lunes, 29 de junio de 2009

Alea Jacta Est

Como diría mi madre, ya está hecho el crimen. Y es que... ¡¡¡ya tengo mis billetes de avión para Tokio!!!!

Pues sí, por si alguien aun no se había enterado, tengo planeado ir a Japón, y ese es el origen de tanta 'japonización' últimamente, o viceversa, quién sabe. El caso es que ya tengo fecha y billete para el 26 de Agosto (Oh yeah!).

Estoy que salto, cosa que no soy capaz de expresar por aquí ni de lejos. Ahora quedan un millón de cosas que preparar, búsquedas y reservas que hacer, entradas que conseguir, etc... :D:D:D:D:D:D:D:D

viernes, 26 de junio de 2009

Lecturas de verano


Odio escuchar música en la playa. Me parece un sacrilegio hacerlo y estropear de esa forma los maravillosos sonidos que te ofrece el ambiente. El murmullo del aire, el rumor del océano y, a veces, los chillidos de las gaviotas. Incluso si hay alguna voz estridente alrededor, prefiero no escuchar música, porque lo mejor es ponerte en zonas menos concurridas, en días y horas más solitarias. Mi hora favorita es por la tarde, cuando se empieza a aplacar un poco el calor y las lagartijas ansiosas de sol extremo comienzan la retirada.

Si vas en compañía lo mejor es una buena conversación (y una buena merienda), pero si vas sola no hay nada, pero nada mejor que leerte un buen libro sentada en tu tumboncita mirando como cae el sol antes de zambullirse en el agua. No leo tanto ni tan motivada como en esas circunstancias.

La verdad es que no sé cómo me las apaño, pero suelo acabar sacando los libracos más gordos que hay en la biblioteca, cuando debería escoger algo más ligerito para estas cosas. Este año me he lucido y he sacado a la vez uno con 530 páginas y otro con casi 900, que no voy a terminar en el plazo ni de coña (¿o sí?). Que conste que no le tengo 'miedo' ni a los libros gordos ni a las películas larguísimas. En mi trabajo aun recuerdan cuando me llevaba cada noche una edición de la trilogía de "El señor de los anillos" en un volumen único de tapas duras que ocupaba toda mi bolsa, y que me costaba leer en la cama porque no me dejaba respirar (totalmente cierto). He empezado por el de 900, realmente práctico para llevarlo a cuestas...


Se trata de "La historia de Genji", de Murasaki Shikibu, considerada una de las primeras novelas de la historia, si no la primera. Creo que después de esa decidieron que las harían más cortitas para que no nos pesara tanto el bolso. Es un libro que me interesaba desde hace tiempo y, finalmente, me he decidido a leerlo por recomendación de Blas. Llevo unas setenta páginas leidas y me está gustando bastante.

Aprovecho que lo tengo a mano justo ahora para seguir el jueguecillo que me han propuesto Ana y Bertha:

1-Coge el libro que tengas más cerca.
2-Ábrelo por la página 161.
3-Copia la 5ª frase completa.
4-Cita la frase en el blog.

En realidad el quinto punto dice que se lo pase a otros cinco blogs, pero me temo que corto el hilo porque no soy yo de hacer y seguir estos memes, pero como una cita literaria nunca está de más, ahí va esta:

"Azorada, la niña intentó ocultar lo que acababa de escribir, pero él insistió en verlo."

Y con esto finalizo el post, aunque aprovecho para decir que he encontrado hoy unas latas de sopa de una marca escocesa, estilo casero sin aditivos ni nada, y me he traido unas cuantas, de tomate y de champiñones (mis sopas escocesas favoritas). La de tomate la he probado esta noche y está de muerte. Igualita que las que tomé allí, qué felicidad ^_^...

lunes, 22 de junio de 2009

La Yakuza y los 12 Tópicos (Mis Doramas III)

Ya que veo que empieza a hacer "efecto" esta sección, intentaré volver a ella de vez en cuando con alguna nueva recomendación. Y la de hoy es "My Boss, My Hero".


Sakaki "Tornado"Makio es un yakuza, pero no uno cualquiera. Sakaki Makio es el hijo del jefe, líder de la 'Banda de los Colmillos Afilados de Kantou'. Se dice que jamás ha perdido una pelea, las mujeres le adoran y está a punto de heredar el imperio paterno, pero hay un problemilla. Makio no sabe hacer la O con un canuto, y su padre teme que esa ignorancia le eche a perder los negocios, por lo que le da un ultimátum: o se gradúa en el instituto o no hereda el liderazgo.



