusiasma a menos que lo haga él), que te vuelve majareta moviéndose en un escenario, que escribe, que se enfunda el traje y te hace una disertación sobre política y economía mundial, que te lo encuentras en uno de sus programas haciendo el chorras y el atolondrado sin (casi) perder la dignidad o surcando (y naufragando) los mares con un barco de papel. ¿Quién dijo que una persona seria debía serlo siempre?


Actor desigual pero aceptable en la pequeña y la gran pantalla, maestro de ceremonias carismático, presentador simpatiquísimo con una vis cómica que me hace troncharme de risa e informador riguroso, el mes que viene está destinado a cubrir los juegos olímpicos de invierno en Vancouver tras el éxito de su trabajo en los de Pekín 2008 y, curiosamente, él y el resto de los Arashi son los que cantan la que será canción oficial del evento. Un poco raro, algo así como "devolvemos la conexión a los estudios centrales mientras os canto un poco" XD. Las mil y una caras de Sho. Aquí nos sonaría todo un poco a intrusismo, y es posible que así sea pero, ¡allí lo raro es encontrar a alguien que no haga veinte mil actividades distintas!, o al menos es la sensación que me da cuantos más personajes conozco (y ya hace mucho que dejaron de ser solo unos pocos XD).


El 2009 ha sido un año increiblemente prolífico y dulce profesionalmente hablando, exageradamente cuajado de eventos, tanto individuales como con el grupo (que hasta las campanadas de fin de año dieron), con el que ha cumplido diez años de éxitos musicales y televisivos superando unos cuantos récords históricos en su país. No se puede ser excelente en todo, pero el muchacho es tan polifacético que le han terminado dando el reconocimiento de "Man of the year 2009", por pesao XDD. Desde luego a quien no le guste le convendría más emigrar del país. Yo estoy encantada con tenerle hasta en la sopa, la verdad, aunque estoy en el país equivocado para esta cuestión.


Muchos de los que le conocen personalmente aseguran que destaca por sus modales exquisitos, su labia y su conversación. Muchas de las que lo hemos visto en persona pero no le conocemos personalmente, además de lamentarlo profundamente, aseguramos que tiene un tipo de infarto y que es sexy incluso atándose los cordones de los zapatos. El físico le vino en los genes, y el estilazo le ha venido afortunadamente con los años.


¡Me lo pido! Pero no, que nadie se piense que soy una ingenua. De sobra sabemos que debe tener una pila de defectos y ropa sucia como todo el mundo (algunos que conozco, y otros que no), pero los años te vuelven algo más realista y tolerante (o deben), y nunca he creido en los ídolos perfectos. Son más divertidos los imperfectos, la verdad XD. Aun así, es cierto que Sho es un tipo discreto al que hasta ahora nunca se la pillado en un renuncio o escándalo a pesar de estar siempre en el ojo del huracán.

Sé que aun vive con sus padres y con sus hermanos en el mismo barrio de siempre. Total, si es imposible que ahora mismo le de tiempo a parar en casa más que para dormir. No trabajes tanto, Sho-chan, ¡no vaya a ser que estés estresadísimo el día que me conozcas! :P



Este post destila amor, ¿verdad? XDDDD.
Por cierto, que viva la madre que te parió, que las madres son las madres y seguro que la señora catedrática tuvo mucho que ver en lo majísimo que eres y, ¡feliz cumpleaños! (Otanjōbi Omedetō).




PD J., ojalá te hubiera podido felicitar también, un año más, pero no olvido que hoy cumplirías treinta y tres. Hoy escucharé una canción por tí.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Hana Yori Dango (Mis doramas V)

Si hay un dorama que se ha convertido en parte de la cultura popular nipona y ha traspasado más las fronteras, ese es sin duda "Hana Yori Dango". El título hace juego de palabras con un proverbio japonés que significa "Dangos antes que flores". El dango es un dulce típico, y la frase parece ser que significa que es preferible satisfacer las necesidades básicas como la comida antes que alegrar los sentidos con algo bello. Pero en este caso la palabra dango se refiere a chico, por lo que el doble sentido hace referencia a la necesidad de tener amor en la vida.

