martes, 27 de julio de 2010

Volvieron los juguetes de Andy


Ya casi no recordaba lo que me había reido en su día con esta panda de juguetes, con los marcianitos de tres ojos ("el gaaaaanchoooo"), con el señor y señora Patata, con el dinosaurio Rex y por supuesto con la pareja protagonista, Woody y Buzz Lightyear.

Toy Story 3 no solo no me ha decepcionado, sino que he salido encantada del cine después de haber echado unas buenas carcajadas e incluso de haberme emocionado. Sí, señores, esta peli me ha arrancado unas lagrimitas.





Geniales los secundarios, sobre todo Ken, la polémica y eterna pareja de Barbie, que proporciona algunos de los mejores momentos de la peli, y que me ha hecho acordarme de algunas de mis amigas coleccionistas de muñecas.



Oh, y tengo que decir que la peli tiene un "actor invitado" muy especial y de pocas palabras, como es mi querido Totoro, y es que John Lasseter, el creador de la saga, y productor de esta última entrega, es un fan absoluto de Hayao Miyazaki y de la animación de Estudio Ghibli (el tío tiene un gato-bus en sus oficinas y todo).



¿El 3D? Pues ni idea. No me interesa y me metí en la sala de ver pelis normales y sin gafas incómodas.


Al señor que estaba en la fila de atrás casi le sale una hernia de reirse. ¡Llevar a su hijo era la excusa perfecta!






Pero que a nadie se le ocurra llegar tarde a la peli, porque se perdería la pequeña joyita que la precede. Como es costumbre en Pixar, hay cortometraje previo, y en esta ocasión se titula "Día y Noche". Seis minutos realmente originales, con un mensaje muy certero, sin diálogos, y un estilo visual que recordará a los sencillos dibujos animados de nuestra infancia. Y además, la música corre a cargo del oscarizado Michael Giacchino. Que me hace mucha gracia ver los créditos y decir "ah, mira, si es de Michael", después de haberle felicitado personalmente por su Oscar, estado durante cuatro días escuchándole, saludándole por la calle, viendo a toda su familia hasta en la sopa, comiendo a diario en la mesa de al lado... jejejeje....



Ya tardáis, que en las salas de cine se está muy fresquito estos días.

lunes, 26 de julio de 2010

Siempre nos queda Úbeda

Se me ha pasado el mes de julio tan rápido que no doy crédito. Pocos días después de las desventuras en Plasencia llegó mi esperada cita anual con la música de cine, sus creadores y sobre todo con unos amigos estupendos, la mayoría de los cuales solo veo cuatro días al año en una ciudad declarada patrimonio cultural de la humanidad como es Úbeda.
Como el año anterior, me queda ahora ese vacío post festival, esa añoranza de helados y batidos en Los Valencianos, y de las risas interminables que ponen una auténtica banda sonora a los momentos memorables.

El calor me vuelve muy perezosa, y la verdad es que no voy a hacer unas crónicas de ello porque otros lo hacen mejor que yo. Además, el enano, la joaquina, la maniática de la limpieza, el traductor desinformado, las piedras de Grusin o el hombre del monopie, son otras cosas que solo tienen significado para mí que lo he vivido, y sería como explicar un chiste.

Pero, ¿a que no sabéis lo que me pasó en el viaje de vuelta? Pues que estuve durante más de una hora en un atasco de mil pares a causa de un camión accidentado, ¡justo en el mismo kilómetro de la autopista en el que me tocó esperar a la grúa después del reventón hace un par de semanas! Me voy a tener que comprar una parcelita en ese trozo de autopista o algo, porque esto debe ser una señal.

En fin, que gracias por unos días geniales, al friki pero muchísimo, a Julio, que es el pedazo de artista que inmortaliza el festival como nadie, a Paco, a Manolo, a Javier, al otro Sergio, a Israel, a todos los de la mesa, y a toda la gente con la que he hablado y me he divertido aunque no tenga ni puñetera idea de cómo se llamaban.



Ea, a ver quién me encuentra en esta foto (obra de Julio, por cierto).

Um, por cierto, por si lo lee quien lo tiene que leer, que Edith Head tuvo 35 nominaciones (8 ganadas) al Oscar de mejor vestuario, y porque murió ya la pobre mujer. John Williams la superó como músico 21 años después, en 1998, aunque ha ganado en menos ocasiones.

jueves, 8 de julio de 2010

Edu, la esfingofosfolípida y las dos premoniciones.



