viernes, 24 de diciembre de 2010

De alojamientos, de educación y de un flechazo (Parte VIII).

Una de las cosas por la que la gente ha mostrado más curiosidad y me ha preguntado más es por las habitaciones de estilo japonés y por cómo es exactamente eso de dormir en un futón en el suelo. Así que me parece oportuno hacer una parada en las excursiones bajo el sol para enseñaros algo de eso.

Nuestra idea era hospedarnos en un ryokan tradicional, con toda la experiencia que eso conlleva. Sin embargo, por motivos prácticos y monetarios escogimos un hotel normal y corriente. Pero bueno, normal y corriente con habitaciones estilo japonés, que para nosotras era un requisito casi imprescindible, aunque de puertas para afuera pareciera un hotel occidental.

Este era el aspecto de nuestro cuarto, que era bastante amplio. En la zona que está detras de los paneles de papel hay espacio para dormir dos o incluso tres personas, un armario empotrado, unos percheritos, una mininevera.



Una habitación japonesa tradicional tiene, entre otras características, el piso recubierto de tatami. Los suelos son por lo general de madera, y el tatami son unas piezas de esterilla de paja de arroz, aunque ahora también las hay sintéticas. Estas piezas de esterilla ribeteadas con una especie de tela brocada, suelen medir 90x180 centímetros, que viene a ser el espacio para que duerma una persona. Estas dimensiones son más o menos constantes hasta el punto de que el tatami se utiliza como medida de superficie en la arquitectura japonesa. Su disposición dentro de la habitación tiene una serie de reglas y, además, como muchos sabéis, no se puede pisar calzado, sino necesariamente descalzo o con calcetines.

De todas formas lo normal en un hogar japonés y en algunos otros lugares, es que hay que quitarse los zapatos de la calle para entrar, sea cual sea el tipo de suelo, lo cual estaréis conmigo en que es una medida muchísimo más higiénica que lo que hacemos aquí. Es decir, pasear toda la mierda de la calle por nuestra casa.

Y este es el futón donde yo dormía, con su cobertor y su almohada, preparado para ser usado.



Y aquí tenéis el detalle entramado y el ribeteado del tatami y del futón. El acolchado de un buen futón como este, unido al ya amortiguado suelo cubierto de tatami proporcionan una superficie lo suficientemente cómoda como para descansar bien. Yo me levantaba nueva, desde luego.


Y aquí abajo, el aspecto de nuestra habitación recién levantadas. Se puede decir que desayunábamos literalmente en la cama. Podéis ver mi futón convenientemente doblado, ya que están diseñados para plegarlos fácilmente y ser guardados, dejando una habitación despejada y preparada para ser utilizada plenamente durante el día. Al fondo la pequeña entradita donde hay que descalzarse y calzarse antes de entrar o salir.



Y en esa entradita, a un lado teníamos nuestro pequeño y completo cuarto de baño, con retrete de esos modernos con botoncitos y chorritos de todas clases,



y al otro lado un amplio armario empotrado con cabida para guardar un montón de futones, cobertores y juegos de cama. Vamos, que la habitación, aparte de tener un aspecto impecabilísimo, es perfecta para una fiesta de pijamas. Anda que no cabe gente ahí...



Además de nuestra habitación, el hotel disponía de varios salones comunes de este estilo, donde se sirven desayunos tradicionales japoneses que nosotras no teníamos incluido en nuestra reserva. La verdad es que yo no me sentía con ganas de tomarme un pescadito y una sopa a las 8 recien levantada, pero veíamos a los clientes salir de allí con sus cómodas yukatas que el propio hotel proporciona en cada habitación.

Pero lo más interesante fue contar con un sentō para los clientes. El sentō es un baño colectivo de estos que casi todos habéis visto en películas o en dibujos animados (siempre me acuerdo de Shin-chan enseñando el culo en uno de ellos), con su zona de limpieza, donde tienes banquitos, grifos y duchas, y un gran baño central de agua caliente para relajarse, al que se debe entrar bien limpio. Así que, a pesar de tener nuestra ducha privada, en un par de ocasiones optamos por bajar a relajarnos al sentō. Como éramos novatas en esto, aunque teníamos nociones de su funcionamiento, tuvimos que preguntar algunas cosillas para evitar hacer el ridículo. Bueno, más bien envié a Claire a que preguntara, que para eso soy la mayor XDDD.



Comprenderéis que no podíamos dejar de documentar todo esto pero, como por cuestiones de intimidad unos baños no son el mejor lugar para ponerte a hacer fotos, aprovechamos un momento en el que no había nadie. Debajo de esa mancha negra, estoy yo sonriendo.



