martes, 28 de octubre de 2008

La même histoire


Dos meses después de volver no he podido desprenderme aun de París, y no creo que lo haga. Supongo que por eso este ha sido el momento propicio para ver esta película tan particular.

"Paris Je T'aime" es una historia de amor a una ciudad en forma de dieciocho cortometrajes de entre cinco y siete minutos de duración aproximadamente. Cada uno de ellos tiene como protagonista implícito un distrito o un barrio de París, y durante esos pocos minutos somos testigos de dieciocho formas distintas de ver París. Dieciocho historias. A veces ni eso, sino simplemente dieciocho diálogos, fotografías o instantes en la vida de personas anónimas, corrientes, especiales, de aquí y de allí.

Es una película algo irregular, y no puede ser de otro modo teniendo en cuenta que cada uno de los fragmentos contó con un guionista y director distintos, de estilos tan diversos como son los Coen, Isabel Coixet, Wes Craven, Gus Van Sant, Alexander Payne o Alfonso Cuarón entre otros. Como experimento no se puede negar que resulta atractivo, y más teniendo también en cuenta el reparto de lujo con el que cuenta: Juliette Binoche, Sergio Castellito, Nick Nolte, Willem Dafoe, Bob Hoskins, Steve Buscemi, Natalie Portman, Fanny Ardant, Elijah Wood, Miranda Richardson, Catalina Sandino Moreno, Depardieu, y una lista larguísima. Y ya se prepara un "New York I Love You" para 2009.

Sinceramente, creo que tiene un par de cortos que me parecieron un coñazo, pero la mayoría son cuanto menos curiosos, y unos cuantos que me parecieron realmente preciosos, como el de Coixet, Gurinder Chadha, Walter Salles, Tom Tywer o Alexander Payne, que es el que finaliza la serie. Y de ahí viene el título del post.

Me he enamorado de la canción de los créditos finales, que se llama precisamente "La même histoire" y está cantada en francés por la canadiense Leslie Feist. Habla de vidas cruzadas y de vidas que no se cruzan nunca aun viviendo en el mismo lugar, como en la película. Gente a la que el azar une, como muchos de nosotros aquí en internet, como mi amiga Isa y yo que fuimos a encontrarnos en la Place des Vosgues precisamente en París. Os dejo por aquí un video con la canción y la letra, y el trailer aquí al ladito.





Quel est donc
¿Cuál es pues
Ce lien entre nous
este lazo entre nosotros
Cette chose indéfinissable ?
esta cosa indefinible?
Où vont ces destins qui se nouent
¿Dónde van estos destinos que se anudan
Pour nous rendre inséparables ?
para hacernos inseparables?

On avance
Avanzamos
Au fil du temps
en el curso del tiempo
Au gré du vent...
a merced del viento...

On vit au jour le jour
Vivimos al día
Nos envies, nos amours
nuestros deseos, nuestros amores
On s’en va sans savoir
Nos vamos sin saber
On est toujours
Estamos siempre
Dans la même histoire...
en la misma historia...

Quel est donc
¿Qué es pues
Ce qui nous sépare
lo que nos separa?
Qui par hasard nous réunit ?
¿Quién por casualidad nos reúne?
Pourquoi tant d’allers, de départs
¿Por qué tantas idas, tantas partidas
Dans cette ronde infinie ?
en este círculo infinito?

On avance
Avanzamos
Au fil du temps
en el curso del tiempo
Au gré du vent... ainsi...
a merced del viento... así...

On vit au jour le jour
Vivimos al día
Nos envies, nos amours
nuestros deseos, nuestros amores
On s’en va sans savoir
Nos vamos sin saber
On est toujours
Estamos siempre
Dans la même histoire...
en la misma historia...
la même histoire...
la misma historia...

