domingo, 30 de noviembre de 2008

Y ahora, un postrecito para las fiestas


Hace mucho que no probaba a preparar una receta nueva, y más aun una receta de repostería, con lo que a mí me gusta. Tenía recortada esta desde hace siglos y, a pesar de que todo el mundo se queja del frío estos días, os voy a recomendar que hagais este helado.


Helado de turrón de yema con reducción de Pedro Ximénez.


Se monta bien montadita un litro de nata líquida sin azúcar. Se trocea una tableta de turrón de yema tostada, que son unos 300 gramos, y se añaden a la nata montada, batiéndose con la minipimer hasta que esté bien triturada y la mezcla se uniforme. Se mete en el congelador un mínimo de tres horas, moviendo de vez en cuando.

A continuación se coge un vaso (o dos, según el número de raciones a servir) de vino dulce tipo Pedro Ximénez y se pone a calentar en un cazo hasta que se reduzca hasta la mitad justamente.

Para servir simplemente se cubre el fondo de la salsa que queda y se pone encima una porción del helado.

Decir que estaba para matarse se quedaría corto.

Un par de aclaraciones. A quien le parezca excesivamente empalagoso el turrón de yema, que lo pruebe igualmente, porque al mezclarlo con la nata queda muchísimo más suave. También os digo que es muy importante que sea un buen vino dulce y que la nata sea montada de forma casera, porque de otra forma el resultado no tiene nada que ver. Después le haceis las variaciones que querais, pero por favor, primero probad esto.

No hay foto, pero ya la habrá cuando lo vuelva a hacer por Nochebuena.

martes, 25 de noviembre de 2008

El Jardín de Invierno en la Casa de la Literatura


Parece un nombre japonés, ¿verdad? Como "La casa de té de la luna de agosto" y cosas así. Pues resulta que es uno de los cafés más bonitos de Berlín, que se llama Café Wintergarten im Literaturhaus.


Gracias a las buenas guías de viajes que te descubren lugares como este, y no solo te enseñan dónde está la Puerta de Brandeburgo, que para eso no hacen falta.

Después de la visita ineludible de la "iglesia rota" (que en verdad se llama Kaiser-Wilhelm-Gedächtnis-Kirche) con su magnífica torre bombardeada y sus impresionantes mosaicos, te puedes pasar una mañana recorriendo la principal arteria comercial de la ciudad, la interminable Kurfürstendamm (Kudamm para los amigos, ya que aquí, como veis, le ponen mote a todo para no tener que decir el nombre completo), llena de gente, de tiendas y no de mucho tráfico, que los berlineses son muy ecológicos.

El ritmo es un poco (bastante) más relajado que en otras capitales que conozco, pero aun así es un gustazo doblar tan solo una esquina y encontrarte en la Fasanenstrasse. Allí, tras una verja, hay una antigua mansión y un jardín precioso, donde solo se oyen los insectos en verano.


En el entresuelo hay una librería de las buenas, y encima, en lo que fue el invernadero, está el Café, de sabor muy añejo. Ideal para almorzar o merendar o degustar una taza de algo calentito mientras te relajas, estiras las piernas, lees o persigues con la mirada el vuelo de algún bicho si es que hace buen tiempo y las mesas están afuera.



Las terrazas berlinesas.... A mí también me entraron ganas de decir aquello de "Ich bin ein Berliner".

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Shakespeare & Company


En el corazón de París, a orillas del Sena y frente a la catedral de Notre-Dame, existe un lugar único. Probablemente la librería más famosa del mundo, y un sitio con una magia especial para cualquier persona que ame y respete la literatura.

Sylvia Beach.

Shakespeare & Co fue fundada en 1919 por una joven americana llamada Sylvia Beach. Con el espíritu libre y culto que su dueña le imprimió y la calidad del material exhibido, la librería pronto se convirtió en el centro de la cultura anglosajona en la ciudad. Entonces aun se encontraba en el número 12 de la Rue de l'Odeon. Funcionaba a la vez como librería y biblioteca, y allí se daban encuentro habitualmente escritores tan célebres como Hemingway, Scott Fitzgerald, T.S. Elliott o James Joyce.

Sylvia Beach y Hemingway.

Allí se podían encontrar ejemplares de obras controvertidas o prohibidas como "El amante de Lady Chatterley" de D. H. Lawrence. Se da el caso de que fue Sylvia Beach la primera en publicar el "Ulises" de Joyce en 1922. El autor había visto rechazada su obra, y la señora Beach consideró que debía solucionar esto, por lo que invirtió su propio capital en editarlo y distribuirlo. El pedido fue confiscado en Estados Unidos, así que de ahí en adelante tuvo que enviar la obra camuflada bajo cubiertas de Shakespeare para sus clientes internacionales.

