Nuestra idea era hospedarnos en un ryokan tradicional, con toda la experiencia que eso conlleva. Sin embargo, por motivos prácticos y monetarios escogimos un hotel normal y corriente. Pero bueno, normal y corriente con habitaciones estilo japonés, que para nosotras era un requisito casi imprescindible, aunque de puertas para afuera pareciera un hotel occidental.
Este era el aspecto de nuestro cuarto, que era bastante amplio. En la zona que está detras de los paneles de papel hay espacio para dormir dos o incluso tres personas, un armario empotrado, unos percheritos, una mininevera.
Una habitación japonesa tradicional tiene, entre otras características, el piso recubierto de tatami. Los suelos son por lo general de madera, y el tatami son unas piezas de esterilla de paja de arroz, aunque ahora también las hay sintéticas. Estas piezas de esterilla ribeteadas con una especie de tela brocada, suelen medir 90x180 centímetros, que viene a ser el espacio para que duerma una persona. Estas dimensiones son más o menos constantes hasta el punto de que el tatami se utiliza como medida de superficie en la arquitectura japonesa. Su disposición dentro de la habitación tiene una serie de reglas y, además, como muchos sabéis, no se puede pisar calzado, sino necesariamente descalzo o con calcetines.
De todas formas lo normal en un hogar japonés y en algunos otros lugares, es que hay que quitarse los zapatos de la calle para entrar, sea cual sea el tipo de suelo, lo cual estaréis conmigo en que es una medida muchísimo más higiénica que lo que hacemos aquí. Es decir, pasear toda la mierda de la calle por nuestra casa.
Y este es el futón donde yo dormía, con su cobertor y su almohada, preparado para ser usado.
Y aquí tenéis el detalle entramado y el ribeteado del tatami y del futón. El acolchado de un buen futón como este, unido al ya amortiguado suelo cubierto de tatami proporcionan una superficie lo suficientemente cómoda como para descansar bien. Yo me levantaba nueva, desde luego.
Y aquí abajo, el aspecto de nuestra habitación recién levantadas. Se puede decir que desayunábamos literalmente en la cama. Podéis ver mi futón convenientemente doblado, ya que están diseñados para plegarlos fácilmente y ser guardados, dejando una habitación despejada y preparada para ser utilizada plenamente durante el día. Al fondo la pequeña entradita donde hay que descalzarse y calzarse antes de entrar o salir.
Y en esa entradita, a un lado teníamos nuestro pequeño y completo cuarto de baño, con retrete de esos modernos con botoncitos y chorritos de todas clases,
y al otro lado un amplio armario empotrado con cabida para guardar un montón de futones, cobertores y juegos de cama. Vamos, que la habitación, aparte de tener un aspecto impecabilísimo, es perfecta para una fiesta de pijamas. Anda que no cabe gente ahí...
Además de nuestra habitación, el hotel disponía de varios salones comunes de este estilo, donde se sirven desayunos tradicionales japoneses que nosotras no teníamos incluido en nuestra reserva. La verdad es que yo no me sentía con ganas de tomarme un pescadito y una sopa a las 8 recien levantada, pero veíamos a los clientes salir de allí con sus cómodas yukatas que el propio hotel proporciona en cada habitación.
Pero lo más interesante fue contar con un sentō para los clientes. El sentō es un baño colectivo de estos que casi todos habéis visto en películas o en dibujos animados (siempre me acuerdo de Shin-chan enseñando el culo en uno de ellos), con su zona de limpieza, donde tienes banquitos, grifos y duchas, y un gran baño central de agua caliente para relajarse, al que se debe entrar bien limpio. Así que, a pesar de tener nuestra ducha privada, en un par de ocasiones optamos por bajar a relajarnos al sentō. Como éramos novatas en esto, aunque teníamos nociones de su funcionamiento, tuvimos que preguntar algunas cosillas para evitar hacer el ridículo. Bueno, más bien envié a Claire a que preguntara, que para eso soy la mayor XDDD.
Comprenderéis que no podíamos dejar de documentar todo esto pero, como por cuestiones de intimidad unos baños no son el mejor lugar para ponerte a hacer fotos, aprovechamos un momento en el que no había nadie. Debajo de esa mancha negra, estoy yo sonriendo.