El origen de todo es una larguísima serie shojo manga de 36 tomos de Yoko Kamio, que gozó de un éxito notable (que a mí particularmente se me hizo pesadísima, por lo que tardé más de la cuenta en decidirme a ver la serie), y que se mal llamó aquí "No me lo digas con flores".


La obra de la pesada de Kamio tenido cantidad de adaptaciones, desde la serie de animación hasta las versiones con actores como la taiwanesa ("Meteor Garden"), la coreana ("Boys before flowers") o la japonesa ("Hana yori dango") que es la que da pie a este post.

La historia la protagoniza Tsukushi Makino (Inoue Mao), una chica de clase trabajadora que ingresa en el elitista instituto Eitoku gracias al empeño de sus padres. Ella no está demasiado de acuerdo con la idea y se encuentra como pez fuera del agua. No soporta la superficialidad, ni la vida regalada de los esnobs que pululan por allí y, sobre todo, no soporta a Tsukasa Domyoji (Matsumoto Jun).

Domyoji es el heredero de la multinacional más importante de Japón y líder de los F4 que son lo más de lo más en Eitoku y hacen lo que les da la real gana. Con una formación exquisita, pero con un carácter insorportable y violento, nadie se ha atrevido jamás a cruzarse en su camino... hasta que llega Makino. El sentido del honor, el tesón y la naturalidad de Makino los descoloca por completo, ganándose primero la protección del taciturno Hanazawa Rui (Oguri Shun), el mejor amigo de Domyoji, y más tarde la del resto de los F4.


Así, sin querer (por lo menos ella), sus caminos se enredan en una historia adictiva y encantadora entre el drama y la comedia. La terca de Makino y el zoquete de Domyoji se atraen, se repelen, se conmueven y, sobre todo, se exasperan el uno al otro, y a nosotros de paso. Porque este es un dorama de lo más interactivo. Interactivo porque sufres, te ríes, te secas la lagrimita, te desesperas con los protagonistas, pones como los trapos a los personajes más cabrones y terminas como un animal televisivo hablándole a la pantalla, y no te lanzas a besarla más que nada por el qué dirán.

La serie consta de dos temporadas de nueve y once episodios respectivamente, en contra de lo que suele ser habitual en la televisión nipona que suele producir temporadas únicas. Esto en parte se hizo porque la historia del manga es demasiado larga para una sola (de las de ellos, porque aquí estamos acostumbrados a temporadas de veintitantos capítulos) y la primera quedaba inacabada, y por otra parte el dorama disparó las audiencias de forma absolutamente espectacular.

El secreto de su éxito residió en buena parte en el carisma y la personalidad de sus protagonistas. Inoue Mao encarna a una Makino absolutamente adorable y simpática, a la heroína "normal" a quien admirar, y Matsumoto Jun... es simplemente un dogma de fe.


La banda sonora de Hana Yori Dango también fue un exitazo absoluto gracias a la bellísima música compuesta por Yamashita Kosuke y a las preciosas baladas "Planetarium" de Otsuka Ai o "Flavor of life" de Utada Hikaru, dos de las cantantes pop de más éxito en Asia, pero sobre todo gracias a los revienta records de Arashi, cuyos singles "Wish", "Love so sweet" y "One love" (menudo videoclip más cursi y cutre que le hicieron a esta XD) fueron los temas principales de serie y filme respectivamente, como no podía ser de otra forma siendo uno de sus miembros el actor que da vida al irascible Domyoji. No subestiméis nunca el poder de un dorama, que yo empecé diciendo "uy, qué canción más pegadiza la de los créditos", y me vi un año después a once mil kilómetros de mi casa agitando una uchiwa y pegando saltos en un estadio.


Aun siendo una serie eminentemente femenina (aunque tengo constancia de algún marido enganchado), en Japón rara es la persona, hombre o mujer, joven o adulto, que no sepa algo de las aventuras y desventuras de estos dos, y hay secuencias que han quedado en la memoria colectiva, sobre todo las que se desarrollan en la plaza de Ebisu Garden Place, lugar recurrente a lo largo de la serie, y que vuelve a cobrar importancia en la película de cine que se estrenó el año pasado (la película es bastante absurda y mala por cierto, pero cualquier fan de la serie termina cayendo en ella antes o después).