De esta forma, durante diez capítulos, nos encontramos con un pedazo de tío grandísimo de 27 años, más bruto que un arado, infiltrado muy a su pesar en una clase de alelados chicos de 17.


Allí aprenderá que el instituto puede ser realmente duro y muy arriesgado, que la inocencia puede ser muy estimulante, y que ser delegado de clase puede ser una tarea aun más ardua que la de jefe de los Colmillos Afilados de Kantou, pero que es posible obtener recompensas que ni imagina, como los codiciados flanes de St. Agnes, que son toda una institución.


A su lado tendrá el apoyo de gente como su tutora la "caraplancha", su candoroso amigo Sakura... Sakura-algo y, sobre todo, de sus leales subordinados de la banda, encargados de velar por el anonimato de su verdadera identidad y de cubrirle ante cualquier eventualidad con una devoción casi maternal ("¡Aniki! ¡¿dónde está ese enano, que lo mato?!" XD) .


"My Boss, My Hero" se convirtió en un auténtico éxito de audiencia cuando se emitió hace tres años, y lo cierto es que puedo comprenderlo, porque yo me he revolcado de risa casi literalmente con lo hilarante de las situaciones. De verdad que, hasta que lo vi, hacía mucho que no me reía tanto y tan fuerte, porque tiene gags realmente sublimes como los del flan, el enano leñador o la reunión de padres y profesores (vale, que no sabéis cuáles son, pero los podría enumerar durante un buen rato mientras me río solo de acordarme XD). Es 100% pura comedia y una sátira amable del resto de series de institutos japoneses (que no son pocas), así como de las pelis de yakuzas, sin embargo no deja de ser una historia muy tierna.


Es muy fácil encariñarse con los personajes y realmente te hacen esperar con ganas el siguiente episodio para ver cómo continúa la hazaña de 'Maki'. Gran parte del mérito, como siempre, recae en el reparto, lleno de personajes peculiares, desde el protagonista hasta el último mono de la clase.

Nagase Tomoya es un tipo muy popular en Japón por varios motivos: lleva vendiendo discos como churros desde hace quince años como vocalista del grupo Tokio, está más que bueno, es un cachondo mental y un actor más que aceptable. Pero para interpretar a este temible mafioso y patético alumno se arriesgó a desplegar todo el histrionismo de que fue capaz, cosa que, en mi opinión, era lo que requería la situación, aunque no suelo ser amiga de las sobreactuaciones. En cualquier caso, supo combinar ese tipo de registros con otros más discretos e hizo suyo al personaje, y la serie triunfó a base de bien, sobre todo porque la podría disfrutar desde tu hijo hasta tu abuela.

Además, como siempre, es otro mostrario de los tópicos culturales de Japón que, aunque tópicos, no dejan de ser una manifestación de sus valores y de su forma de ser. Algunos de ellos son cosas aparentemente sin importancia, pero se repiten como una constante ineludible en la mayor parte de los seriales japoneses que he visto (más de treinta), y me ha dado por recopilarlos en una lista:


1º. Azoteas. No sé exactamente qué les inspiran las azoteas, pero absolutamente en todas las series que he visto hay una o más secuencias importantes rodadas en una. Parece el lugar ideal para aislarse, para reflexionar o para conversaciones intensas, y siempre está abierta para los protagonistas. Los puentes también se utilizan mucho para charlas importantes, normalmente asomados a la baranda y sin mirarse a la cara.


2º. Los abrazos por detrás, de repente. Tampoco sé si es que les parecen más románticos así o es por el pudor de mirarse frente a frente o vete a saber qué, el caso es que el número de abrazos de este tipo es inversamente proporcional al número de morreos en pantalla.


3º. Escenas bajo la lluvia. Teniendo en cuenta lo mucho que llueve por allí, no saben lo que es un chubasquero, aunque sí los paraguas. Sin embargo, en un momento dado pasan del paraguas y se ponen como sopas sin pestañear.