Beach y Joyce.

En 1941, durante la ocupación en la 2ª Guerra Mundial, un oficial alemán quiso comprarle "Finnegan's Wake" de su amigo e ídolo James Joyce, pero Bleach se negó ya que, además de ser el último ejemplar, estaba firmado. Al nazi no le sentó demasiado bien la negativa y amenazó con volver, de modo que, según cuenta Sylvia en sus memorias, se las arregló para desmantelar la tienda y esconder más de 5000 libros en pocas horas. Al día siguiente los alemanes no encontraron ni el letrero, aunque ella tuvo que sufrir seis meses de detención.




Así, Shakespeare & Co. permeneció cerrada hasta que una década después fue George Whitman, otro bibliófilo americano con el mismo espíritu y filosofía que Sylvia Bleach, quien reabrió la librería, esta vez en su ubicación actual en el número 37 de la Rue de la Bûcherie.


Whitman había recorrido durante años la Sudamérica profunda y se encontraba en París cuando finalizó la guerra, pero no quiso volver derecho a casa. Han terminado siendo más de sesenta años de parisino adoptado. La hospitalidad experimentada en sus años de Sudamérica le marcaron, de manera que quiso que su librería continuara siendo refugio de artistas, escritores y aspirantes a ello, compartiendo su casa y ofreciendo una almohada a quien la necesitara a cambio de unas horas de trabajo allí. Su lema puede verse escrito en una de las paredes: "No seas poco hospitalario con los extraños, no sea que sean ángeles disfrazados". Unas 5000 personas habrán pasado la noche allí durante estas décadas, desde gente anónima hasta gente como Henry Miller, Anaïs Nin, Lawrence Durrell o Alan Ginsberg. No es difícil coger un ejemplar al azar de sus estanterías y encontrarse con que está firmado y dedicado por su autor a Shakespeare & Co.



No son pocos los que han vuelto muchos años después para encontrar que nada ha cambiado allí. George se ha retirado con más de 91 años, aunque no es raro verle por allí. Ahora es su hija, a la que llamó Sylvia Beach, la que dirige la librería. Continúan las veladas de lectura que la hicieron célebre, y reuniones culturales de todo tipo. Se hace referencia a S&Co en multitud de libros y películas. En youtube se pueden encontrar varios vídeos, y en su web hay un tour virtual que merece mucho la pena.

George Whitman con su hija Sylvia Beach Whitman.

Llegué hasta allí este verano, pero estaba cerrado aun y caía una tremendo chaparrón, así que me quedé sin entrar. Otro buen motivo para volver.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Cinefilia Académica


Leido en la prensa de hoy:


Borau cuela sheriffs y frikis en la academia.

A nadie le gusta ser "el malo de la película" ni sentirse "solo ante el peligro", sobre todo si no está cerca "el séptimo de caballería". El director de cine José Luis Borau anticipó que será el abogado de las expresiones cinematográficas en su discurso de ingreso en la Real Academia. ¿O es que alguien aceptaría que a un sheriff se le llame "comisario"?, se preguntó el director de películas como "Furtivos" o "Leo". Al repasar los encontronazos del cine y la lengua, el director recordó las propuestas "surrealistas" que llegaron a hacer los académicos de posguerra, como "fonogonías" por play-back y "estrofa" por travelling.

Borau (Zaragoza, 1929) se mostró especialmente emocionado por ocupar el sillón B mayúscula, que ostentaba Fernando Fernán Gómez.


Y digo yo, ¿alguien creyó realmente que habrían prosperado alguna vez propuestas como la de "fonogonía"? Soy partidaria de la defensa y la conservación del lenguaje, que es un valor en peligro de extinción, por lo que se puede ver incluso en los medios de comunicación, pero no se puede olvidar el sentido común. Porque un sheriff y un comisario no es lo mismo, ni mucho menos. Son muchos los matices implícitos. No me imagino a Tito Valverde con sombrero y estrella en el chaleco, la verdad.

Hay palabras y expresiones técnicas que sencillamente no tienen equivalente y que considero universales, y sin embargo no existen oficialmente. Si no tienen un sinónimo alternativo que se ajuste a esta lengua creo que es bastante correcto acoger el extranjerismo, aunque sea adaptando su grafía.

A ver si este buen hombre "legaliza" nuestro querido habla cinéfilo. Creo que es ganar en cultura.



Y ahora algo completamente diferente.

