Últimamente escribo para este blog de forma bastante más espaciada de lo que solía ser habitual. No es porque no me apetezca o porque no tenga temas de los que me gustaría tratar, ni muchísimo menos. Simplemente es que los post que tengo pendientes requieren algo de preparación, y en eso yo suelo tardar lo mío. Unido a eso, pues resulta que también ando más limitada de tiempo debido, entre otras cosas, a un curso de la UNED de las narices que acabo de terminar, a los casi dos meses que llevo con turno de noche en el trabajo que me tienen un poco tarumba y a mis recien estrenadas clases de japonés.

¡Sí! Por fin encontré a una maestra japonesa que me ilumine un poco el camino del aprendizaje que hace tiempo empecé por mi cuenta. Porque las bases más primarias (muy muy primarias) las tenía, además de ciertas dosis de vocabulario y el oído bastante acostumbrado (acostumbradísimo diría yo...), pero sin un mínimo de disciplina y orden, te estancas en las cuatro cosas que realmente no te sirven para mantener una conversación sencilla, y te quedas con
esta cara a la mínima frase que te dicen.
Casualidades de la vida, no soy la única miembro del Equipo Aiba que ha iniciado sus lecciones estos días, así que estamos encantadas. En mi trabajo les parece muy divertido eso de verme practicar escribiendo signos extraños a cierta velocidad, y a mí me encanta eso de mirar textos antes incomprensibles y reconocer algo, aunque sea una sílaba de cada tres y lea como
Rainman. Aunque bueno, solo llevo cuatro clases con la de hoy.
Pero no temáis, que mi teclado es occidental y no puedo aburriros en mi afán por practicar. Además, no se puede escribir un post diciendo solo “el perro de mi profesor es blanco” o "el jueves a las 7 voy a ver una película con el amigo de mi hermano mayor”. Sobre todo porque no es verdad.
Pasando a temas culinarios, por fin estrené la caja para
bento de
Totoro (Bentotoro lo he bautizado XD) que me regalaron mis amigas por mi cumpleaños, y esto fue lo que me salió.


Decentito para ser el primero, aunque lejos de las florituras que nos mostró
Anele en su blog. El mío contenía dos yakionigiri (
onigiri tostados en la sartén) con sésamo negro, una ración de pollo teriyaki, ensalada y fruta. Una vez más, mis compañeros de trabajo estaban la mar de entretenidos conmigo mientras cenaba con mis palillos. Se me ha olvidado hacerle la foto a la bolsita de tela que tiene a juego. Es lo más.
Y ya que estamos con gastronomía, os dejo fotos de mis últimos experimentos con los ingredientes que me traje de Madrid.
El primero es el
katsukare (el primero es el que probé en Tokio y el segundo es el que hice yo). Parece un simple filete empanado con arroz. Sí, pero no, que tiene su cosa. Al arroz ya le tengo pillado el punto, y definitivamente no vale cualquier carne ni cualquier rebozado. Aquí empleé el
panko y el curry suave que me trajo
la rana, que estaba de muerte.


Y por último, la clásica
sopa de miso que tantas veces acompaña allí a las comidas. Lo venden instantáneo por montones de sitios, pero no es lo mismo que hecho a mano, con sus alguitas, su puerro, su cebolleta, su
miso y su caldo
dashi. Y prácticamente todo lo que quieras echarle.
Uf, y a todo esto, voy a hacerme la cena que me tengo que ir ya mismito.