El equipo Aiba (nosotras) estuvo en Ebisu, cómo no. Cómo olvidar a ese Domyoji esperando durante horas calado hasta los huesos. Vayas a la hora que vayas, casi seguro que verás a alguien sacándose una foto en el lugar de marras. No podíamos ser menos y evitar esa peregrinación que a vosotros os importará un bledo, pero que nos hizo una ilusión tremenda. ¿Para qué he escrito este post si no es para tener la excusa de poner esa foto? XD. En mi caso hay gente que me dijo "como no vayas allí y me traigas una foto delante de ese monumento te retiro la palabra".

No fue necesaria la amenaza, porque allí estuve el mismo día en que aterricé para comprobar que Ebisu es mucho más bonito de lo que se ve en la tele, aun sin escenita y sin ellos, pero no hubiera estado mal...

martes, 10 de noviembre de 2009

Barrio Sésamo

Como muchos de vosotros sabréis, estos días se celebra el 40º aniversario de Barrio Sésamo. Puede que para algunos no sea así, pero para mí no cabe duda de que es el mejor programa infantil de la historia de la televisión, y así lleva demostrándolo durante cuatro décadas.
De vez en cuando busco algún trozo en youtube, y me siguen pareciendo impresionantemente buenos, ingeniosos y llenos de valores para las futuras generaciones. Han sabido combinar el humor y la cultura de una forma increiblemente divertida y atractiva para niños de todas las edades.
En Barrio Sésamo han tenido cabida los clásicos del mundo de la música, el cine, el teatro, la literatura, y casi cualquier personaje o fenómeno que esté de plena actualidad. Me resulta imposible escoger porque son todos geniales, así que os dejo aquí una amplia muestra para disfrutar.













miércoles, 12 de agosto de 2009

¡Eres mi mascota! (Mis Doramas IV)

Hace mucho calor y estoy demasiado nerviosa últimamente con los preparativos de mi viaje como para escribir sobre algo que me haga pensar más, así que voy a seguir con esta misión tan bonita de crear adictas (y adictos) a las series niponas.


"Kimi wa Petto (Eres mi mascota)" es la historia de Sumire, una treintañera que en principio tiene todo lo que cualquiera podría desear. Es muy guapa, muy alta, muy inteligente, tiene unos estudios superiores y un puesto estupendo de periodista. Pero Sumire es tan infeliz como se puede ser en este mundo, porque en una sociedad de hombres no se perdona que ella supere a la mayoría de ellos, ni tan siquiera en estatura, e incluso su novio le traiciona porque no puede asumir que ella sea mejor en todo. Todas estas circunstancias hacen que una persona herida como ella se haya fabricado fama de puercoespín, pero lo único que desea es que alguien la apoye incondicionalmente por ser quien es, tal y como hacía Momo, el perro que tuvo durante su solitaria infancia.

Un día aparece en su vida Takeshi, un niñato alocado de veinte años del que sabe muy poco, pero con el que de alguna forma llega a un extrañísimo acuerdo: ella le proporcionará el cobijo y el cuidado que necesita en ese momento, y él será su Momo con todo lo que ello implica. Tan solo una condición: nada de líos de otra índole. Así comienza una convivencia de lo más insólita, difícil de comprender por los demás y que, por supuesto, tratarán de ocultar.

No sé si decir que este es un drama con tintes de comedia romántica, o una comedia romántica con tintes de drama. El caso es que este dorama basado en un manga del mismo nombre me cautivó por completo, reflexionando certeramente sobre muchísimos temas como la sociedad machista, los ideales y, sobre todo, la soledad y cómo algunas personas se refugian de la soledad en sus mascotas.

El dúo protagonista formado por Koyuki y por Matsumoto Jun se te queda en la memoria, pero igual de buenos son algunos personajes secundarios como el psicólogo de la empresa o la mejor amiga de Sumire.