Se la dedico a todos a quienes les gusta viajar y conocer gente o les encantaría hacerlo :-)

lunes, 27 de octubre de 2008

The Half Blood Prince sigue poniéndonos los dientes largos

Gracias al estupendo blog de Yo misma me he enterado de que hay un nuevo trailer de la pospuesta "Harry Potter and the Half Blood Prince". Los fans de esta saga literaria estamos ya acostumbrados a ver estos trailers y ponernos nerviositos de la emoción, aunque sepamos por experiencia que las películas nos defraudarán, en buena parte "gracias" al chapucero guionista que se dedica a hacer peores corta y pega que los que yo hacía en preescolar.
Con las ilusiones renovadas (otra vez), y esperando que al final la cosa no quede en esto, os dejo las últimas imágenes de la mejor entrega de las siete.




Si alguien interesado no entiende lo que dicen, que levante la mano, que se lo cuento.

Tan solo con ver la secuencia en la que Harry llama cobarde a Snape me pongo a dar botes.

viernes, 24 de octubre de 2008

Hedwig and the angry inch


Leyendo ayer el blog de Sergio recordé muchas situaciones parecidas a la que él describe. La mayoría de las personas, cuando disfrutamos de algo (una peli, un libro, un disco, etc), nos sentimos impulsados a recomendarlo, ya sea con el fin altruista de que los demás lo pasen tan bien como nosotros, o por motivaciones puramente egoístas, o sea, poder exteriorizar tus opiniones sabiéndonos comprendidos a la perfección. Sea como sea, algunas de esas recomendaciones van a ser aciertos casi seguros con la mayoría, pero de vez en cuando encuentras un diamante que sabes que es muy difícil de vender a cualquiera, porque son propuestas lo suficientemente poco convencionales como para provocar una actitud de rechazo total, y claro, no nos hace ni pizca de gracia que no aprecien nuestra joyita.

Hace seis o siete años encontré uno de esos diamantes raros, y es con toda seguridad una de mis películas favoritas.

"Hedwig and the angry inch" no es una película que entre por los ojos. Tiene un aspecto de lo más cutre, está hecha con cuatro duros por gente totalmente desconocida y tiene un argumento de lo más esperpéntico, por no hablar del título ("Hedwig y la pulgada cabreada") que mejor no explico por qué se llama así. Y encima ¡es musical!


Hedwig nace en la Alemania oriental siendo Hansel, un chico solitario amante del rock y deseoso de encontrar el amor, al otro lado del muro si es posible. Cuando un fornido marine americano parece que va a hacer su sueño realidad convirtiéndole en la reina de su vida, de pronto todo le sale absolutamente mal: una operación de cambio de sexo por los motivos equivocados que resulta fallida, un muro que cae a destiempo y un marido que no es ningún príncipe azul. Lejos de achantarse, Hedwig saca fuerzas de flaqueza y decide dos cosas: que va a ser una estrella del rock y que terminará encontrando el amor.


Llegados a este punto estoy segura de que algunos ya han decidido que no van a ver esta película. Continúo para los que aun sienten curiosidad :P

Con un humor irónico y descarado, pero sin caer para nada en lo zafio ni en lo pedante, somos testigos del viaje de Hedwig por los locales menos glamourosos de la América profunda, acompañada por su peculiar banda, contando la historia de su vida a través de sus canciones y del monólogo con un público que a veces la entiende y a veces no, para por último desmbocar en un final abierto a la interpretación.

La historia de Hedwig no es solo divertidísima, sino también tierna, porque es difícil no cogerle cariño a un personaje tan sensible y con tanto tesón en su búsqueda de la aceptación.

El principal artífice de este encanto de película freak es John Cameron Mitchell, que es escritor del musical en que se basa, guionista y director de la película, además de dar vida y personalísima voz al personaje en las dos versiones.

El segundo responsable del resultado es Stephen Trask, autor de las canciones, que forma parte del reparto como músico del grupo "The Angry Inch". La colección de temas que ha dejado es memorable, y han sido versionadas por muchos artistas reconocidos. Cada letra es una cita.