4º. El trabajo. Lo valoran muchísimo, así que es fácil ver al prota del dorama de turno matándose a trabajar con dos o tres empleos a tiempo parcial.


5º. La figura paterna. Este tópico me llama muchísimo la atención porque parece una figura muy devaluada en aquella cultura. En una serie japonesa hay tres tipos de padre: el padre tonto o inútil, un poco pelele aunque buena persona, el padre cabrón que tiene todo el mundo amargado o que directamente abandonó a la familia dejándola llena de deudas, y el padre ideal, que normalmente resulta que ha muerto. Por el contrario los personajes fuertes o admirables suelen ser las madres.


6º. La comida. Hay decenas de escenas alrededor de la comida. Comen a todas horas como limas sordas, lo cual también da mucha hambre.


7º. Las mujeres de 30 para arriba con chicos jóvenes (a veces mucho). Este tópico no es que salga siempre, pero sí aparece o se insinúa con la recurrencia suficiente como para llamar la atención. Y la idea de profesora-alumno debe ser la fantasía de todos los guionistas.


8º. Una mujer nunca se puede fiar de otras mujeres. Casi siempre hay alguna perraca que le da la puñalada trapera de la forma más ruin. Pero parece que a los japoneses les resulta muy difícil creer que alguien es malo porque sí, por lo que siempre solemos ver una razón, un aspecto bueno de la susodicha perraca o un arrepentimiento, y llega el perdón o la redención a pesar de todo.


9º. El amigo majo. Suele haber alguno, normalmente amigo del protagonista, que es un encanto y/o un poco atolondrado, que está enamorado de alguien y que tiene todas las papeletas para le levanten a la chica sin oponer gran resistencia (Ikuta Toma y Eita han hecho de ese papel un arte). Sirven para destacar al protagonista, pero a veces son tan tan majos que te acaban gustando más.


10º. Las confesiones. Los japoneses hacen confesiones de amor en toda regla, en plan "fulanito/fulanita de tal, me gustas". A veces tardan tanto en decidirse que parece el parto de la burra, pero cuando lo hacen (si es que lo hacen, ver amigo majo), lo hacen en voz alta e incluso a grito 'pelao'.


11º. La infidelidad. No está bien vista, y en el hombre no es un tema que se toque mucho, pero en el caso de la mujer se suele justificar de alguna forma como una necesidad de salir de una vida gris. En ese caso el novio o marido cornudo suele merecerlo, caerte muy gordo y encima no tiene ni pizca de orgullo cuando trata de recuperarla a toda costa.


12º. La policía nipona es incompetente en la lucha criminal. No es de extrañar que la gente no suela confiar mucho en ella para resolver problemas que a nosotros nos parecería más que razonable poner en manos de la poli. En la vida real es cierto que tienen fama de servir únicamente para dar indicaciones de cómo llegar a un sitio, y lo hacen con suma amabilidad.


Hay muchos más, pero estos son los que más me llaman la atención. Como decía, creo que todos ellos dan en cierto modo una muestra del carácter y la forma de ser y de comportarse de los japoneses, que a veces puede resultarnos chocante o incomprensible. Pero estoy segura de que si alguien de allí analizara las producciones de aquí notaría muchísimos tópicos que se repiten y que les llamarían la atención.


En cualquier caso, aquí termina este post (cada vez me salen más largos), y lo despido con el video de "Sorafune" del grupo Tokio, tema principal de "My Boss, My Hero", y uno de los singles que más se han vendido en la historia de Japón.


lunes, 15 de junio de 2009

10 Razones para amar Escocia (final)



Esta vez sí que es la última parte...




9. Loch Lomond. Aunque las leyendas y su profundidad hacen del Loch Ness el lago más famoso de Escocia, el más grande es sin embargo el Loch Lomond. No sé si también será más bonito, pero es el que yo conozco y doy fe de que es impactante. Curiosamente este accidente geográfico le da nombre a la marca de whisky favorita del Capitán Haddock.





Parece sacado de una peli de Tim Burton en esta foto que he encontrado, ¿verdad? Con sus sesenta islas y escoltado por el monte Ben Lomond, forma parte del Parque Nacional de las Trossachs y del Ben Lomond, que ocupa la zona central de Escocia. Un gustazo recorrerlo en coche, como el resto del territorio. Ibamos un poco perdidillos por la carretera, más que nada porque nos metimos por la orilla contraria a la que pretendíamos. En una de nuestras paradas para estirar las piernas preguntamos por dónde se podía acceder al lago, y justo se podía ir andando desde allí.




