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lunes, 22 de marzo de 2010

Tarea Realizada



Hoy es un día aciago para la televisión nipona y para los usuarios del Keyhole TV. Bueno, igual exagero un poco, pero sí es verdad es que somos muchísima gente la que nos hemos llevado un disgusto con el fin de este programa: Arashi no Shukudai-Kun (嵐の宿題くん), las tareas de Arashi.


Recuerdo que lo descubrí youtubeando, como tantas otras cosas:


Elphaba: "Oye, y este programa ¿de qué va? No me está quedando muy claro".

Zelgadiss: "Pueeess.... yo creo que no va de nada".



Así que, primero con desconcierto y después con mucha devoción, así me enganché a este modesto espacio que ha estado emitiendo en NTV durante cuatro años con unas audiencias envidiables, cada lunes al rozar la medianoche (sobremesa en hora española), después de las noticias. Y no es que me guste, es que me chifla, y he terminado conectando como con esas telecomedias en las que cuando ya conoces bien a los personajes, su forma de ser y de qué pie cojea cada cual, le sacas muchísimo más partido, porque te hacen gracia cosas que sacadas de contexto quizás no se entenderían.


Esto es así hasta tal punto que al principio precisaba que alguien los subiera subtitulados, pero llegó un momento en el que me da casi lo mismo que no los tenga, y me río exactamente igual porque de algún modo comprendes lo que ocurre. Y lo que ocurre es que se lo pasan de P.M., y eso, amigos, es altamente contagioso y de idioma universal.


Los anfitriones del programa son el presentador y profesor universitario Tomoaki Ogura junto a los miembros del grupo Arashi, y el esquema básico de una emisión normal de escasos veinte minutos es una pequeña charla en el sofá con algún invitado de actualidad (actor, cantante, cómico, periodista o lo que sea), algunas cuestiones curiosas enviadas por la audiencia, degustación de manjares varios (qué les gusta a estos japoneses comer en los programas de televisión, que sale más barato comprarles un traje que invitarlos a almorzar) y, sobre todo, el Aibaland (pronúnciese Aibarando).



Les hemos visto hacer teatrillos express, concursos de dibujo, yoga, cosplay, falso hipnotismo, juegos de magia (que a Nino se le dan de miedo) e incluso echar el futón al suelo y dormir en los famosos programas de "se nos ha acabado el presupuesto y no tenemos invitado así que vamos a dormir", todo ello en una siempre peculiarísima versión.






Nunca se sabe lo que puede deparar el programa, qué extraordinario plato van a devorar (extraordinario en el buen o mal sentido, porque todavía me acuerdo de la cata de comidas apestosas XDD), qué experimento inútil o qué ridícula prueba será el Aibaland de esa semana, que no es otra cosa que el mini espacio en el que Masaki Aiba (la única persona en este mundo capaz de desafinar incluso hablando), tiene vía libre para proponer cualquier tipo absurdísimo de juego inventado por él mismo.



Esto, señores, ha dado momentos verdaderamente estúpidos y surrealistas, y a mí me da una risa floja horrorosa, como cuando a Sho le tocó disfrazarse de gato e intentar que los demás adivinaran las palabras que él maullaba (nota: en Japón los gatos "dicen" nya nya y los perros wan wan). Tengo esto de tono de sms en el móvil, os lo juro.






O pruebas "olímpicas" como aquellas a las que sometieron a Nagase Tomoya ("My boss my hero") cuando fue invitado, de las que dejo una pequeña muestra para sus admiradoras (que sois unas cuantas, pillinas :P).






Pero en nuestra memoria quedará grabado ese programa #130 (también conocido como "el de las tetas") que yo creo que es con el que más me he reido nunca de principio a fin. Me parece que me lo sé de memoria.






