Las personas que me conocen un poco de cerca saben que siempre ando maquinando alguna escapada o imaginando algún viaje que podría hacer, salga al final o no. De hecho, en el trabajo hay quien incluso piensa que soy una especie de Phileas Fogg (Willy Fogg para los amigos :P) que lleva toda la vida yendo de arriba para abajo. Pero lo cierto es que hasta hace cinco años no había ido apenas a ninguna parte, exceptuado tres o cuatro estancias en la capital para ver a la familia, y el origen de esta "fama" es que soy muy meticulosa preparando posibles destinos, en ocasiones durante meses, y de vez en cuando me he lanzado sin pensármelo demasiado, en plan "me voy dos días a Londres yo sola para encontrarme allí a un par de amigos y ver musicales" o "tengo un concierto en Lisboa el viernes y otro el sábado en Madrid". No he estado en muchos sitios, pero lo parece. ¡Y además contagio!
Me gusta preparar detalladamente las rutas, los sitios que visitar y estudiarme bien los planos. Tanto que luego llego y parece que he estado allí antes, por la facilidad con que me desenvuelvo encontrándolo todo.
Una cosa que suelo hacer, además de recorrer monumentos, sitios históricos, teatros y todo lo interesante que se tercie, es buscar lugares de peregrinación de mis propios mitos de ficción. La verdad es que me resulta tan satisfactorio como hacerme la foto en otros lugares importantes, pero tienen que ser especiales para mí. No me vale con que sean famosos sin más.
Hace días estaba haciendo repaso de muchas de aquellas fotos y momentos, y el post de
Inma me ha hecho ponerme manos a la obra y hablaros de algunos de ellos.
Ya en Madrid me entretuve mucho viendo cosas como la plaza de Callao, con su mimo y con el
anuncio de Schweppes de donde se colgaba Santiago Segura en "El día de la bestia". Pero Londres fue para mí el principio del éxtasis mitómano.
Lo primero que visité al aterrizar allí, tras engañar a un amigo y asegurarle que aquella caminata era la ruta más corta para llegar a Buckingham Palace, fue el número 65 de Eaton Place, en el barrio de Belgravia. Este sitio es donde se desarrolló y rodó todo el argumento de
"Arriba y abajo", aquella serie setentera (ochentera en España) que trataba sobre las tribulaciones de una acomodada familia inglesa del siglo pasado y sus fieles criados. En mi familia es una serie de culto que nos hemos visto todos montones de veces.

El barrio permanece casi idéntico a como figuraba en pantalla, a excepción de algunos coches aparcados, pero no demasiados, ya que aquello es un lugar bastante exclusivo donde gran parte de las viviendas son embajadas hoy en día, con lo que tienes unas calles totalmente vacías de gente, dispuestas para hacerte fotos y hacer un poco el ganso en ellas (como una foto simulando el sketch del
ministerio de andares estúpidos de los Monty Phyton).
Se dio la anécdota de que yo estaba convencida de que la casa de la serie era el número 65, pero mi decepción fue gorda cuando me compré los DVDs y vi que se trataba del 165. ¡Pero es que todas las mansiones eran idénticas! Luego vi los extras, lo que fue un consuelo, porque en ellos contaban que el rodaje fue realmente en el número 65, y que le pintaron el 1 delante para proteger la intimidad de los ocupantes reales. A eso se llama tocar la flauta por casualidad.
La siguiente parada mitómana fue en Portobello Road (donde se vende y se compra hasta el sol), lugar por el que vagaba mi imaginación cada vez que veía "La bruja novata" desde niña. Ya entonces hice el propósito de ir algún día.
El aspecto actual un día que no haya mercado de antigüedades es el de aquí abajo, que puede que os resulte familiar por la película "Notting Hill".

Como esto no era suficiente y no tenía la menor idea de si volvería a la ciudad, me empeñé atravesar el Hyde Park hasta los jardines de Kensington y el monumento a Peter Pan, uno de mis personajes favoritos, donde se inspiró James M. Barrie para escribir sus aventuras. El rincón es absolutamente encantador, y no puedo decir que saliera mal el paseito, porque fue allí mismo donde me encontré y me hice una foto con Alan Rickman, un tipo super amable. Lo siento rickmanistas, tenía que volver a contarlo :D
Y como yo siempre vuelvo al musical,
fui a visitar la catedral de St. Paul, pero no porque se casara allí Lady Di, sino por rememorar, entre otras cosas, la canción "Feed the birds" de "Mary Poppins", uno de los temas más bellos, no solo de la película, sino de la historia del cine y del musical.
El Covent Garden es otro de los lugares más turísticos del centro de Londres, y uno de los que definitivamente no debe dejar de ver. Este precioso y antiguo mercado es actualmente un sitio para perderse entre tiendecitas curiosas, tenderetes de antigüedades y artesanía, terracitas, magos, saltimbanquis, actores y músicos callejeros. Para pasar un rato muy agradable desde luego.

Una no puede dejar de pensar en Eliza Doolitle, aquella florista arrabalera que vendía allí precisamente, en Covent Garden, donde se encontró con el Profesor Higgins que la convirtió en dama en "My fair lady". La nota para el recuerdo fue que, en uno de los patios del interior, una mujer vestida de época cantaba
"I could have danced all night" con una voz que hubiese querido para ella Audrey Hepburn, a la que hubo que doblar.

Para terminar mi repaso londinense me remito al cine de Hitchcock y a "El hombre que sabía demasiado". No, no fui a Ambrose Chapel, pero estaba loca por ver el Royal Albert Hall por dentro en todo su apogeo, así que mi hermano y yo compramos entradas para un concierto benéfico bastante importante de la Banda de los Royal Marines del Ejército Británico. Lo de bastante importante lo supimos después, cuando vimos tanta seguridad y tanta personalidad vestida de esmoquin y de abrigo caro que no nos atrevimos a entrar por la puerta principal con nuestros vaqueros guarreados de dos días deambulando. De esa guisa tuvimos que ponernos de pie junto a todo el auditorio para cantar el
"God save the Queen" (el original, no el de los Sex Pistols). De todas formas nuestras butacas eran sorprendentemente baratas para la cercanía, la comodidad y el
pedazo de vista que teníamos.
Aproveché para hacer un pequeño video del momento en el que tocaron una suite preciosa de "West Side Story" que me hizo pegar saltitos de alegría. Tampoco pudimos evitar las bromitas pensando en si sonaría el disparo al chocar los platillos, como en la peli de James Stewart, y al final intentamos hacer la foto friky, con mi hermano asomando un brazo presuntamente armado por los cortinajes de un palco, pero no hubo forma de saltarse la seguridad para entrar a las localidades caras ^_^U.
Tengo una gran asignatura pendiente en Londres, como potteriana que soy, y es hacerme una foto en el Andén 9 3/4 de la estación de Kings Cross. Aunque lo que de verdad me apetecería alguna vez es subir de nuevo hasta Escocia, fuente inagotable para el buen mitómano, a dar un paseito en el Jacobite steam train sobre el viaducto de Glenfinnan. O sea, el Expreso de Hogwarts.

Aunque tengo fotos de todos estos lugares donde he estado, las imágenes que aparecen en este post no son mías, excepto la de la vista del interior del RAH, ya que prefería que estuviesen sin gente.
Continuará.