Hay dos palabras que se me vinieron a la mente cuando vi el Loch Lomond extenderse ante mí: 'paz' y 'grandioso'. Bajamos por la explanada de un hotel que inmediatamente reconocí porque ha salido en cantidad de películas (la última que recuerdo, en "El último rey de Escocia", en la primera secuencia). Siento que ninguna foto le hace justicia, pero bueno.




Se podrían pasar horas así, solo contemplando el lago, los cisnes y respirando el aire fresco y húmedo.


Resultó ser una magnífica equivocación.




10. Los escoceses. Como bien decía Bandini, a los escoceses se les conoce como los andaluces de la Gran Bretaña por su reputación de gente abierta, simpática y con mucho sentido del humor (aunque yo a veces parezca más seria que un palo siendo andaluza como soy). Doy por comprobado que así es. Son una gente de lo más campechana y extrovertida, y unos cachondos mentales. Desde la gente que te encuentras en la calle hasta los vejetes y abuelillas que se encargan, imagino que voluntariamente, de ayudar en los puntos de información turística. Siempre tienen un comentario jocoso y una sonrisa a punto.




Son una gente muy festiva, y muy borrachuzos, todo sea dicho. No deja de ser curioso que la gente de los tres lugares del mundo que más me atraen tengan fama de borrachos, teniendo en cuenta que no bebo. De hecho, lo único que me gusta del famoso whisky escocés son los anuncios de Cardhu.


En cuanto a eso de que odian a los ingleses, más bien se ríen de ellos, en su línea.


Otra cosa que me encanta es su acento, y cuanto más cerrado más me gusta, a pesar de ponerte en un verdadero aprieto a la hora de descifrarlo.



Pero lo que más me atrae de los escoceses, son "los escoceses". En mi particular catálogo mental de hombres atractivos de este mundo hay una amplia representación de nacidos o adoptados por estas tierras, porque el escocés, como el gaditano, nace donde le da la gana. He aquí a los más destacados :D




James McAvoy: Confieso que este muchacho ya me gustó incluso haciendo de fauno en "Las crónicas de Narnia", lo cual no dice mucho de mí (j*der, ¡que llevaba cuernecitos y patas de cabra!). Luego lo vi en "El último rey de Escocia" y ya me quedé más tranquila, pero cuando vi "Expiación" los ojos se me saltaron de las órbitas y el corazón me hizo doki doki (lo cual quiere decir que me quedé muy maltrecha XD). Tiene una voz y un acento que es un gustazo, y no digo nada de cómo le queda el kilt. Y además, qué leches, que es muy buen actor.



Ewan McGregor: del clan McGregor :P. Que sepas, Blas, que yo también lo he visto en persona. Es más, fui a Londres para verle XD. No estuve tan cerca como tú, pero le vi interpretar y cantar en directo, ¡y cómo canta! Luego se marchó en su moto. Esa moto que utilizó para recorrer medio mundo en la serie documental "Long way round", de la que además Candela me regaló el libro. ¡Si tengo hasta su documental con los osos polares! No lo he abandonado desde que le eché el ojo en "Tumba abierta", aunque últimamente no está muy fino escogiendo proyectos y confieso que no he visto sus últimas pelis. ¡Tampoco le sienta nada mal el kilt!



Alex Kapranos: vocalista del grupo Franz Ferdinand , que podría haber incluido en el post anterior porque, además de ser de Glasgow, me encantan. Bueno, pues volviendo al señor Kapranos, no nació en Escocia, pero se crió allí, y no me parece muy guapo objetivamente hablando, pero visto a un metro encima de un escenario tiene un estilazo y un carisma que lo convierten en un tipo de lo más... ¡tremendo!




Francis Healy: el cantante de Travis (ver post anterior). Geno, no me extraña que te quedaras prendado de Fran, porque es una monada y un tipo encantador. Y le queda bien la cresta, las entradas e incluso las canas que empiezan a ser habituales


Atta Yaqub: Este chico de Glasgow tiene ascendencia pakistaní, pero si el escocés nace donde quiere, también nace con la etnia que le da la gana, que no todos van a ser pelirrojos, hombre ya. Es extremadamente difícil encontrar incluso una mísera foto suya, pero siempre me queda el DVD de "Solo un beso (Ae fond kiss)" de Ken Loach, que si no la habéis visto ya tardáis. Guapo, guapo de verdad.