El hotel también organizaba ceremonas del té, de la que ya hablaré en otro post, pero en este me centraré en otras cosas. Nuestro hotel estaba situado en una calle tranquila que desembocaba en una gran avenida de edificios altos y anchas aceras con locales comerciales, pero justo en la esquina por donde teníamos que pasar todos los días había un colegio bastante grande.

Aquí os dejo la vista del colegio que teníamos desde nuestra ventana, para que os hagais una idea.


Cada mañana salíamos del hotel alrededor de las 8 y teníamos que pasar por la puerta del centro. Imagino que la hora de entrada debían ser las 8 y media porque a esa hora nos cruzábamos con oleadas de niños de todas las edades camino del cole. Pero lo sorprendente, aparte de lo monísimos que están con los uniformes, es que cada día delante de la puerta de entrada al recinto había un nutrido grupo de escolares de entre 12 y 14 años trabajando ordenadamente. Limpiaban la puerta, barrían el acerado y arreglaban y regaban los parterres de flores. Pero no sólo del recinto escolar, sino de todo el trozo de vía pública que rodeaba al colegio.

La verdad es que aquel espectáculo nos parecía genial y nos dejaba con la boca abierta. A mi vuelta del viaje le pregunté sobre esa cuestión a mi profesora, y me explicó que allí la costumbre es que los propios alumnos se encarguen del cuidado y limpieza del propio colegio. No hay personal recogiendo las basuras que los niños dejan, sino que se organizan grupos y turnos de tareas, para limpiar patios, baños, aulas, etc, etc. Me parece admirable que una sociedad inculque el sentido de responsabilidad y de civismo de esa forma, y que sea algo completamente asumido. Aquí dile a un niño que recoja un papel del suelo, que enseguida te vendrá un padre a quejarse, cuando no a agredir al profesor de turno. Por desgracia me resulta impensable ver en España algo como lo que veía allí a diario.

La educación, el respeto y el civismo, sin duda es algo que hay que aprender desde muy pequeño, y en lo que todo el mundo, padres, comunidad y colegios, deben estar unidos.


¿El flechazo? Pues fue en una estación de tren urbano. El día amenazaba lluvia y a nuestro lado una joven madre esperaba el tren con sus tres hijos pequeños. El más chiquitín tan solo era un bebé y lo tenía colgado en una mochilita, y el mayor no tendría más de cuatro años, con su uniforme de escuela infantil, pantaloncito corto y gorro. Preciosos. La señora iba cargada no sólo con su bebé, sino con una gran bolsa y con los bártulos escolares de los otros dos además de un paraguas. El mayor nos observaba seriamente con esa curiosidad y con ese descaro propio de los niños pequeños. En esto que a la madre se le cayó el paraguas y yo se lo recogí al ver que le costaba bastante moverse. Me dio las gracias e inmediatamente se dirigió al niño mayor y le susurró que nos diera también las gracias. Entonces el niño desplegó la más maravillosa de las sonrisas y nos dijo "arigatou (gracias)" con una gran y respetuosa reverencia. Claire y yo soltamos un "¡Ooooooooooooooh! ¡¡Qué monooooooooooo!! (¿Me lo puedo quedaaaaar?)". Derretidas nos dejó a las dos. Enamoraditas nos quedamos el pequeñito. Tal exclamación soltamos y tal cara de tontas se nos quedó que la gente de alrededor se sonreía mirándonos.

Definitivamente nos dejó marcadas para todo el día. Pero, ¿no es fantástico encontrar cosas así? ¿Podéis comprender por qué nos engancha tanto ese país?

Y para no perder la costumbre, os dejo una de las canciones que nos acompañaron en nuestro viaje. En esta ocasión, de nuevo otra cosa totalmente distinta. Se trata del grupo Weaver, para mí una de las revelaciones más interesantes del 2010 en el pop japonés. Weaver son Yuji Sugimoto como voz principal y piano, Toru Kawabe a los coros y la batería, y Okuno Shouta, también a los coros y al bajo. Me encantó el sonido de sus tres voces con el ritmo de su música, llena de energía y un puntito melancólica. Tanto, que me volví de allí con su disco en la maleta. Con ustedes.... pues no sé cómo se llama esta canción porque no sé leerlo (todavía), pero escuchadla.






Ah, y Feliz Navidad a todos, y Feliz día del "Masakismo" a mis amigas de "El Equipo Aiba"!!!

11 comentarios:

Geno dijo...

El hotel está genial, moderno pero con su toque tradicional a la vez ¡mola! Y la canción ¡¡que guapaaaaaa!! Voy rauda a por ella (y lo que me encuentre ;-P)XDDDD
Ah, pero antes felices fiestas y feliz día del "masakismo" XDD

Carol dijo...

