
lunes, 29 de junio de 2009
Alea Jacta Est

viernes, 26 de junio de 2009
Lecturas de verano


2-Ábrelo por la página 161.
3-Copia la 5ª frase completa.
4-Cita la frase en el blog.
lunes, 22 de junio de 2009
La Yakuza y los 12 Tópicos (Mis Doramas III)


Además, como siempre, es otro mostrario de los tópicos culturales de Japón que, aunque tópicos, no dejan de ser una manifestación de sus valores y de su forma de ser. Algunos de ellos son cosas aparentemente sin importancia, pero se repiten como una constante ineludible en la mayor parte de los seriales japoneses que he visto (más de treinta), y me ha dado por recopilarlos en una lista:
1º. Azoteas. No sé exactamente qué les inspiran las azoteas, pero
absolutamente en todas las series que he visto hay una o más secuencias importantes rodadas en una. Parece el lugar ideal para aislarse, para reflexionar o para conversaciones intensas, y siempre está abierta para los protagonistas. Los puentes también se utilizan mucho para charlas importantes, normalmente asomados a la baranda y sin mirarse a la cara.
2º. Los abrazos por detrás, de repente. Tampoco sé si es que les parecen más románticos así o es
por el pudor de mirarse frente a frente o vete a saber qué, el caso es que el número de abrazos de este tipo es inversamente proporcional al número de morreos en pantalla.
3º. Escenas bajo la lluvia. Teniendo en cuenta lo mucho que llueve por allí, no
saben lo que es un chubasquero, aunque sí los paraguas. Sin embargo, en un momento dado pasan del paraguas y se ponen como sopas sin pestañear.
4º. El trabajo. Lo valoran muchísimo, así que es fácil ver al prota del dorama de turno matándose a trabajar con dos o tres empleos a tiempo parcial.
5º. La figura paterna. Este tópico me llama muchísimo la atención porque parece una figura muy devaluada en aquella cultura. En una serie japonesa hay tres tipos de padre: el padre tonto o inútil, un poco pelele aunque buena persona, el padre cabrón que tiene todo el mundo amargado o que directamente abandonó a la familia dejándola llena de deudas, y el padre ideal, que normalmente resulta que ha muerto. Por el contrario los personajes fuertes o admirables suelen ser las madres.
6º. La comida. Hay decenas de escenas alrededor de la comida. Comen a todas horas como limas sordas, lo cual también da mucha hambre.
7º. Las mujeres de 30 para arriba con chicos jóvenes (a veces mucho). Este tópico no es que salga siempre, pero sí aparece o se insinúa con la recurrencia suficiente como para llamar la atención. Y la idea de profesora-alumno debe ser la fantasía de todos los guionistas.
8º. Una mujer nunca se puede fiar de otras mujeres. Casi siempre hay alguna perraca que le da la puñalada trapera de la forma más ruin. Pero parece que a los japoneses les resulta muy difícil creer que alguien es malo porque sí, por lo que siempre solemos ver una razón, un aspecto bueno de la susodicha perraca o un arrepentimiento, y llega el perdón o la redención a pesar de todo.
9º. El amigo majo. Suele haber alguno, normalmente amigo del protagonista, que es un encanto y/o un poco atolondrado, que está enamorado de alguien y que tiene todas las papeletas para le levanten a la chica sin oponer gran resistencia (Ikuta Toma y Eita han hecho de ese papel un arte). Sirven para destacar al protagonista, pero a veces son tan tan majos que te acaban gustando más.
10º. Las confesiones. Los japoneses hacen confesiones de amor en toda regla, en plan "fulanito/fulanita de tal, me gustas". A veces tardan tanto en decidirse que parece el parto de la burra, pero cuando lo hacen (si es que lo hacen, ver amigo majo), lo hacen en voz alta e incluso a grito 'pelao'.
11º. La infidelidad. No está bien vista, y en el hombre no es un tema que se toque mucho, pero en el caso de la mujer se suele justificar de alguna forma como una necesidad de salir de una vida gris. En ese caso el novio o marido cornudo suele merecerlo, caerte muy gordo y encima no tiene ni pizca de orgullo cuando trata de recuperarla a toda costa.
12º. La policía nipona es incompetente en la lucha criminal. No es de
extrañar que la gente no suela confiar mucho en ella para resolver problemas que a nosotros nos parecería más que razonable poner en manos de la poli. En la vida real es cierto que tienen fama de servir únicamente para dar indicaciones de cómo llegar a un sitio, y lo hacen con suma amabilidad.
Hay muchos más, pero estos son los que más me llaman la atención. Como decía, creo que todos ellos dan en cierto modo una muestra del carácter y la forma de ser y de comportarse de los japoneses, que a veces puede resultarnos chocante o incomprensible. Pero estoy segura de que si alguien de allí analizara las producciones de aquí notaría muchísimos tópicos que se repiten y que les llamarían la atención.
En cualquier caso, aquí termina este post (cada vez me salen más largos), y lo despido con el video de "Sorafune" del grupo Tokio, tema principal de "My Boss, My Hero", y uno de los singles que más se han vendido en la historia de Japón.
lunes, 15 de junio de 2009
10 Razones para amar Escocia (final)