Esta tarde fui a consultar esa herramienta básica que uso que es filmaffinity, y me encontré un aviso de que por unos minutos estaría sin funcionar debido a tareas de mantenimiento. La foto escogida para ello me ha parecido un guiño simpatiquísimo.


domingo, 16 de noviembre de 2008

Me gustan los festivales

Me gusta tener delante un programa de lo más diverso de películas apetecibles por lo que son, y no por el famoso que las protagoniza o las dirige. Me encanta elegir casi al azar y entrar a ver una serie de pelis "que tienen buena pinta" pero de las que no sabes nada, y descubrir que has acertado en una proporción más que aceptable.

El festival de cine europeo de Sevilla se ha convertido en algo más que una promesa en tan solo unas pocas ediciones. A pesar de no contar con premières de lujo y alfombra roja, en el curso de sus proyecciones se han estrenado para España y premiado cintas que más tarde se han convertido en éxitos internacionales, como "La vida de los otros". Definitivamente hay que seguirle la pista.

Este año he podido escaparme de nuevo un par de días y esto es lo que he visto:



"Robert Zimmermann wundert sich über die Liebe". Vale, aceptamos que se traduzca e incluso se acorte este título, quede como quede. Significa algo así como "Robert Zimmermann enredado en el amor" y no hay ni que decir que es alemana. Es una comedia romántica sobre un chico joven y algo inmaduro que tiene un flechazo con la gerente de una tintorería que podría ser su madre. Un poco surrealista y poco creible a ratos, pero una historia que se ve con agrado y entretiene un buen rato. Y no deja de ser guay felicitar en persona al director y al protagonista estrechándole la mano, jejeje.


"Tri price o nespavanju" o "Tres historias sobre el insomnio" es justamente lo que dice. Tres pequeños relatos croatas que no tienen nada que ver entre sí, aunque jueguen un poco a las vidas cruzadas con resultados bastante desiguales.

El primero es sobre una madre con su bebé que se desgañita llorando toda la noche. La madre no solo no da con la tecla de qué hacerle al niño (a mí se me ocurrían varias cosas y me desesperaba un poco la incompetencia de la madre) sino que, además de eso, contaba con la presión de una suegra bastante víbora (pero con bastante razón) y el no apoyo de un marido con turno de noche durante demasiadas noches. Esta trama no está mal, aunque bastante enervante. Sunpongo que en realidad era lo que pretendía. El bebé nos cautivó como actor de carácter.

El segundo es de una anciana que encarna lo peor de envejecer y quedarse sola, que pasea sus lamentaciones por su anticuado piso, mientras espera que una jovencita regrese de marcha. Este fue el más convincente de todos.

El tercero y último es una larguísima y repetitiva pelea en plena crisis de cama entre un señor croata y Rosana Pastor, que estaba sobreactuadísima. El que escribió sus diálogos debería ser juzgado por ello. Al final resulta toda una sarta de frases tópicas y manidas que podrían servir para casi cualquier discusión de pareja de telefilme, y nadie supo por qué estaba enfadada Rosana.




"Bienvenue chez les Ch'tis" o "Bienvenidos al norte". Sin duda la más divertida y, de hecho, ha ganado el premio del público del festival y está nominada a mejor película europea. Una de estas en las que "yo escribo, dirijo, me doy un papelito, y nos lo pasamos bien todos". En esta comedia costumbrista somos testigos de los avatares de Phillippe, un funcionario de correos al que le toca la china de ser trasladado al peor de los destinos: un pueblo al norte del norte de Francia. La adaptación al clima, al carácter provinciano de sus habitantes y, sobre todo, al dialecto incomprensible, produce situaciones desternillantes, sobre todo gracias al buen hacer de sus actores en general, y de su protagonista en particular. Un precioso y simpático homenaje a la vida sencilla de los pueblos, donde no son tan catetos como damos por hecho muchas veces.
Imprescindible la versión original en esta.


"Gomorra". La esperada por su polémica. Me ha costado encontrar una foto que no fuera la del canijo en calzoncillos con la ametralladora, pero estaba hasta el gorro de esa imagen. Sé que voy a contracorriente de las opiniones que me llegan de todas partes, pero ha sido una gran decepción para mí. Me aburrí como pocas veces en el cine. Le concedo la nada desdeñable virtud del hiperrealismo, hasta tal punto que me resulta dificilísimo pensar que alguno de los que salen en la película no sea un mafioso o un delincuente juvenil en la vida real. Todo es absolutamente creible y auténtico, pero auténtico coñazo. Las pequeñas tramas, si se las puede llamar así, se presentan de forma inconexa y entremezcladas sin ninguna cohesión. No necesito que una película sea lineal, pero he visto hacer esto antes con mejores resultados. Salta de una a otra historia sin ningún equilibrio entre ellas.
"Gomorra" es contemplativa como un documental sin serlo, pero hasta los documentales tienen mejor hilo conductor. Lo que enseña es crudo y veraz, pero no me emocionó (excepto con una breve secuencia) ni me sorprendió. Porque esa es otra. No me pilló de nuevas nada de lo que me contaron.
Y qué laaaaaaaaargaaa....