Es difícil escoger, pero me quedo con dos de ellas de las que os dejo video. La primera es "The origin of love", que es una preciosa y triste leyenda basada en el discurso del griego Aristófanes en el simposio de Platón. La segunda es "Wig in a box", el grito de una mujer desilusionada y abandonada, y un eficacísimo antidepresivo que he cantado y bailado a toda voz más de una vez, y me sé de otra que también ha hecho lo mismo.



Por cierto, no tengo ni idea de si se ha llegado a doblar esta película, pero es un pecado total y absoluto no verla en versión original y perderse toda la fuerza, la personalidad y el acento alemán de Hedwig.

domingo, 19 de octubre de 2008

Mi peregrinaje mitómano (2ª parte)

Hay lugares que huelen a historia por todas partes, y es difícil no quedarse embobado pensando en todas las cosas que han ocurrido allí, en todos los personajes que han pisado sus calles y en todo el arte que han inspirado.


París es posible que sea uno de los lugares que tengan tanto de mito como de histórico. Cada rincón tiene una historia, un cuadro, un libro o una película. Imposible abarcarlo en una sola visita. Cuánto vida y cuánto arte a orillas del Sena.


Era imprescindible la visita al Moulin Rouge, cabaret por excelencia (con perdón del Folies Bergère), donde Christian y Satine sellaban su pasión y donde siempre me vendrá a la cabeza la escena del "Tango Roxanne". Ese lugar de perdición donde Toulouse Lautrec, en mi mente siempre con el rostro de José Ferrer, ahogaba sus penas y se consolaba con la amistad de las gentes de mala reputación, y que ha sido curiosamente escenario para los artistas más reputados. Por fuera parece casi un lugar de cuento. Una bonita foto para el álbum.



Si miras para arriba ves que el Moulin Rouge te da la bienvenida a Montmartre, el barrio más artístico, bohemio, turístico y pintoresco de la ciudad. Parece que te vas a encontrar a una soñadora Amélie Poulain comprando en la tienda de su vecino el señor Collignon, que está en la esquina de una calle cualquiera y se llama realmente Collignon.



Te asomas por la puerta del Café des Deux Moulins y esperas verla servir mesas mientras imagina cómo arreglar el mundo, o esperas en el mirador a los pies del Sacre Coeur, junto al tiovivo, a que aparezca el adorable Nino Quincampoix con su álbum de desechos de fotomatones, solo que rodeada de unos plastas que intentan timarte con unas pulseritas.




Como os digo, cada paseo en París han sido para mí cientos de "ah, mira, aquí es donde...bla bla bla". Pero el que más me dejó con la boca abierta fue la gran Ópera Garnier, en cuyos subterráneos el fantasma construyó su guarida y deseó con toda su alma poseer a Christine, según Gaston Leroux. A pesar de la fidelidad con que ha sido reproducida tanto en el cine como en los escenarios, nunca esperas encontrar la grandiosidad y la magia que inspira ese edificio. Las escalinatas centrales te dejan directamente sin resuello, y de forma instintiva me llevé tarareando "Masquerade" durante toda la visita.


Cuántas películas y cuántos musicales. No sorprendería oir a Maurice Chevalier o al guapísimo Louis Jourdan cantarle a Gigi. Qué ganas de bailar esos pasos imposibles a orillas del río, como Woody Allen y Goldie Hawn en "Todos dicen I love you". Qué pena no poder contemplar París desde un tejado abuhardillado como un aristogato.

sábado, 18 de octubre de 2008

Meme: Preguntitas

Me da pereza hacer memes, aunque hay algunos muy interesantes, la verdad. Hoy voy a coger la pelota que me lanza Yo Misma (no que me la lance yo misma, sino que algunas personas se buscan unos nicks... ays :P). A veeer...


* Un color: el verde. ¿se nota?


* Un número: El 5, aunque en general los impares y los primos.


* Una canción: Uffff, demasiadas (ver perfil). Voy a decir dos: "Tonight we fly" de The Divine Comedy y "At last" de Etta James, de la que me he estado acordando esta noche. Pero mañana podría decir otras dos, y bien distintas ¿eh?