10. Los escoceses. Como bien decía Bandini, a los escoceses se les conoce como los andaluces de la Gran Bretaña por su reputación de gente abierta, simpática y con mucho sentido del humor (aunque yo a veces parezca más seria que un palo siendo andaluza como soy). Doy por comprobado que así es. Son una gente de lo más campechana y extrovertida, y unos cachondos mentales. Desde la gente que te encuentras en la calle hasta los vejetes y abuelillas que se encargan, imagino que voluntariamente, de ayudar en los puntos de información turística. Siempre tienen un comentario jocoso y una sonrisa a punto.

James McAvoy: Confieso que este muchacho ya me gustó incluso haciendo de fauno en "Las crónicas de Narnia", lo cual no dice mucho de mí (j*der, ¡que llevaba cuernecitos y patas de cabra!). Luego lo vi en "El último rey de Escocia" y ya me quedé más tranquila, pero cuando vi "Expiación" los ojos se me saltaron de las órbitas y el corazón me hizo doki doki (lo cual quiere decir que me quedé muy maltrecha XD). Tiene una voz y un acento que es un gustazo, y no digo nada de cómo le queda el kilt. Y además, qué leches, que es muy buen actor.

Francis Healy: el cantante de Travis (ver post anterior). Geno, no me extraña que te quedaras prendado de Fran, porque es una monada y un tipo encantador. Y le queda bien la cresta, las entradas e incluso las canas que empiezan a ser habituales

Atta Yaqub: Este chico de Glasgow tiene ascendencia pakistaní, pero si el escocés nace donde quiere, también nace con la etnia que le da la gana, que no todos van a ser pelirrojos, hombre ya. Es extremadamente difícil encontrar incluso una mísera foto suya, pero siempre me queda el DVD de "Solo un beso (Ae fond kiss)" de Ken Loach, que si no la habéis visto ya tardáis. Guapo, guapo de verdad.

Y finalmente...
Sean Connery: el escocés universal. Poco puedo añadir a lo que ya sabéis. Las pelis y las fotos hablan por sí mismas. Pongo una imagen de mayorcete porque sé que gusta mucho así, pero a mí como me va más es de joven. Pero no me refiero a la época Bond, porque no me gusta mucho ese personaje, sino que me remonto a "Darby O'Gill y el Rey de los duendes" o a "Marnie la ladrona".


Y bueno, colorín colorado, este post por capítulos se ha acabado. Me dejo en el tintero montones de cosas, lugares, personajes y escoceses ilustres, a Walter Scott, Conan Doyle, Alexander Fleming, Trainspotting, Belle & Sebastian, las cuestas de Glasgow, el albergue con vistas al mar, el duende Mackenzie, ...
viernes, 12 de junio de 2009
10 Razones para amar Escocia (3ª parte)
7. Edimburgo.