En fin, mejor comprobad y juzgad por vosotros mismos, que es lo mejor.

martes, 11 de noviembre de 2008

Mi debut en las pantallas

El cortometraje de misterio que monté para el examen oral de inglés del institutlo no cuenta porque se estrenó directamente en video :P, así que mi debut cinematográfico fue con "Besos para todos". Y también mi retirada, porque no creo que vuelva a hacer horas de cola para salir de extra, a menos que la peli esté dirigida o protagonizada por alguno de mis ídolos. La experiencia fue plenamente satisfactoria, a pesar de las horas de pie, del frío, y del bocadillo incomible y la manzana pasada que dieron para almorzar.

Ha sido la única vez que he visto hacer cine tan de cerca, y es que me tocó un papel de extra de los buenos. Y no por lo que se me veía a mí, sino por lo que veía yo, que es lo interesante. Teniendo en cuenta que la secuencia se desarrollaba en una plaza bastante amplia y que hubo algunos a los que les tocó estar toda la mañana subiendo tres escalones a treinta metros del director o los actores, a mí me tocó estar exactamente junto a Jaime Chávarri, justo donde se desarrollaba la acción de los protagonistas, empapándome de todo.

Luego la gente me dice "oye, pues no te vi en la peli". Y claro, se me ve muy bien durante varios segundos... pero de espaldas. Luego me llevé la sorpresa de encontrar una foto mía en grande, en una exposición sobre el rodaje, y ahí sí que se me ve como iba vestida de beatona de los años sesenta, con mi velo y todo.


Me quedé con las ganas de que me peinaran un buen moño, pero a la chica le apeteció hacerme otra cosa. Siempre me quedará la curiosidad de qué es lo que peinaban a Luis Tosar, que estaba a mi lado en la peluquería. Le atusaban el pelo una y otra vez, y tardaron tres veces más que conmigo. Y es calvo.
Por cierto, que vaya canijazo el de Emma Suárez. Con lo que se llevaba en los sesenta una mujer metidita en carnes.
En fin, que aquí hay gente que ha conocido a mucha gente de cine, y ha trabajado en él incluso, pero para alguien como yo, que la persona más relacionada con el cine que conozco es al taquillero, fue una experiencia muy bonita y muy emocionante.

sábado, 8 de noviembre de 2008

6 Clases de Baile en 6 Semanas



Mucho tiempo ha pasado desde que Javi recorriera en bici por primera vez las calles de Nerja. Ahora Juanjo Artero se codea por los escenarios de España con la gran Lola Herrera, de igual a igual.

Esta es una obra de sonrisas y lágrimas que a través de los actores juega a escarbar en nuestros propios prejuicios y nuestros propios muros. Esos que a veces levantamos nosotros mismos y contra nosotros mismos.


"Seis clases de baile en seis semanas" empieza tímidamente, pero termina convirtiéndose en un baile inolvidable entre dos personas diferentes e iguales al mismo tiempo. Diferencias de edad (treinta años) y de mente. Lily busca un profesor de baile, y Michael necesita alumnos que le den de comer, pero lo que necesitan los dos es aprender a vivir, aunque sea a base de peleas y a ritmo de vals, swing, rock&roll, quickstep, tango o cha-cha-cha.


Para los que nos gusta el baile y la música tiene además el aliciente de tener una selección musical que cuenta con "God only knows" de los Beach Boys o con ese pedazo de tema que es "Sing, sing, sing" de Louis Prima, con el que nunca puedo tener los pies quietos.

miércoles, 5 de noviembre de 2008


Me parece que va a ser raro verme escribir sobre política en este blog. De hecho hoy tampoco voy a hacerlo, ni tampoco pretendo dar pie a comentarios sobre ello. Intento seguir la máxima de no sacar a relucir ni la política ni el fútbol ni la religión, pero esta foto va más allá de eso.
Estas son las manos de Annie Rosemond, nacida en 1904. No alcanzo ni a imaginar lo que ha vivido durante 104 años la dueña de estas manos huesudas y apergaminadas, ni la emoción que debe haber sentido ayer al ejercer su derecho. ¿De verdad hay quien piensa que no ha cambiado nada en el mundo? ¿que no ha mejorado en nada? ¿que no puede mejorar?

martes, 4 de noviembre de 2008

Me temo que su hija padece un comienzo de cinefilia crónica...