El tremendo sentido del humor (que no es lo mismo que hacerse el gracioso), la poca vergüenza al ridículo y la naturalidad de los cinco prendas es el sello de identidad de sus programas, pero es en el Shukudai en el que la espontaneidad se ha hecho siempre más patente, quizás por la franja horaria, y es el que más material ha proporcionado a youtube y a decenas de blogs. El hecho de que no intenten parecer 'cool' a toda costa, como lo harían la mayoría de cantantes pop de éxito, es lo que hace que realmente molen tanto, y esa es buena parte del secreto que les ha convertido en un fenómeno social, populares entre hombres y mujeres de todas las edades (las abuelas los adoran XD) y no en unos simples ídolos de adolescentes. Fenómeno que es difícil de comparar a cualquier otro tipo de fama que conocemos por aquí y es difícil de explicar a quienes me lo preguntan a veces. Aun si no volvieran a sacar una sola canción más, estoy segura de que tendrían asegurado el éxito en pantalla durante mucho tiempo.

Echaré de menos a ese narrador, esos efectos de sonido siempre tan oportunos, esas rotulaciones de pantalla, el decorado de cartón, las imprevisibles comilonas, la paciencia infinita de Ogura-san (Ogu-san rules!), la ironía sangrante de Nino elevada al infinito, las descaradas salidas de guión, los ataques de risa contagiosa de Aiba revolcándose literalmente en el suelo...

La Nihon TV les tiene preparado un nuevo espacio en prime time a sumar a los otros que tienen a lo largo de la semana en otras cadenas (que también veo), más maduro (ja!) y más sofisticado según dicen pero, ¿a quién puñetas le importa eso? En fin, seguro que me gustará, pero a las cuatro o cinco de aquí que nos interesa el tema nos ha hecho una pequeña p*tada con esto. Y hoy, que se emite por última vez, le hago mi pequeño homenaje al Arashi no Shukudai-kun que tantas veces me ha alegrado el día. Ays...

jueves, 28 de mayo de 2009

El sabor del restaurante Ariake (Mis Doramas II)



Ha llovido tela desde la primera vez que vi un dorama japonés. Los he devorado a pares, y los he visto malos, regulares, buenos, y buenísimos. Tengo que decir que la mayoría me ha gustado, y me han hecho revolcarme de risa, gastar un paquete de klínex o llevarme con una sonrisa feliz toda la semana.

No sabría muy bien cómo clasificar "Ryusei no Kizuna" (traducido como lazos o vínculos de estrellas) porque es una mezcla un poco desconcertante entre comedia, drama e intriga. La historia de diez episodios está precisamente basada en el libro de Keigo Higashino, que es un escritor de novelas de intriga bastante popular por allí.

Los protagonistas son los tres hermanos Ariake, cuyos padres, dueños de un modesto restaurante familiar de barrio, fueron asesinados misteriosamente (ocurre al principio de la serie, y todo el argumento va alrededor de eso). Los tres se han convertido en adultos siendo buenas personas, pero un poco necesitados de enderezar su vida. El mayor, Koichi, es el protector, un poco melancólico, y blanco de las bromas de sus hermanos, que trabaja de cocinero intentando seguir los pasos de su padre. El segundo es Taisuke, un chico guapo, alegre y aparentemente despreocupado, que se gana la vida vendiendo DVDs porno. La más joven es Shizuna, simpática pero bastante atolondrada, que no termina de centrarse en nada de lo que hace, por lo que sus hermanos mayores están siempre pendientes de ella.

Años después el asesinato de sus padres está sin resolver, pero ninguno de los hermanos ha olvidado que juraron encontrar y matar a la persona que los dejó huérfanos. Entonces, cuando el caso está a punto de prescribir, creen haber encontrado al criminal...

Confieso que me tragué los diez capítulos en dos días, porque la trama seria se pone la mar de interesante, y los toques de comedia surrealista me parecieron geniales, desde los movidones de los Ariake hasta los peculiares personajes secundarios (genial el oficinista Takayama y su adicción a los post-it XDD). Ryusei no Kizuna estaba condenada a tener éxito con eso, pero por si fuera poco se hizo con tres de los mejores actores de televisión que podían fichar, los polifacéticos y pluriempleados Kazunari Ninomiya (otra vez el chico Iwo Jima) y Ryo Nishikido (kamisama no purezento, ¿no, Zelgadiss? XD), y Erika Toda, a los que he visto trabajar con mucha solvencia en algunos de mis doramas favoritos.