Solo estuve un día completo, pero bastó para cautivarme de por vida. El casco histórico, la Royal Mile y ese inmenso castillo dominando la silueta de la ciudad son soberbios y a veces parece que estás en un decorado de algún parque temático.
Su aspecto no difiere demasiado del que tuvo en siglos pasados y tiene multitud de eficicios, casas, pasadizos o callejones visitables con alguna historia o leyenda negra de la ciudad.
Tuve la grandísima suerte de que mi visita coincidió con el famosísimo festival internacional de Edimburgo, que se celebra cada mes de agosto durante unas tres semanas en las cuales se dan cita las principales compañías teatrales del mundo. Paralelamente a este festival se celebra el Fringe (aunque ya se considera parte del mismo evento), que surgió espontáneamente y que hace del verano de la ciudad un evento único.
Cada día se dan cita representaciones profesionales o amateurs, ya sea en teatros o en pequeños locales y, sobre todo,en la misma calle. Drama, comedia, humoristas, magos, bailarines y músicos de toda clase. En verdad cualquier tipo de arte es bienvenido. El ambiente es extraordinario y muy agradable, y una no sabe realmente adónde mirar.
La próxima vez que vuelva quiero que sea también durante el festival, aunque un chico venezolano que conocimos allí aseguró que había recorrido medio mundo y se quedaba definitivamente con Edimburgo por su su vida y su amplísima oferta cultural durante todo el año.
8. La Música.
Puede que sea casualidad o no, pero a lo largo de
mi vida bastantes de los grupos musicales que me han ido gustado han sido de Escocia, y es que tradicionalmente ha sido una espléndida cantera de bandas pop/rock de renombre dentro del panorama internacional indie o alternativo (aunque os aseguro que no me gustan nada estas nomenclaturas). Cuando estuve allí se me caía la baba viendo carteles por todas partes anunciando cantidad de pequeños conciertos de grupos interesantísimos. De eso por aquí, poquito, así que imagináos estar en un sitio donde la gente conoce y valora la misma música que tú: te dan ganas de quedarte.
En aquellas fechas andaba por allí el grupo Travis, originarios de Glasgow, a los que me encantaría ver en directo alguna vez.
Pero si me encanta la música moderna, no me gusta menos la música tradicional. Precisamente en un pub del centro de Edimburgo tuve la ocasión de vivir la auténtica música tradicional en directo. Nada profesional remotamente, sino un grupo de cuatro o cinco señores mayores con sus respectivos instrumentos sentados en una de las mesas y su pinta incorporada, y entre lingotazo y lingotazo se lanzaban a interpretar tonadas clásicas. El local estaba llenísimo de gente del lugar (apenas turistas) cada uno a lo suyo y, entretanto, una chica marcó una danza escocesa, mientras la gente cantaba con las hojillas que los músicos habían repartido previamente. Podéis imaginar que me fui entusiasmada.
Me gustan los temas más animados, los que te hacen bailar y dar palmas, especialmente los interpretados con violín o fiddle. Alasdair Fraser (el de la foto) es uno de los mejores fiddler del mundo, además de un tipo simpatiquísimo, como buen escocés, y hace un par de veranos vino aquí dar un concierto. Ni que decir tiene que acabamos todos los asistentes descalzos pegando saltitos sobre la hierba y con las palmas doloridas. Uno de los mejores y más divertidos conciertos que he visto nunca, sin ninguna duda.
Dentro de la música escocesa no me puedo olvidar de las gaitas o pipes. Si hay un himno oficioso allí, ese es The Flower of Scotland, que interpretado con las pipes me emociona una barbaridad. Es una cosa preciosa, oid:
Y si hay unos expertos en ese tema, son los músicos del ejército. Todos los años, durante todos los días del festival de Edimburgo, se celebra el Edinburgh Military Tatoo, al que estoy loca por asistir aunque no me vayan nada los asuntos militares. Pero es que esto es otra cosa, y no es casualidad que las 9000 localidades diarias que se venden para las tres semanas que dura se agoten casi un año antes. Y con este video me despido hasta la cuarta y última parte.
miércoles, 10 de junio de 2009
Coraline entre dos mundos

Tenía todas las papeletas para que me fuera a gustar, ya que me maravillan las pelis hechas con la técnica de stop motion, y está dirigida por Henry Selick, que en su día dirigiera "Pesadilla antes de navidad". "Pesadilla..." es una película que me encanta, pero no ahora que está como de revival y muy de moda, sino que fui a verla en su día en una sala para mí solita (ay, esto lo digo siempre, creo que me repito mucho). Pero las cosas no cambian tanto, y quince años después he visto a Coraline totalmente sola de nuevo, pero en una sala más grande todavía.