* Una comida: Por ejemplo me podría pedir unos escalopines al Marsala o al Pedro Ximenez. No sería frecuente que pidiera algo de pescado, y jamás de los jamases pediría marisco o embutido.


* Un postre: Ahí me has pillado. Soy extra dulcera. Cualquier cosa que lleve chocolate en sus tres versiones, crema, almendra y/o nueces para empezar. No me suelen gustar los dulces con fruta.


* Un lugar: Si no es para vivir, prácticamente casi todos los que he visitado. El Loch Lomond me dejó sin aliento.


* Un libro: Otra elección muuuuuuuy difícil (ver perfil de nuevo). Ahora mismo me releería por ejemplo "Matar un ruiseñor".


* Una película: Tanto o más difícil que la anterior (¿aun no te has aprendido mi perfil?). Para desempatar el empate múltiple me decanto por "7 Novias para 7 Hermanos", por ser la que más veces he visto y de la que mejor me sé los diálogos.


* Un café: El nesquik, helado si es verano y ardiendo si es invierno. Uy, aquí hay un haiku con rima asonante:

Helado si es verano

el nesquik bebo.

Ardiendo si es invierno.


...


Perdón, es la hora xDDD


* Un momento del día: Ninguno si es entre las 5 de la mañana y las 12 del mediodía y estoy despierta. El ratito entre que se acuesta todo el mundo en mi casa y me acuesto yo es bastante productivo.


* Proyectos inmediatos: Hacer un máster en terapias naturales. Comprarme la vivienda que me va a tocar el mes que viene por sorteo. Qué queréis que os diga: soy optimista.


* ¿Te atreves a decir tu edad?: 31, y bien orgullosa de ello. No es algo que me condicione.


* ¿Eres feliz?: Supongo que siempre se pueden pedir más cosas a la vida, pero me considero una persona bastante feliz, no de una forma explosiva, sino más bien apacible.


Y colorín colorado esto se ha acabado. Ea.

martes, 14 de octubre de 2008

Mi peregrinaje mitómano (1ª parte)

Las personas que me conocen un poco de cerca saben que siempre ando maquinando alguna escapada o imaginando algún viaje que podría hacer, salga al final o no. De hecho, en el trabajo hay quien incluso piensa que soy una especie de Phileas Fogg (Willy Fogg para los amigos :P) que lleva toda la vida yendo de arriba para abajo. Pero lo cierto es que hasta hace cinco años no había ido apenas a ninguna parte, exceptuado tres o cuatro estancias en la capital para ver a la familia, y el origen de esta "fama" es que soy muy meticulosa preparando posibles destinos, en ocasiones durante meses, y de vez en cuando me he lanzado sin pensármelo demasiado, en plan "me voy dos días a Londres yo sola para encontrarme allí a un par de amigos y ver musicales" o "tengo un concierto en Lisboa el viernes y otro el sábado en Madrid". No he estado en muchos sitios, pero lo parece. ¡Y además contagio!


Me gusta preparar detalladamente las rutas, los sitios que visitar y estudiarme bien los planos. Tanto que luego llego y parece que he estado allí antes, por la facilidad con que me desenvuelvo encontrándolo todo.


Una cosa que suelo hacer, además de recorrer monumentos, sitios históricos, teatros y todo lo interesante que se tercie, es buscar lugares de peregrinación de mis propios mitos de ficción. La verdad es que me resulta tan satisfactorio como hacerme la foto en otros lugares importantes, pero tienen que ser especiales para mí. No me vale con que sean famosos sin más.


Hace días estaba haciendo repaso de muchas de aquellas fotos y momentos, y el post de Inma me ha hecho ponerme manos a la obra y hablaros de algunos de ellos.


Ya en Madrid me entretuve mucho viendo cosas como la plaza de Callao, con su mimo y con el anuncio de Schweppes de donde se colgaba Santiago Segura en "El día de la bestia". Pero Londres fue para mí el principio del éxtasis mitómano.