Creo que no decepcionará al club de las enganchadas ;-)

lunes, 22 de junio de 2009

La Yakuza y los 12 Tópicos (Mis Doramas III)

Ya que veo que empieza a hacer "efecto" esta sección, intentaré volver a ella de vez en cuando con alguna nueva recomendación. Y la de hoy es "My Boss, My Hero".


Sakaki "Tornado"Makio es un yakuza, pero no uno cualquiera. Sakaki Makio es el hijo del jefe, líder de la 'Banda de los Colmillos Afilados de Kantou'. Se dice que jamás ha perdido una pelea, las mujeres le adoran y está a punto de heredar el imperio paterno, pero hay un problemilla. Makio no sabe hacer la O con un canuto, y su padre teme que esa ignorancia le eche a perder los negocios, por lo que le da un ultimátum: o se gradúa en el instituto o no hereda el liderazgo.



De esta forma, durante diez capítulos, nos encontramos con un pedazo de tío grandísimo de 27 años, más bruto que un arado, infiltrado muy a su pesar en una clase de alelados chicos de 17.


Allí aprenderá que el instituto puede ser realmente duro y muy arriesgado, que la inocencia puede ser muy estimulante, y que ser delegado de clase puede ser una tarea aun más ardua que la de jefe de los Colmillos Afilados de Kantou, pero que es posible obtener recompensas que ni imagina, como los codiciados flanes de St. Agnes, que son toda una institución.


A su lado tendrá el apoyo de gente como su tutora la "caraplancha", su candoroso amigo Sakura... Sakura-algo y, sobre todo, de sus leales subordinados de la banda, encargados de velar por el anonimato de su verdadera identidad y de cubrirle ante cualquier eventualidad con una devoción casi maternal ("¡Aniki! ¡¿dónde está ese enano, que lo mato?!" XD) .


"My Boss, My Hero" se convirtió en un auténtico éxito de audiencia cuando se emitió hace tres años, y lo cierto es que puedo comprenderlo, porque yo me he revolcado de risa casi literalmente con lo hilarante de las situaciones. De verdad que, hasta que lo vi, hacía mucho que no me reía tanto y tan fuerte, porque tiene gags realmente sublimes como los del flan, el enano leñador o la reunión de padres y profesores (vale, que no sabéis cuáles son, pero los podría enumerar durante un buen rato mientras me río solo de acordarme XD). Es 100% pura comedia y una sátira amable del resto de series de institutos japoneses (que no son pocas), así como de las pelis de yakuzas, sin embargo no deja de ser una historia muy tierna.


Es muy fácil encariñarse con los personajes y realmente te hacen esperar con ganas el siguiente episodio para ver cómo continúa la hazaña de 'Maki'. Gran parte del mérito, como siempre, recae en el reparto, lleno de personajes peculiares, desde el protagonista hasta el último mono de la clase.

Nagase Tomoya es un tipo muy popular en Japón por varios motivos: lleva vendiendo discos como churros desde hace quince años como vocalista del grupo Tokio, está más que bueno, es un cachondo mental y un actor más que aceptable. Pero para interpretar a este temible mafioso y patético alumno se arriesgó a desplegar todo el histrionismo de que fue capaz, cosa que, en mi opinión, era lo que requería la situación, aunque no suelo ser amiga de las sobreactuaciones. En cualquier caso, supo combinar ese tipo de registros con otros más discretos e hizo suyo al personaje, y la serie triunfó a base de bien, sobre todo porque la podría disfrutar desde tu hijo hasta tu abuela.

Además, como siempre, es otro mostrario de los tópicos culturales de Japón que, aunque tópicos, no dejan de ser una manifestación de sus valores y de su forma de ser. Algunos de ellos son cosas aparentemente sin importancia, pero se repiten como una constante ineludible en la mayor parte de los seriales japoneses que he visto (más de treinta), y me ha dado por recopilarlos en una lista:


1º. Azoteas. No sé exactamente qué les inspiran las azoteas, pero absolutamente en todas las series que he visto hay una o más secuencias importantes rodadas en una. Parece el lugar ideal para aislarse, para reflexionar o para conversaciones intensas, y siempre está abierta para los protagonistas. Los puentes también se utilizan mucho para charlas importantes, normalmente asomados a la baranda y sin mirarse a la cara.