Y finalmente...


Sean Connery: el escocés universal. Poco puedo añadir a lo que ya sabéis. Las pelis y las fotos hablan por sí mismas. Pongo una imagen de mayorcete porque sé que gusta mucho así, pero a mí como me va más es de joven. Pero no me refiero a la época Bond, porque no me gusta mucho ese personaje, sino que me remonto a "Darby O'Gill y el Rey de los duendes" o a "Marnie la ladrona".





Y bueno, colorín colorado, este post por capítulos se ha acabado. Me dejo en el tintero montones de cosas, lugares, personajes y escoceses ilustres, a Walter Scott, Conan Doyle, Alexander Fleming, Trainspotting, Belle & Sebastian, las cuestas de Glasgow, el albergue con vistas al mar, el duende Mackenzie, ...



viernes, 12 de junio de 2009

10 Razones para amar Escocia (3ª parte)

Penúltima parte...


7. Edimburgo.



Solo estuve un día completo, pero bastó para cautivarme de por vida. El casco histórico, la Royal Mile y ese inmenso castillo dominando la silueta de la ciudad son soberbios y a veces parece que estás en un decorado de algún parque temático.




Su aspecto no difiere demasiado del que tuvo en siglos pasados y tiene multitud de eficicios, casas, pasadizos o callejones visitables con alguna historia o leyenda negra de la ciudad.




Tuve la grandísima suerte de que mi visita coincidió con el famosísimo festival internacional de Edimburgo, que se celebra cada mes de agosto durante unas tres semanas en las cuales se dan cita las principales compañías teatrales del mundo. Paralelamente a este festival se celebra el Fringe (aunque ya se considera parte del mismo evento), que surgió espontáneamente y que hace del verano de la ciudad un evento único.



Cada día se dan cita representaciones profesionales o amateurs, ya sea en teatros o en pequeños locales y, sobre todo,en la misma calle. Drama, comedia, humoristas, magos, bailarines y músicos de toda clase. En verdad cualquier tipo de arte es bienvenido. El ambiente es extraordinario y muy agradable, y una no sabe realmente adónde mirar.



La próxima vez que vuelva quiero que sea también durante el festival, aunque un chico venezolano que conocimos allí aseguró que había recorrido medio mundo y se quedaba definitivamente con Edimburgo por su su vida y su amplísima oferta cultural durante todo el año.


8. La Música.

Puede que sea casualidad o no, pero a lo largo de mi vida bastantes de los grupos musicales que me han ido gustado han sido de Escocia, y es que tradicionalmente ha sido una espléndida cantera de bandas pop/rock de renombre dentro del panorama internacional indie o alternativo (aunque os aseguro que no me gustan nada estas nomenclaturas). Cuando estuve allí se me caía la baba viendo carteles por todas partes anunciando cantidad de pequeños conciertos de grupos interesantísimos. De eso por aquí, poquito, así que imagináos estar en un sitio donde la gente conoce y valora la misma música que tú: te dan ganas de quedarte.

En aquellas fechas andaba por allí el grupo Travis, originarios de Glasgow, a los que me encantaría ver en directo alguna vez.


Pero si me encanta la música moderna, no me gusta menos la música tradicional. Precisamente en un pub del centro de Edimburgo tuve la ocasión de vivir la auténtica música tradicional en directo. Nada profesional remotamente, sino un grupo de cuatro o cinco señores mayores con sus respectivos instrumentos sentados en una de las mesas y su pinta incorporada, y entre lingotazo y lingotazo se lanzaban a interpretar tonadas clásicas. El local estaba llenísimo de gente del lugar (apenas turistas) cada uno a lo suyo y, entretanto, una chica marcó una danza escocesa, mientras la gente cantaba con las hojillas que los músicos habían repartido previamente. Podéis imaginar que me fui entusiasmada.

