Síiiii, lo séeee, pero es que el tiempo pasa muy deprisa, ¿vale? Gracias a los que habéis seguido entrando e incluso comentando, sobre todo si son cosas buenas, y perdón a los que me proponen memes que siempre medito pero nunca hago ;-).
Como iba diciendo, este post podría decirse que es la tercera parte de los anteriores que dediqué a mi visita temática Roald Dahl, aquí y aquí, tanto por hablar de una obra derivada de otra suya, como por remontarse a esa misma semana que pasé en Londres hace ya... ¡once meses! -_-
(silbido de disimulo).
Ya hablé en su momento del musical "Crazy for you", que tuve el placer de ver durante esos días. Y también comenté que había visto otro más. Ese musical es "Matilda" .
"Matilda" es uno de mis libros favoritos en general, y no sólo de los escritos por Roald Dahl, desde que lo leí hará casi 25 años. Se lo hice leer incluso a mi madre. No estoy segura de si fue el primero de este escritor que cayó en mis manos, o si fue "Las brujas" (que adoro de la misma forma), pero ambos debieron caer en la misma época.
Unos años más tarde, en 1996, llegó a los cines una aceptable versión cinematográfica de la mano de Danny de Vito, americanizando los personajes y el contexto, pero respetando la novela originale, como fan que se declaró de la obra madre. Sin embargo, aunque siendo una buena peli para niños de la que el escritor estaría contento, no es una maravillosa adaptación de un maravilloso libro. A mi juicio le falta la picaresca, el humor y la mala leche que solía imprimir el señor Dahl.
Pero una peli americana para niños era seguro que no se saldría del tiesto.
Pues resulta que veintidós años después de la publicación de "Matilda", la Royal Shakespeare Company trasladó a los escenarios británicos nada menos que una versión musical de la historia de esta pequeña devoradora de libros hija de unos padres estúpidos e ignorantes. No tengo ninguna duda de que prácticamente cualquier argumento es, de algun modo, musicalizable, pero la verdad es que no esperaba que Matilda cantaría algún día.
Sin embargo no me volví loca de alegría al saber de este estreno. Veréis, a pesar de que me gustan los niños y de que es más que obvio de que soy una gran admiradora de la literatura y el cine infantil-juvenil, y de que tengo una vertiente "Peter Pan" nada desdeñable, soy un poco "Hitchcock" en estas cosas, y a priori desconfío un poco de los proyectos artísticos que se apoyan en niños o animales (aunque no tengo reticencias con los de Charles Laughton). Pero me encantan las excepciones, y concretamente en el territorio musicalero tengo el placer de haber visto a niños que me han dejado con la quijada inferior colgando más de una vez ("Miserables", "Oliver!").
El caso es que el "Matilda, the musical", con libreto de Dennis Kelly y canciones de Tim Minchin, cosechó bastante éxito y logró pasar al Cambridge Theatre del West End londinense, con una acogida brutal (para bien) de crítica y público. Así que esta bruja verde que os habla comenzó a pensar "Hmmm, pues a lo mejor... no está mal, oye", mientras se rascaba la barbilla delante del pc, intentando decidir qué entradas comprar para su inminente viaje a Londinium.
Ni una puñetera entrada hasta el mes de marzo. Eso es lo que quedaba. Eso y montones de carísimas entradas de reventa. Pues nada, para otra vez será.
Tres semanas más tarde, Londres, última jornada de mi estancia de seis días allí. Iba paseando por las cercanías del Covent Garden con Zelgadiss tras de una larga jornada de rodaje (sí, ya sabéis que cuando nos juntamos nos dedicamos a rodar videoclips y cosas así), cuando...:
Yo: - "Uy, mira, si es el teatro de 'Matilda'. Vamos a entrar a preguntar, por si acaso". "Disculpe, ¿tiene entradas para hoy?"
Taquillero: - "¿Cuántas quiere?"
Yo: - "¿Cuántas tiene?"
Taquillero: - "Pues precisamente tengo dos que me acaban de devolver para la primera función de hoy, en el dress circle bien centradas y muy bien situadas. ¿Las quie...?"
Yo: - "¡Hai! ¡Digo sí!" (N.del T.: Me puse tan nerviosa al ver que tenía entradas que le contesté literalmente 'hai', que significa 'sí' en japonés, solo que el hombre debió pensar que estaba loca y le estaba diciendo 'hi', 'hola', a cuento de nada. Verídico).
Moraleja: nunca déis una entrada por perdida.
Nos dio el tiempo justo y necesario para almorzar tranquilamente por allí cerca antes de entrar y, cuando regresamos, había una considerable cola de personas esperando junto a la taquilla por si alguien devolvía alguna entrada...
El Cambridge Theatre estaba decorado por dentro como un colegio tomado por niños, con pizarras llenas de dibujos, y cajas de tizas que podías utilizar si querías.
Y, oooooh, vaya si me gustó el musical y estoy deseando repetir. Maravillosos actores, interpretaciones fantásticas y divertidísimas de niños, adultos, adultos haciendo de niños, y sobre todo hombre haciendo de mujer, porque la sádica directora Miss Trunchbull estaba encarnada por un antológico Bertie Carvel. Me reí como una loca. Zelgadiss puede atestiguar que, incluso cuando la gente dejaba de reírse, a mí se me seguía escuchando por lo bajo.
Un montaje y unos decorados absolutamente transformables, modernos y originales. En mi memoria queda ya algun que otro número genial como el de "School Song", o como el de la preciosa canción "When I grow up", con una coreografía con columpios, uno de los más bonitos que he podido ver en directo.
Y bueno, poco puedo contar más sobre la obra en sí, porque estas no son cosas para contar, sino para disfrutarlas uno mismo, y mi consejo es que si tenéis la ocasión, no dejéis de ir a ver "Matilda, the musical".
Os dejo con la actuación de las cuatro Matildas (que obviamente se alternan para cumplir con la ley que limita el horario laboral para niños) cantando la irónica e hiper optimista "Naughty" en la gala de los británicos premios Laurence Olivier de teatro 2012. Las cuatro compartieron el premio a mejor actriz de musical, uno de los siete premios que ganó la obra, colocándose como el musical más laureado en la historia de los Olivier.