Bueno, que me enrrollo.
"Los mundos de Coraline" se basa en la novela de Neil Gaiman, y cuenta la historia de una niña que siente que sus padres no le prestan demasiada atención, y encima se aburre muchísimo. Entonces encuentra una pequeña y vieja puerta que la comunica con un mundo paralelo al suyo, donde existen unos padres casi idénticos a los suyos sino que más amables y más amorosos, y algún otro detallito sin importancia... Pero no existen los mundos perfectos.
Para empezar tengo que decir que me sorprendió muchísimo que esta película esté calificada como para todos los públicos. Creo que es una historia muy oscura y, en ocasiones da un mal rollo que te mueres. Nada que afecte demasiado a un público adulto pero, sinceramente, creo que a un niño pequeño le puede llegar a acojonar bastante. La están vendiendo como algo infantil y, sinceramente no me lo parece demasiado. Como mínimo debería estar calificada como para mayores de 7 años.
Tengo especial predilección por las historias con puerta de entrada a mundos paralelos (Narnia y su armario, Harry Potter, "Dentro del Laberinto" o "Stardust", del mismo Gaiman), y esta me ha parecido muy interesante, llena de significado y simbolismo, aunque creo que el ritmo de la trama decae en un momento dado y justo cuando más intensidad necesitaba. Yo le hubiera quitado quince minutillos de metraje.
martes, 9 de junio de 2009
10 Razones para amar Escocia (2ª parte)
4. La naturaleza y el paisaje. Realmente cuando estas allí resulta algo abrumador. Imagináos yendo en coche por una carretera secundaria, como decía Blas en el post anterior. Es una suerte que no te toque conducir, para poder abrir mucho la boca y hacer fotos como esta:
Es una experiencia preciosa recorrer estos caminos boscosos en los que casi crees que detrás de la curva va a aparecer el lobo de Caperucita, o sentarte en un banco estratégico que mira al estuario de Urr desde lo alto de una colina.

Pero es que todo, el bosque, el llano, el agua, todo tiene un color muy especial. El verde es más verde que en ningún sitio que haya visto, y el agua tiene un tono indefinible. Pero los colores que más me asombraron fueron los del cielo. En Escocia llueve, y mucho, lo cual puede considerarse mal tiempo (aunque según para qué cosas). Es posible que si viviera allí estuviera hasta las narices del clima, pero en el poco tiempo que estuve la lluvia no me resultó nada molesta, y me parecía maravilloso ese cielo tapizado de nubes mezcladas con el sol, que tan pronto sale para que te deslumbre, como se oculta y cae un chaparrón. Resulta una estampa extraordinaria.

5. Los castillos, y en general todas los edificios antiguos, iglesias o ruinas. Si das una patada a una piedra, seguro que aparece uno que quizás no sale en la guía turística que llevas en el bolso. Todos ellos parecen sacados de un cuento de fantasía y magia. Por ejemplo este encantador Threave Castle.


Y si en Escocia se pueden imaginar muchos cuentos de hadas, también da para algunas pelis de terror.

Dios mío, ¿qué clase de ser maligno me estaba espiando desde el tejado de la solitaria y campestre Rosslyn Chapel?
Si hay algo que inspire guiones terroríficamente descojonantes, son los cementerios escoceses. Hay por todas partes, y creed que da para mucha diversión y fotos, a menos que te empiece a oscurecer, que lo que es a mí me dio un poco de canguelo. El mejor que vi fue este antiquísimo camposanto perteneciente a las ruinas de la Melrose Abbey.

Algo muy muy chungo parece que se cierne sobre nosotros...


6. Gastronomía. Los británicos no tienen una cocina precisamente
variada en sabores ni técnicas. No saben lo que es un sofrito, y eso se nota en el resultado final. Pero mi experiencia en Escocia fue bastante buena. Los típicos pubs son, aparte de unos locales muy bonitos donde empinar el codo (aunque yo no bebo), unos lugares donde se suele poder disfrutar de un buen almuerzo casero. Las recetas típicas de allí son lo que yo llamo comida de pastores: contundentes y que calientan el estómago. Me puse morada especialmente de dos cosas:
Las sopas. En casi todos los sitios habia una buena variedad de sopas o una sopa del día. Eran unas sopas bastante consistentes y sustanciosas, casi tirando a cremas o potajes. No probé la más típica, la cock-a-lekie, pero tomé varias veces (y he cocinado) la de tomate, que es deliciosa.

Los champiñones. Se me puso cara de champiñón de tanto comerlos de un montón de formas distintas. Mi favoritos, los champiñoncitos a la crema.

Y por supuesto hay dos cosas típicas que hay que probar. Una son los shortbread, que la mayoría habrá probado, porque son esas galletas de mantequilla escocesas, que son muy fáciles de encontrar en los supermercados de aquí. La mejor marca para mi gusto es la Walkers, que además tiene unas latas preciosas.

La otra cosa que no te puedes volver de Escocia sin probar es el haggis. Cuando te cuentan de qué está hecho el haggis no te apetece mucho probarlo, y cuando ves su aspecto te haces la firme promesa de no tocar eso. Lo cierto es que yo me hice esa promesa, pero no tuve más narices que comerlo por compromiso, y tengo que decir que está riquísimo, con un gusto muy sabroso y especiado, en nada parecido a lo que esperas, ni en textura ni en nada. Este es más o menos el aspecto que tiene ya emplatado.
Continuará...