El tema del opening, "Beautiful Days", cantado por el grupo Arashi una vez más (que estos no salen nunca en la tele, no ^_^U):








Y no podemos olvidar lo que se convierte en el centro de la trama: el arroz Hayashi. La receta de este plato es definitivamente el gran misterio del dorama. Tanto es así que es imposible terminar de verlo sin desear comerlo. Por lo tanto, Zelgadiss, Claire y una servidora, consumidoras incombustibles de cultura nipona, decidimos investigar al respecto y experimentar con nuestras sufridas familias. Entresacando lo que pudimos de las pocas indicaciones que se dan en la serie, y haciendo un híbrido de varias recetas de internet (no encontramos una receta definitiva), cada una ha hecho su propia versión, y así quedó la mía.



Claire, quedas tú.


domingo, 10 de mayo de 2009

Los Jóvenes Jinetes




Hace pocos días hacía un repaso de algunos de los personajes que fueron mis chicos de carpeta durante mi primera adolescencia, y mencioné lo que fui a denominar "enamoramientos en masa". Zelgadiss vino a recordarme después que había perpetrado un olvido imperdonable.

"Los Jóvenes Jinetes (The Young Riders)" causaron sensación en mi clase (y en muchas otras) en aquellos años del 90 al 92 en que emitieron la serie, y es que, menos Teaspoon y las mujeres, estaban todos buenísimos. Merecían el post.
La acción se desarrollaba en los años previos a la Guerra Civil Americana, y durante tres temporadas narró la historia de ficción de siete jinetes del legendario Pony Express. Sin embargo los personajes no eran totalmente inventados sino que, entre ellos, nos encontramos a unos jóvenes William F. Cody, futuro Buffalo Bill (Cody), y James Butler Hickock, futuro Wild Bill Hickock (Jimmy), encarnados por Stephen Baldwin y Josh Brolin respectivamente.

Los otros jinetes eran Kid (Ty Miller), el muchachito bueno, Buck (Gregg Rainwater) y Ike (Travis Fine), amigos inseparables, uno indio mestizo y otro mudo, y Lou (Yvone Shuhor), la chica de incógnito, descubierta por Kid muy al principio de la serie, lo que da lugar a cierta trama amorosa (¿Hana Kimi en el oeste, Zelgadiss? XDD). En la segunda temporada se uniría el séptimo jinete, llamado Noah (Don Franklin), que era un chico negro nacido libre.

Todos ellos eran huérfanos, requisito indispensable para que fueran contratados para tan peligroso oficio, que requería habilidades especiales montando a caballo, disparando y protegiendo el correo que transportaban con su vida, si era preciso. Vivían todos juntos en el pueblo de Sweetwater bajo la mirada casi paternal de Teaspoon (el veterano Anthony Zerbe) y cuidados por Emma (Melissa Leo). Cuánto envidiamos algunas a Lou en su día por vivir allí... Menudos compañeros de piso que se buscó la chica. Otros personajes recurrentes eran el Marshal Sam Cain y un problemático adolescente llamado Jesse James (Christopher Pettiet) que se convertiría en el protegido de los protagonistas en la tercera temporada.

La recuerdo como una serie muy entretenida, con argumentos muy variopintos en cada episodio, y que, a pesar de pintar una bonita e irreal estampa de lo que fue el lejano oeste americano, tocaba muchos temas del contexto historico y social auténtico del que tomó su inspiración. Todo ello para lucimiento de sus guapos protagonistas y sus andanzas de amor, valor y amistad, claro, majísimos todos ellos. Me gustaban todos, repito, pero mis favoritos eran Cody, el simpático, y Jimmy, el más tipo duro (Josh Brolin siempre ha sido Josh Brolin, qué queréis que os diga).
Para mí era un momento de verdad muy emocionante cuando cada jueves a las siete de la tarde (creo recordar) escuchaba esta música de John Debney y veía los caballos galopar:




A pesar de la popularidad que tuvo la serie, no supuso un punto de inflexión en las carreras de la mayoría de ellos, aunque se da la curiosidad de que este año hemos tenido a Brolin y a Melissa Leo con sendas nominaciones a los Oscar.