Plasencia, Valle del Jerte, bello lugar. Tengo que conocerlo algún día. ¿Cómo? ¿Que acabo de estar dos días allí? Ummm, pues sí, pero conocerla conocerla… no se puede decir que la haya conocido…

Todo comenzó meses atrás cuando I. y yo nos inscribimos a un curso en la UNED sobre un tema “apasionantísimo” (nótense las comillas) movidas por nuestra necesidad imperiosa de adquirir puntos para la bolsa de empleo del Servicio Andaluz de Salud. ¿Y por qué “ese” y no otro? Pues porque era el único que ofrecía la oportunidad de convalidar el trabajo de investigación a cambio de asistir a unos seminarios en Plasencia. ¿Qué guay, no? Oye, pues hacemos de tripas corazón, pagamos la “simbólica” (¡de nuevo comillas!) matrícula en cómodos plazos, aguantamos el tostonazo y de paso conocemos la zona, nos paseamos, y lo pasamos de miedo. No entraré en detalles sobre la situación laboral en el S.A.S. que contribuye a que esos cursos sean un récord de matriculaciones.

Hago uso de la elipsis para trasladarnos a la mañana de hace tres días. Ay de nosotras, con 41° C de puro fuego a la sombra. El hotel cojonudo, eso sí, en todo el centro histórico de la ciudad.
I. baja a la cafetería y vuelve con la cara desencajada:

- I.: ¡Acabo de encontrarme abajo a Eduardo Noriega tomando café con una ‘mu’ fea! ¡Ay omáaaaaa! ¡Voy a llamar a mi amiga! (nota: omito otro comentario extra que añadió, que quedará entre nosotras XD)

A mí ese hombre me da un poco igual en estos momentos, pero tengo que reconocer que me hizo gracia la idea de que estuviera alojado en nuestro hotel, así que mandé un sms a una amiga:

- SMS de Elphaba: “Eduardo Noriega se aloja en mi hotel. ¿Le pregunto que quién mató a Figueroa?”
- SMS respuesta: “No sé, pero pídele a ver si tiene el teléfono de Fele Martínez, que me mola más”.

Aprovechamos media horita para echar una siesta antes de la primera charla, durante la cual cada vez que se oía una puerta en el pasillo I. se incorporaba y exclamaba “¿Edu? ¡Edu! ¡Es aquí!”, así que imaginad lo que nos cundió el descanso.



Subir con todo el peso del calor la cuesta que conducía hasta la monumental sede de la UNED se nos antojaba como remontar el Tourmalet o poco menos. Confieso que, aunque las señoras científicas ponentes (de la quinta de Severo Ochoa más o menos) me producen una sincera admiración por su inteligencia, entusiasmo y capacidad de trabajo que yo jamás tendré, las conferencias de hora y pico llenas de fosforilaciones oxidativas, inhibidores de la proteasa y esfingofosfolípidos varios provocaban más sopor que el campo de amapolas de Oz. Hubo quien jugó varias partidas o se vio varios capítulos de alguna serie en el portátil, I. se plantó las gafas de sol para aparentar que estaba viva, como Bernie, y yo leía alguna página del cómic que llevaba en el bolso en cuanto notaba que mis párpados me fallaban.

Bien saben los que me conocen que yo cuando viajo soy incansable, y madrugo y aprovecho hasta el último minuto para explorar hasta lo más recóndito de la zona, pero la verdad es que eso esta vez nos resultó física y anímicamente imposible. El horario del curso ocupaba casi toda la franja útil del día, la temperatura asfixiante hacía insoportable el moverse a más de un metro/hora, y el cansancio acumulado de muchas jornadas doblando turnos de día y noche en el trabajo hicieron el resto. Es tristísimo, sí, pero lo que más hemos hecho en Plasencia es dormir. No hemos sacado ni una sola foto ni visitado un puñetero monumento. Ni fotos tuvimos ganas de hacer, y mira que llevaba la cámara en el bolso. Ah, y no busquéis allí imanes de esos de souvenir catetillo como hago yo siempre, porque debe ser la única localidad en todo el planeta donde no venden.

Y para colmo tuvimos un par de contratiempos rodeados de cierta aura extraña.

El primero d todos en un lugar de tapeo. Nos sentamos para comer, y nada más llegar una amable pareja de ancianitos que sale, y el hombre nos dice sosegadamente con una sonrisa “espero que no os pase como a mi esposa”.