2º. Los abrazos por detrás, de repente. Tampoco sé si es que les parecen más románticos así o es por el pudor de mirarse frente a frente o vete a saber qué, el caso es que el número de abrazos de este tipo es inversamente proporcional al número de morreos en pantalla.


3º. Escenas bajo la lluvia. Teniendo en cuenta lo mucho que llueve por allí, no saben lo que es un chubasquero, aunque sí los paraguas. Sin embargo, en un momento dado pasan del paraguas y se ponen como sopas sin pestañear.


4º. El trabajo. Lo valoran muchísimo, así que es fácil ver al prota del dorama de turno matándose a trabajar con dos o tres empleos a tiempo parcial.


5º. La figura paterna. Este tópico me llama muchísimo la atención porque parece una figura muy devaluada en aquella cultura. En una serie japonesa hay tres tipos de padre: el padre tonto o inútil, un poco pelele aunque buena persona, el padre cabrón que tiene todo el mundo amargado o que directamente abandonó a la familia dejándola llena de deudas, y el padre ideal, que normalmente resulta que ha muerto. Por el contrario los personajes fuertes o admirables suelen ser las madres.


6º. La comida. Hay decenas de escenas alrededor de la comida. Comen a todas horas como limas sordas, lo cual también da mucha hambre.


7º. Las mujeres de 30 para arriba con chicos jóvenes (a veces mucho). Este tópico no es que salga siempre, pero sí aparece o se insinúa con la recurrencia suficiente como para llamar la atención. Y la idea de profesora-alumno debe ser la fantasía de todos los guionistas.


8º. Una mujer nunca se puede fiar de otras mujeres. Casi siempre hay alguna perraca que le da la puñalada trapera de la forma más ruin. Pero parece que a los japoneses les resulta muy difícil creer que alguien es malo porque sí, por lo que siempre solemos ver una razón, un aspecto bueno de la susodicha perraca o un arrepentimiento, y llega el perdón o la redención a pesar de todo.


9º. El amigo majo. Suele haber alguno, normalmente amigo del protagonista, que es un encanto y/o un poco atolondrado, que está enamorado de alguien y que tiene todas las papeletas para le levanten a la chica sin oponer gran resistencia (Ikuta Toma y Eita han hecho de ese papel un arte). Sirven para destacar al protagonista, pero a veces son tan tan majos que te acaban gustando más.


10º. Las confesiones. Los japoneses hacen confesiones de amor en toda regla, en plan "fulanito/fulanita de tal, me gustas". A veces tardan tanto en decidirse que parece el parto de la burra, pero cuando lo hacen (si es que lo hacen, ver amigo majo), lo hacen en voz alta e incluso a grito 'pelao'.


11º. La infidelidad. No está bien vista, y en el hombre no es un tema que se toque mucho, pero en el caso de la mujer se suele justificar de alguna forma como una necesidad de salir de una vida gris. En ese caso el novio o marido cornudo suele merecerlo, caerte muy gordo y encima no tiene ni pizca de orgullo cuando trata de recuperarla a toda costa.


12º. La policía nipona es incompetente en la lucha criminal. No es de extrañar que la gente no suela confiar mucho en ella para resolver problemas que a nosotros nos parecería más que razonable poner en manos de la poli. En la vida real es cierto que tienen fama de servir únicamente para dar indicaciones de cómo llegar a un sitio, y lo hacen con suma amabilidad.


Hay muchos más, pero estos son los que más me llaman la atención. Como decía, creo que todos ellos dan en cierto modo una muestra del carácter y la forma de ser y de comportarse de los japoneses, que a veces puede resultarnos chocante o incomprensible. Pero estoy segura de que si alguien de allí analizara las producciones de aquí notaría muchísimos tópicos que se repiten y que les llamarían la atención.


En cualquier caso, aquí termina este post (cada vez me salen más largos), y lo despido con el video de "Sorafune" del grupo Tokio, tema principal de "My Boss, My Hero", y uno de los singles que más se han vendido en la historia de Japón.