Brolin, después de haberse llevado unos cuantos años escondido debajo de una piedra o de un cactus, ha renacido como un bien valorado actor secundario en alza. Esperemos que siga dejándose ver a menudo por la pantalla (o fuera de ella, si se empeña).



Stephen Baldwin, después de haber sido modelo de Calvin Klein, continuó haciendo papeles en algunas películas de cierta proyección, e incluso fue uno de los integrantes de aquellos "Sospechosos Habituales" que se convirtió en estupendísima peli de culto. Pero después de aquello paseó peligrosamente por el borde del precipicio, hizo de Pablo Mármol en la secuela de "Los Picapiedra", y se terminó de caer. Ahora luce el cuello doble de ancho característico del resto de sus hermanos. Y ya no es modelo de Calvin Klein.


Gregg Rainwater, Ty Miller (que era tan mono como soso) y Don Franklin siguieron su carrera entre telefilmes y series de televisión, unos con más suerte que otros, que en ningún caso fue mucha.



Travis Fine, que ni era mudo ni era calvo, siguió siendo actor hasta que hace pocos años decidió dedicarse a pilotar aviones y montó una empresa con su mujer en Valencia... (California), como podéis ver aquí .


Yvonne Suhor, como el 80% de las mujeres de más de treina años, se convirtió en rubia. Profesionalmente se dedicó más al teatro, y actualmente es profesora de voz, movimiento e interpretación.

Christopher Pettiet, ese chiquillo tan guapo que hacía de Jesse James, íntimo amigo de Tobey Maguire y de Leo DiCaprio, no tuvo mucho tiempo, y tampoco lo aprovechó nada bien, porque murió ocho años después, a la edad de veintitrés, por una sobredosis de drogas.

La verdad es que me apetece mucho volver a verla, aunque me defraude. Pero bueno, igual no lo hace, quién sabe.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Mis Doramas (I)


¿Nos creíamos que los japoneses solo veían por televisión series de dibujos y "Humor Amarillo (Takeshi's Castle)"? Pues resulta que producen series de acción real por un tubo, y las llaman doramas. La palabra dorama no es otra cosa que la transcripción japonesa de la palabra drama (TV drama significa serie de televisión). Y yo, señoras y señores, estoy completamente enganchada a los doramas desde hace semanas.

Para nosotros, que estamos acostumbrados a las producciones occidentales, españolas, americanas e inglesas básicamente, el cambio es notable. La mayoría de los que he visto son historias fundamentalmente juveniles, pero con una frescura y una chispa como hacía mucho que no veía en series de ese tipo. Y no porque los argumentos sean de una originalidad pasmosa, que muchos son más antiguos que la misma tele pero, definitivamente, es otra cultura. Me lo he pasado pipa con todas y cada una, me he hartado de reir y, no me averguenza decirlo, también he soltado lagrimitas de emoción, y el solo hecho de que un producto de masas te provoque emociones es un buen logro, aunque no sean ninguna genialidad.


Muchos de los doramas están basados en mangas de éxito, lo cual hace que a veces el lenguaje visual sea bastante friki, como que de pronto le salgan corazoncitos de la cabeza a un enamorado, o que se peguen alguna que otra hostia que mucha veces es metafórica (en plan planchazo). Los actores cómicos son más histriónicos de lo que estamos habituados, y eso también choca bastante a priori. Pero una vez superado el pasmo inicial, y el extremadamente pudoroso carácter nipón, que es mitad salido mitad pueril, es absolutamente adictivo. Además, la mayoría se componen de unos diez o doce capítulos nada más, lo cual beneficia a la trama, que tiene un fin definido y no se prolonga hasta el infinito en sucesivas temporadas que no saben a donde van.