I. y yo nos miramos preguntándonos qué habría querido decir con aquello tan misterioso, porque no parecían descontentos: “¿será una premonición?”. Bueno, pues nos toman nota y a esto que el local, hasta entonces semi vacío, se empieza a llenar, no nos traen lo nuestro y empiezan a servir a gente que había llegado después. Llamamos a un camarero y le decimos tranquilamente que llevamos más de media hora y tal y cual. Respuesta: “yo no tengo la culpa, no he sido quien he tomado nota”. Y encima al volver a tomar nota pone pegas diciendo que es que lo que habíamos pedido… era muy entretenido (surtido de croquetas y tosta horneada de Torta del Casar: elaboradísimo). El estilo español, vamos. El camarero nos dice que intentará acelerar el tema, pero a los veinte minutos y tras comprobar que al resto de los clientes les seguían sirviendo sus croquetas y sus bandejas de tostas, pagamos las bebidas y les dejamos plantado nuestro pedido justo cuando nos lo traían. Una hora perdida estúpidamente.

Conclusión: “¿Sería esto lo que presagiaba el abuelo?”



Segundo contratiempo. Ayer nos pudimos poner en camino de regreso antes de lo previsto, así que nos las prometíamos muy felices con tiempo de sobra para ir tranquilas y estar temprano en casa. Aun recorríamos carreteras extremeñas cuando notamos una vibración extraña en el coche. Podría ser el pavimento, pero como ninguna habíamos tenido percances previos con nuestros coches y no sabíamos a ciencia cierta a qué atribuirlo, decidimos parar en una gasolinera para comprobar que no tuviéramos alguna rueda pinchada o algo. Palpamos, toqueteamos y comprobamos que las cuatro estaban aparentemente llenas y en perfecto estado. Proseguimos, y pareció que la vibración había desaparecido “era la carretera, seguro”.

Casi una hora más tarde I. hace una observación:

- I.: “¿Te has dado cuenta de la cantidad de coches que hemos visto durante todo el camino parados en el arcén con los triángulos puestos por alguna avería?”
- Elphaba: “Pues sí, la verdad es que me he fijado”.
- I.: “Quilla, no será una premonición, jejeje”.
- Elphaba: “Sí, como la premonición de los dos ancianos del bar, jajaja…”
- Mi coche: “BUM!!!!!!!!!!”

Aun no había terminado de hablar cuando el neumático delantero pegó un sonoro reventón de mil demonios, el guardabarros izquierdo voló enterito por los aires y se perdió en la campiña sevillana, e I. hizo gala de un magnífico dominio de la situación manteniendo el coche derecho y apartándolo rápidamente hacia el arcén antes de que cualquier otro coche nos llevara por delante. Un sustazo de mil pares. Que justamente sucediera cuando decíamos lo que decíamos, mosqueaba más si cabe.

Total, llamada al seguro, llamada del hombre de la grúa, explicaciones que no entendió bien, el gruísta que no nos encuentra, la señora gruísta que me llama para reñirme por decir lo que no dije, hora y media en medio del campo a 42 °C, la botella de agua que parecía ya que contenía caldo primitivo, el medio paquete de filipinos convertido en mousse, los paseos hasta el puñetero triángulo señalizador que se caía con el viento una y otra vez, el esqueleto blanco impoluto del ex-­perro que veía cada vez que iba a poner derecho el p**o triángulo, y yo que solo me acordaba de “Giro al infierno” de Oliver Stone (a mí es que cualquier situación de la vida me recuerda a alguna peli).

En fin, que algo más tarde de lo previsto, pero llegamos sanas y salvas. Recordad respetar SIEMPRE las distancias de seguridad en la carretera, cosa que raramente suele hacerse, porque probablemente no estaría contando nada de esto si detrás de nosotras hubiera venido algún vehículo.

Ah, tengo que hacer una corrección. Sí sacamos dos fotos durante el viaje:




Perdonad que no hable de fútbol, pero creo que hoy tengo mejores cosas de las que alegrarme.


Epílogo.

- Alumnos cargados con maletas, bolsas de quesos y alimentos extremeños varios: (murmullo generalizado).
- Señora científica de mala hostia coetánea de Severo Ochoa: “¡Como no esté todo el mundo sentado no reparto los títulos acreditativos!”.

Sí, hombre, solo faltaba eso, que después de todo no nos dieran el título… No te j….

domingo, 4 de julio de 2010

Lupus, Lupi

Anoche fui a ver “Eclipse”, la tercera entrega de la saga “Crepúsculo”. Cuando terminé de leer la tetralogía hace más de un año pensé en comentar mis propias impresiones sobre la historia y los personajes, pero la verdad es que me dio bastaste pereza y lo dejé pasar, así que como no comente ahora mismo se me van a pasar otra vez las ganas.