Me gustan los temas más animados, los que te hacen bailar y dar palmas, especialmente los interpretados con violín o fiddle. Alasdair Fraser (el de la foto) es uno de los mejores fiddler del mundo, además de un tipo simpatiquísimo, como buen escocés, y hace un par de veranos vino aquí dar un concierto. Ni que decir tiene que acabamos todos los asistentes descalzos pegando saltitos sobre la hierba y con las palmas doloridas. Uno de los mejores y más divertidos conciertos que he visto nunca, sin ninguna duda.







Dentro de la música escocesa no me puedo olvidar de las gaitas o pipes. Si hay un himno oficioso allí, ese es The Flower of Scotland, que interpretado con las pipes me emociona una barbaridad. Es una cosa preciosa, oid:



Y si hay unos expertos en ese tema, son los músicos del ejército. Todos los años, durante todos los días del festival de Edimburgo, se celebra el Edinburgh Military Tatoo, al que estoy loca por asistir aunque no me vayan nada los asuntos militares. Pero es que esto es otra cosa, y no es casualidad que las 9000 localidades diarias que se venden para las tres semanas que dura se agoten casi un año antes. Y con este video me despido hasta la cuarta y última parte.


miércoles, 10 de junio de 2009

Coraline entre dos mundos


Interrumpimos la conexión desde Escocia para que Cloti descanse un poquito, que sé que le gusta esperar (bwahahaha), y aprovecho para comentar que fui a ver "Los mundos de Coraline".

Tenía todas las papeletas para que me fuera a gustar, ya que me maravillan las pelis hechas con la técnica de stop motion, y está dirigida por Henry Selick, que en su día dirigiera "Pesadilla antes de navidad". "Pesadilla..." es una película que me encanta, pero no ahora que está como de revival y muy de moda, sino que fui a verla en su día en una sala para mí solita (ay, esto lo digo siempre, creo que me repito mucho). Pero las cosas no cambian tanto, y quince años después he visto a Coraline totalmente sola de nuevo, pero en una sala más grande todavía.


Bueno, que me enrrollo.

"Los mundos de Coraline" se basa en la novela de Neil Gaiman, y cuenta la historia de una niña que siente que sus padres no le prestan demasiada atención, y encima se aburre muchísimo. Entonces encuentra una pequeña y vieja puerta que la comunica con un mundo paralelo al suyo, donde existen unos padres casi idénticos a los suyos sino que más amables y más amorosos, y algún otro detallito sin importancia... Pero no existen los mundos perfectos.

Para empezar tengo que decir que me sorprendió muchísimo que esta película esté calificada como para todos los públicos. Creo que es una historia muy oscura y, en ocasiones da un mal rollo que te mueres. Nada que afecte demasiado a un público adulto pero, sinceramente, creo que a un niño pequeño le puede llegar a acojonar bastante. La están vendiendo como algo infantil y, sinceramente no me lo parece demasiado. Como mínimo debería estar calificada como para mayores de 7 años.



Tengo especial predilección por las historias con puerta de entrada a mundos paralelos (Narnia y su armario, Harry Potter, "Dentro del Laberinto" o "Stardust", del mismo Gaiman), y esta me ha parecido muy interesante, llena de significado y simbolismo, aunque creo que el ritmo de la trama decae en un momento dado y justo cuando más intensidad necesitaba. Yo le hubiera quitado quince minutillos de metraje.
Técnicamente me ha resultado impresionante, y el diseño de personajes (que no son muchos) y escenarios es de quitar el hipo, todos con un estilo que muchos identificarán con Tim Burton.
La banda sonora corre a cargo de Bruno Coulais, que muchos recordarán por "Los chicos del coro" y el documental "Nómadas del viento", y se ajusta como anillo al dedo con esas melodías que suenan a coros infantiles, tan bellas como tétricas.
Las propuestas sugerentes empiezan a escasear en estas fechas, cuanto más se acerca el calor, así que ¡aprovechad!

martes, 9 de junio de 2009

10 Razones para amar Escocia (2ª parte)

Seguimos...

4. La naturaleza y el paisaje. Realmente cuando estas allí resulta algo abrumador. Imagináos yendo en coche por una carretera secundaria, como decía Blas en el post anterior. Es una suerte que no te toque conducir, para poder abrir mucho la boca y hacer fotos como esta:


Es una experiencia preciosa recorrer estos caminos boscosos en los que casi crees que detrás de la curva va a aparecer el lobo de Caperucita, o sentarte en un banco estratégico que mira al estuario de Urr desde lo alto de una colina.