En esta entrada os presento el primer dorama que vi, que se llama "Stand Up!!".

Los protagonistas son Shôei y sus tres amigos de la infancia que viven en un barrio periférico de Tokio, y que en el verano de sus diecisiete años deciden que van a dejar de ser los últimos pringados que no se han comido un rosco. La cosa es bastante absurda, porque son conscientes de que no están nada mal y, sin embargo, por ahí anda el tío más feísimo de todo el instituto coleccionando mujeres, así que algo falla. Para mayor desesperación, los integrantes de la comunidad de vecinos del barrio, entre los que están sus padres, se han autoerigido como defensores de la decencia de sus jóvenes.




Con este argumento uno se puede acordar de engendros del humor zafio como "American Pie", pero nada más lejos. Aquí se enseña poco, y se insinúa mucho (de hecho es bastante complicado ver un simple beso en un dorama). Se utiliza la ironía y la sátira un poco loca para hacer un retrato casi costumbrista del japonés medio, ridiculizando su hipocresía puritana respecto al sexo. Además de eso, es una verdadera exaltación de la amistad y la camaradería, que es un valor muy recurrente en todas estas series. No deja de ser una chorrada adolescente, pero con muchísimo fondo, y muy muy disfrutable.


En esta serie me gustó mucho el ritmo narrativo que mantiene algunas situaciones en suspenso de una forma muy hábil. Tiene además el punto justo de equilibrio de comedia con una pizquita de drama. La galería de personajes es de lo más variopinta, y son definitivamente el punto fuerte, empezando por sus protagonistas, encarnados por cuatro actores que son auténticos ídolos en su país: Narimiya Hiroki, Yamashita Tomohisa, Oguri Shun y Ninomiya Kazunari, que saltó la frontera de la mano de Clint Eastwood en su "Cartas desde Iwo Jima".



En definitiva, que os invito a sacudiros los prejuicios y a que os lo paseis tan tremendamente bien como yo con "Stand Up!!", que han sido un descubrimiento para mí estos japos y....... que al final tengo que darle la razón a Findûriel sobre Oguri Shun, jejejeje....

Aquí dejo el video de la cabecera de este dorama con el tema "Kotoba yori mo taisetsu na mono" del grupo Arashi, al que pertenece el protagonista :




lunes, 5 de mayo de 2008

"Hiuma"


Permitidme que pronuncie la palabra "humor" al estilo británico porque, si bien no son la sociedad más cachonda del mundo, la Gran Bretaña ha parido algunos de los mejores cómicos que han poblado el mundo mundial. Un humor muy particular y difícil de imitar, aunque se ha intentado hasta la saciedad, de la misma forma que no puedes hacerte el andaluz para contar chistes de Paco Gandía porque no cuela.

Pero sin duda los más rompedores e inimitables de todos han sido los Monty Python. Revolucionaron la forma de hacer reir y lograron que los términos "humor absurdo" y "humor inteligente" no estuvieran reñidos irremediablemente.

La mayoría de la gente con la que hablo recuerda las películas, sobre todo "La vida de Brian". Confieso que nunca he visto una de sus pelis entera, porque la verdad es que creo que se les daban mejor los sketches y los episodios cortos, que hilar un guión largo. Por eso lo que de verdad me encanta es aquella serie de "Monty Python's Flying Circus". Soy completamente incapaz de guardar la compostura si veo historias como la del chiste letal o la del ministerio de andares estúpidos, por nombrar dos de las más célebres.
Pero lo que pienso que les hacía realmente tan singulares era que no se trataba solamente de una profesión, sino una filosofía de vida, y eso se dejaba translucir en sus personajes. Hace tiempo encontré por internet nada menos que el video del funeral de Graham Chapman, el segundo que aparece en la foto. Es bastante conocido, pero yo no lo había visto nunca y no podía dar crédito. Aquí os lo dejo enlazado con su traducción correspondiente, cortesía de un bloguero. Fue una auténtica celebración de la vida. El homenaje más hermoso. Ahora los admiro más.