El cinéfilo ¿nace o se hace?

Yo creo que un poco de las dos cosas. Los gustos se pueden educar, y de hecho se hace, pero pienso que si no hay predisposición natural nunca surgirá un apasionado del cine (cámbiese cine por la palabra música, teatro, danza o lo que se les antoje).

En mi casa gustaban las películas clásicas y mis padres se saben los nombres de los artistas de antes, me llevaron mucho al cine y todo eso, pero mi interés por los directores y por todo lo que se cocía detrás de las pantallas fue cosa mía.

El otro día meditaba sobre mi cinefilia, tratando de ponerle un principio a todo ello y me vinieron a la mente dos anécdotas de mi infancia que me hicieron reirme al rememorarlas con la distancia del tiempo.

Elphaba. 7 años.

Estaba en el colegio un día de clase normal, y después del recreo la profesora comenzó a llamar a todas las alumnas a la mesa una por una. La cosa se trataba de hacernos una especie de cuestionario individual de temas de cultura general y así valorar hasta qué punto estábamos en el mundo las niñas de su clase. Llegó mi turno y Mª Ángeles, que así se llamaba la señorita, me empezó a preguntar sobre temas de lo más variado: dime el nombre de un país, el nombre de un pez, de un mamífero, un medio de transporte, etc, etc. De pronto me dice: "¿sabes el nombre de algún director de cine?". Dudé unos segundos y le suelto muy seria: "Sí, François Truffaut". La señorita se me quedó mirando fijamente con una expresión pensativa y me mandó por fin a mi asiento. En aquel momento recuerdo que pensé si me habría equivocado, porque su mirada fue un poco extraña. Ahora lo pienso y comprendo lo que pudo pasar por la cabeza a mi profesora. Desde "qué niña más repelente" hasta "qué puñetas le hacen ver a esta en casa" XDD.

No penséis que tenía la menor idea de quién era Truffaut o que era fan de Los 400 Golpes, pero en aquella época ponían un ciclo suyo en la tele, y yo le prestaba atención a todo lo que fuera cine, aunque no me enterara de nada.

Elphaba. 10 años.

En aquel tiempo mi hermano escuchaba un programa de radio local sobre cine. Era bastante cutrecillo, pero nos gustaba porque ponían bandas sonoras, y mi hermano se pasaba la hora con el dedo en el botón de REC y Pause para grabarlas en cinta de casete, y además resulta que aceptaban peticiones a través del teléfono. Una chica muy simpática era la que anotaba las llamadas, y a los pocos minutos los locutores ponían el tema escogido en antena. Como la cosa ya digo que era local y debía tener pocos oyentes, la petición de mi hermano siempre salía, y a los pocos programas empezó a endosarme una lista de peticiones para que llamara yo también y así multiplicar las opciones.

Un día cuando le suelto a la chica mi "lista de la compra" va y me dice: "oye, ¿quieres salir en antena y hablar?". Terror. Dije que no, de ninguna manera, pero la chica me insistió cariñosamente y no pude seguir negándome. "Espera un momento". Durante un par de minutos de pánico interminables estuve devanándome los sesos y sudando tinta para que se me ocurriera algo que decir. Llegó el momento y me hablaron ya los presentadores. Me preguntaron mi nombre y a continuación me dice uno: "Bueno, Elphaba, ¿qué querías decirnos?". ¿Cómo que qué quería decirles? ¡Pues absolutamente nada! ¡Si fueron ellos los que me metieron en el embolado! Repaso mental rápido... había visto la semana anterior Teen Wolf en la tele... ¡pues eso mismo! "Puees... quería decir que... que el maquillaje de Teen Wolf... es una porquería, parece plástico". Toma ya. Risita de los presentadores. "Bueno, Elphaba, ten en cuenta que bla bla bla", y pasaron a intentar convencerme de que no era tan malo, y de que si lo era, no era algo tan importante. "Pues... yo creo que sigue siendo un maquillaje muy malo de todas formas y no tendría que notarse tanto". Risitas de nuevo, despedida cariñosa y adiós. Uffff. Menuda intervención gloriosa como "crítica" XDD.

Más me valdría haber dicho "pues que me gustan mucho las pelis de Disney", lo que no hubiera provocado las risitas y hubiera sido cierto también. Qué mal ratito pasé. La cinta grabada tiene que andar por alguna parte de esta casa y me encantaría reirme escuchándola.

El caso es que la cinefilia siempre estuvo ahí, y qué difícil es disimularlo, cosa en la que no estoy para nada interesada.