El hotel también organizaba ceremonas del té, de la que ya hablaré en otro post, pero en este me centraré en otras cosas. Nuestro hotel estaba situado en una calle tranquila que desembocaba en una gran avenida de edificios altos y anchas aceras con locales comerciales, pero justo en la esquina por donde teníamos que pasar todos los días había un colegio bastante grande.
Aquí os dejo la vista del colegio que teníamos desde nuestra ventana, para que os hagais una idea.
Cada mañana salíamos del hotel alrededor de las 8 y teníamos que pasar por la puerta del centro. Imagino que la hora de entrada debían ser las 8 y media porque a esa hora nos cruzábamos con oleadas de niños de todas las edades camino del cole. Pero lo sorprendente, aparte de lo monísimos que están con los uniformes, es que cada día delante de la puerta de entrada al recinto había un nutrido grupo de escolares de entre 12 y 14 años trabajando ordenadamente. Limpiaban la puerta, barrían el acerado y arreglaban y regaban los parterres de flores. Pero no sólo del recinto escolar, sino de todo el trozo de vía pública que rodeaba al colegio.
La verdad es que aquel espectáculo nos parecía genial y nos dejaba con la boca abierta. A mi vuelta del viaje le pregunté sobre esa cuestión a mi profesora, y me explicó que allí la costumbre es que los propios alumnos se encarguen del cuidado y limpieza del propio colegio. No hay personal recogiendo las basuras que los niños dejan, sino que se organizan grupos y turnos de tareas, para limpiar patios, baños, aulas, etc, etc. Me parece admirable que una sociedad inculque el sentido de responsabilidad y de civismo de esa forma, y que sea algo completamente asumido. Aquí dile a un niño que recoja un papel del suelo, que enseguida te vendrá un padre a quejarse, cuando no a agredir al profesor de turno. Por desgracia me resulta impensable ver en España algo como lo que veía allí a diario.
La educación, el respeto y el civismo, sin duda es algo que hay que aprender desde muy pequeño, y en lo que todo el mundo, padres, comunidad y colegios, deben estar unidos.
¿El flechazo? Pues fue en una estación de tren urbano. El día amenazaba lluvia y a nuestro lado una joven madre esperaba el tren con sus tres hijos pequeños. El más chiquitín tan solo era un bebé y lo tenía colgado en una mochilita, y el mayor no tendría más de cuatro años, con su uniforme de escuela infantil, pantaloncito corto y gorro. Preciosos. La señora iba cargada no sólo con su bebé, sino con una gran bolsa y con los bártulos escolares de los otros dos además de un paraguas. El mayor nos observaba seriamente con esa curiosidad y con ese descaro propio de los niños pequeños. En esto que a la madre se le cayó el paraguas y yo se lo recogí al ver que le costaba bastante moverse. Me dio las gracias e inmediatamente se dirigió al niño mayor y le susurró que nos diera también las gracias. Entonces el niño desplegó la más maravillosa de las sonrisas y nos dijo "arigatou (gracias)" con una gran y respetuosa reverencia. Claire y yo soltamos un "¡Ooooooooooooooh! ¡¡Qué monooooooooooo!! (¿Me lo puedo quedaaaaar?)". Derretidas nos dejó a las dos. Enamoraditas nos quedamos el pequeñito. Tal exclamación soltamos y tal cara de tontas se nos quedó que la gente de alrededor se sonreía mirándonos.
Definitivamente nos dejó marcadas para todo el día. Pero, ¿no es fantástico encontrar cosas así? ¿Podéis comprender por qué nos engancha tanto ese país?
Y para no perder la costumbre, os dejo una de las canciones que nos acompañaron en nuestro viaje. En esta ocasión, de nuevo otra cosa totalmente distinta. Se trata del grupo Weaver, para mí una de las revelaciones más interesantes del 2010 en el pop japonés. Weaver son Yuji Sugimoto como voz principal y piano, Toru Kawabe a los coros y la batería, y Okuno Shouta, también a los coros y al bajo. Me encantó el sonido de sus tres voces con el ritmo de su música, llena de energía y un puntito melancólica. Tanto, que me volví de allí con su disco en la maleta. Con ustedes.... pues no sé cómo se llama esta canción porque no sé leerlo (todavía), pero escuchadla.
Ah, y Feliz Navidad a todos, y Feliz día del "Masakismo" a mis amigas de "El Equipo Aiba"!!!