Pero es que todo, el bosque, el llano, el agua, todo tiene un color muy especial. El verde es más verde que en ningún sitio que haya visto, y el agua tiene un tono indefinible. Pero los colores que más me asombraron fueron los del cielo. En Escocia llueve, y mucho, lo cual puede considerarse mal tiempo (aunque según para qué cosas). Es posible que si viviera allí estuviera hasta las narices del clima, pero en el poco tiempo que estuve la lluvia no me resultó nada molesta, y me parecía maravilloso ese cielo tapizado de nubes mezcladas con el sol, que tan pronto sale para que te deslumbre, como se oculta y cae un chaparrón. Resulta una estampa extraordinaria.



5. Los castillos, y en general todas los edificios antiguos, iglesias o ruinas. Si das una patada a una piedra, seguro que aparece uno que quizás no sale en la guía turística que llevas en el bolso. Todos ellos parecen sacados de un cuento de fantasía y magia. Por ejemplo este encantador Threave Castle.


El Threave Castle no es en sí un edificio espectacular, aunque es más interesante por dentro de lo que aparenta. Pero es su entorno el que más merece la pena ver. Para acceder hasta él tienes que entrar en los terrenos de una granja y recorrer un sendero cercado de unas dos millas a través de los prados llenos de ovejas. El castillo ni se huele desde ahí.



Finalmente atraviesas un pequeño bosquecillo y al final del sendero te encuentras con un embarcadero y una campana.


Tan solo hay que hacer sonar la campana y enseguida acude un barquero muy simpático que atraviesa el río y te lleva hasta la isla donde se encuentra el castillo, sin pagar un penique (lo pagas solo para entrar en las ruinas).

Y si en Escocia se pueden imaginar muchos cuentos de hadas, también da para algunas pelis de terror.


Dios mío, ¿qué clase de ser maligno me estaba espiando desde el tejado de la solitaria y campestre Rosslyn Chapel?


Si hay algo que inspire guiones terroríficamente descojonantes, son los cementerios escoceses. Hay por todas partes, y creed que da para mucha diversión y fotos, a menos que te empiece a oscurecer, que lo que es a mí me dio un poco de canguelo. El mejor que vi fue este antiquísimo camposanto perteneciente a las ruinas de la Melrose Abbey.


Algo muy muy chungo parece que se cierne sobre nosotros...





6. Gastronomía. Los británicos no tienen una cocina precisamente variada en sabores ni técnicas. No saben lo que es un sofrito, y eso se nota en el resultado final. Pero mi experiencia en Escocia fue bastante buena. Los típicos pubs son, aparte de unos locales muy bonitos donde empinar el codo (aunque yo no bebo), unos lugares donde se suele poder disfrutar de un buen almuerzo casero. Las recetas típicas de allí son lo que yo llamo comida de pastores: contundentes y que calientan el estómago. Me puse morada especialmente de dos cosas:


Las sopas. En casi todos los sitios habia una buena variedad de sopas o una sopa del día. Eran unas sopas bastante consistentes y sustanciosas, casi tirando a cremas o potajes. No probé la más típica, la cock-a-lekie, pero tomé varias veces (y he cocinado) la de tomate, que es deliciosa.


Los champiñones. Se me puso cara de champiñón de tanto comerlos de un montón de formas distintas. Mi favoritos, los champiñoncitos a la crema.


Y por supuesto hay dos cosas típicas que hay que probar. Una son los shortbread, que la mayoría habrá probado, porque son esas galletas de mantequilla escocesas, que son muy fáciles de encontrar en los supermercados de aquí. La mejor marca para mi gusto es la Walkers, que además tiene unas latas preciosas.


La otra cosa que no te puedes volver de Escocia sin probar es el haggis. Cuando te cuentan de qué está hecho el haggis no te apetece mucho probarlo, y cuando ves su aspecto te haces la firme promesa de no tocar eso. Lo cierto es que yo me hice esa promesa, pero no tuve más narices que comerlo por compromiso, y tengo que decir que está riquísimo, con un gusto muy sabroso y especiado, en nada parecido a lo que esperas, ni en textura ni en nada. Este es más o menos el aspecto que tiene ya emplatado.


Continuará...