Lo que me ha gustado este post, me has resuelto un montón de dudas. Yo cuando tenga mi propia casa lo tengo claro, voy a comprarme una cama baja con un futón, que sé que no es lo mismo, pero me parecen preciosas, bueno, ya puedes imaginarte que decoraré mi casa totalmente a la japonesa je je. Un besazo y feliz navidad

anele dijo...

¿De verdad que se duerme bien en el suelo? por muy acolchado que esté siempre he tenido dudas...
Por cierto, mi sueño es poder regresar a Japón y alojarme en un precioso ryokan. Yo ya he empezado a ahorrar por si acaso, ja, ja. No tengo prisa, que así podrè optar a uno mejor :)))
Por cierto, todos los cuartos de baño de los hoteles ¡son calcaditos! ja, ja. Me sorprendió, porque se nota que son como un cubo prefabricado que introducen en el dormitorio. Mismo material, mismo color, mismas dimensiones... XDDDDD

Lo del colegio me deja pasmada!!! Mira que son cívicos; como dices, es algo que me parece ab-so-lu-ta-men-te utópico en España.
No me extraña que os enamorarais del crío, me lo estoy imaginando y yo hubiera puesto la misma cara de tontorrona :)))

Elphaba dijo...

Pues hombre, depende también de la calidad del futón, igual que con los colchones. El de nuestra vieja pensión de TOkio era más malucho y más fino, pero a pesar de eso siempre he dormido bien y sin dolores, cosa que me sorprendió la primera vez el año pasado, y cosa que no puedo decir de todas las camas con colchón normal en las que he dormido.

Julio Rodríguez dijo...

Lo que yo te diga.

Esto se está poniendo más útil que el Lonely Planet.

Lo que no acabo a entender es como te acuerdas de los nombres de esos cantantes que me suenan todos a nombre de motocicleta.

Feliz Navidad.

Elphaba dijo...

XDDD HOmbre, Julio, pues en el caso de Weaver he tirado de google porque solo sabía el nombre del grupo, pero del resto de la mayoría de cantantes y actores japoneses que me gustan me acuerdo del nombre, apellidos y apodos sin ningún problema, igual que de los no japoneses. ¿Acaso no recuerdas tú a los que te gustan?

Candela. dijo...

Definitivamente... ¡yo quiero!!!

Claire dijo...

Estaba esperando este post para ver como ponías las fotos del futón! ;-)

Yo la verdad es que dormí muy bien todas las veces. Parece estraño eso de dormir tan cerca del suelo, pero en serio, se duerme muy bien!
Me encanta el tatami! Cuando tenga casa tendré almenos una habitación de estilo japonés! Es que queda tan guai!

Yo estaba que flipaba con el cole que teníamos delante! (mejor decir eso que no que los espiaba por la ventana para verlos jugar a baseball en el patio, verdad?)
Y eso de verlos cada día limpiando delante del cole, fue genial. Con sus uniformes y en marcha, dejándolo todo super limpio.

Lo de ese niño y su "arigatou"... ays, por dios, que monada y que pasada!! En serio! Es que se nos caía la baba! Yo me lo hubiera llevado! Es que la manera en que nos sonrió y nos dio las gracias (vale, fue a ti, pero yo estaba a tu lado ;-P) fue genial!

Bruno Taut dijo...

Eres una optimista... Ojalá los tatami estuvieran tan normalizados como dices. En mi casa, la habitación de tatami tiene seis de ellos y no hay dos iguales. Centímetro arriba o centímetro abajo, siempre hay diferencias.

Y la última trampa es que en los pisos --no en las casas-- empiezan a poner tatami más pequeños, claramente más pequeños, pero al tiempo continuan con la cantinela de que esa habitación es de 6 u 8 tatami.

Al final, el metro cuadrado es la unidad de verdad normalizada.

Para Anele: en un futón sobre un tatami se duerme de maravilla. Yo no lo cambio por una cama.

Saludos,

BT

Elphaba dijo...

Jejeje, no soy una optimista por decir esto. Solo cuento la teoría y cómo es donde yo he estado, por dar un poco una idea, pero es interesante lo que cuentas. Os imagino intentando cuadrar los tatamis XDDDD.
AL final, como dices, las medidas antiguas si no están del todo estandarizadas no tienen demasiada validez oficial aunque se sigan usando bastante.

chema dijo...

yo que soy muy escrupuloso con la higiene, soy de los que se lavan las manos muchas veces al día, estoy totalmente de acuerdo con la costumbre de descalzarse para no llevar al suelo de casa los microorganismos que se han adherido a los zapatos por la calle.
al dormir, cuanto más recta esté la columna mejor, y eso no hay forma más segura de logralo que poniendo el colchón sobre el suelo. se duerme sobre una superficie mullida pero que mantiene siempre una base firme.
el niño del tren, qué majo! jejeje.