La peli no me ha defraudado nada: sigue tan cursi como siempre XD.


No me interpretéis mal, que me lo he pasado estupendamente, pero no es la clásica película que voy a ver yo sola a una tranquila sesión de entre semana esperando ver algo que me deje huella, sino por aquello de “a ver cómo la han adaptado”. Esta es de las que me gusta ver bien acompañada, con mucha manga ancha y ciertas dosis de cachondeo si es necesario.


Personalmente me ha gustado más que las anteriores, porque es sensiblemente más dinámica, al igual que el libro. Me ha sorprendido gratamente encontrarme con que no han eliminado por completo ciertas historias secundarias y explicaciones que estaba convencida de que serían carne de tijeretazo en el guión y que pienso que aportaban cosillas interesantes, y aun así siguen sobrando innecesarias escenas del libro como esta foto de abajo, en la que los protagonistas no solo tienen unos diálogos absurdamente “profundos” e improbables, sino es que a mitad de frase ya no sé qué puñetas es lo que intentaba decir esa chica.




Toda la parte final de batalla no estaba nada mal, aunque se me antojó un poco descafeinada (¿qué puñetas era ese efecto “figuritas de Lladró”??) y podría haber dado bastante más de sí.
Pero bueno, es que tampoco los libros ofrecen una grandísima materia prima. Entretenidos sí, muchísimo. Yo me devoré los cuatro en una semana. Eso no quiere decir que me parecieran buenos, pero sí muy absorbentes. Francamente, me parece que la escritora dio con los elementos adecuados para enganchar y unas cuantas buenas ideas (bueno, el cuarto me parece una cagada total, aunque eso es otra cuestión), pero no tiene ni puñetera idea de escribir. Se repite más que el ajo (no sé si la comparación es lícita con vampiros de por medio). Repite situaciones, repite diálogos y repite palabras. Tiene un vocabulario paupérrimo. Me chocó tanto esto último que fui directa a comprobarlo en una versión original del libro, por si acaso el defecto era atribuible a los traductores y no a la autora. Era la autora.

Y no hablemos ya del tufillo ultraconservador que despide la saga entera, y con esto me refiero más a los libros.

La protagonista carece de voluntad propia, y ve, habla, piensa y opina lo que Don-Perfecto-qué-frío-estás dice que hay que ver, decir, pensar y opinar, y está más que dispuesta a perder el contacto con todas las personas que la quieren para someterse a su relig… digo para estar con él, como si no hubiera alternativas compatibles. Me parece un mensaje pésimo para la juventud.

Por supuesto, Bella, ni pienses en tener amigos propios o en divertirse sin mí, que no me gusta, aunque yo puedo dejarte si lo veo conveniente. Ten en cuenta que yo tengo siglos de experiencia y sé más que tú, y sé perfectamente lo que es más adecuado para ti y lo que te conviene saber o no. Ah, y no esperes que cuando te fastidie, te mienta y la cague reconozca que no soy infalible y me disculpe, porque eso no es posible. No es por meterte presión ni nada de eso, pero ya sabes que eres la razón de mi existencia, y que recordándotelo de vez en cuando se te bajan los humos y me perdonas.

Sinceramente, si ese es el chico perfecto, que me lo descambien que aun tengo el ticket de compra, y me quedo con el imperfecto metamorfo lobuno Jacob, que estoy de acuerdo con que en las películas pierde bastante del encanto (no me refiero a este encanto) y la simpatía del libro a favor de su arrogancia adolescente, y se quita la camiseta sin venir a cuento de nada y todo lo demás, pero al menos es una persona franca, que dice verdades como puños si las piensa, que discute, que mete la pata, y que luego es capaz de reconocer que comete errores, tragarse su orgullo y enmendarse.

Que los indios molan más, que sí.

Pero no nos engañemos, que el mejor de la peli es el padre, que bastante cruz carga con la hija que tiene. Bella no es más cansina porque no puede la pobre. Qué tía más ‘esaboría’ que dirían por aquí. No sonríe ni de casualidad. Por no hablar de que la chica no se aclara y juega a dos bandas todo el rato, pero luego como amiga deja bastante que desear. ¡No puedo con eso!

“Eclipse” me ha divertido. No la recomendaría a profanos en la saga y no la repetiría, pero pasé un rato agradable, aunque a veces fuera a costa de reírse un poco de ella. El humor casi siempre nos salva.

Mi diálogo favorito:

Bella: “Jacob, tú…. ¿te has imprimado alguna vez?”.
Espectador de la fila de atrás: “Yo he ‘imprimao’ la reja de mi casa”.