Lo primero que visité al aterrizar allí, tras engañar a un amigo y asegurarle que aquella caminata era la ruta más corta para llegar a Buckingham Palace, fue el número 65 de Eaton Place, en el barrio de Belgravia. Este sitio es donde se desarrolló y rodó todo el argumento de "Arriba y abajo", aquella serie setentera (ochentera en España) que trataba sobre las tribulaciones de una acomodada familia inglesa del siglo pasado y sus fieles criados. En mi familia es una serie de culto que nos hemos visto todos montones de veces.


El barrio permanece casi idéntico a como figuraba en pantalla, a excepción de algunos coches aparcados, pero no demasiados, ya que aquello es un lugar bastante exclusivo donde gran parte de las viviendas son embajadas hoy en día, con lo que tienes unas calles totalmente vacías de gente, dispuestas para hacerte fotos y hacer un poco el ganso en ellas (como una foto simulando el sketch del ministerio de andares estúpidos de los Monty Phyton).

Se dio la anécdota de que yo estaba convencida de que la casa de la serie era el número 65, pero mi decepción fue gorda cuando me compré los DVDs y vi que se trataba del 165. ¡Pero es que todas las mansiones eran idénticas! Luego vi los extras, lo que fue un consuelo, porque en ellos contaban que el rodaje fue realmente en el número 65, y que le pintaron el 1 delante para proteger la intimidad de los ocupantes reales. A eso se llama tocar la flauta por casualidad.


La siguiente parada mitómana fue en Portobello Road (donde se vende y se compra hasta el sol), lugar por el que vagaba mi imaginación cada vez que veía "La bruja novata" desde niña. Ya entonces hice el propósito de ir algún día.




El aspecto actual un día que no haya mercado de antigüedades es el de aquí abajo, que puede que os resulte familiar por la película "Notting Hill".





Como esto no era suficiente y no tenía la menor idea de si volvería a la ciudad, me empeñé atravesar el Hyde Park hasta los jardines de Kensington y el monumento a Peter Pan, uno de mis personajes favoritos, donde se inspiró James M. Barrie para escribir sus aventuras. El rincón es absolutamente encantador, y no puedo decir que saliera mal el paseito, porque fue allí mismo donde me encontré y me hice una foto con Alan Rickman, un tipo super amable. Lo siento rickmanistas, tenía que volver a contarlo :D

Y como yo siempre vuelvo al musical, fui a visitar la catedral de St. Paul, pero no porque se casara allí Lady Di, sino por rememorar, entre otras cosas, la canción "Feed the birds" de "Mary Poppins", uno de los temas más bellos, no solo de la película, sino de la historia del cine y del musical.

El Covent Garden es otro de los lugares más turísticos del centro de Londres, y uno de los que definitivamente no debe dejar de ver. Este precioso y antiguo mercado es actualmente un sitio para perderse entre tiendecitas curiosas, tenderetes de antigüedades y artesanía, terracitas, magos, saltimbanquis, actores y músicos callejeros. Para pasar un rato muy agradable desde luego.

Una no puede dejar de pensar en Eliza Doolitle, aquella florista arrabalera que vendía allí precisamente, en Covent Garden, donde se encontró con el Profesor Higgins que la convirtió en dama en "My fair lady". La nota para el recuerdo fue que, en uno de los patios del interior, una mujer vestida de época cantaba "I could have danced all night" con una voz que hubiese querido para ella Audrey Hepburn, a la que hubo que doblar.



Para terminar mi repaso londinense me remito al cine de Hitchcock y a "El hombre que sabía demasiado". No, no fui a Ambrose Chapel, pero estaba loca por ver el Royal Albert Hall por dentro en todo su apogeo, así que mi hermano y yo compramos entradas para un concierto benéfico bastante importante de la Banda de los Royal Marines del Ejército Británico. Lo de bastante importante lo supimos después, cuando vimos tanta seguridad y tanta personalidad vestida de esmoquin y de abrigo caro que no nos atrevimos a entrar por la puerta principal con nuestros vaqueros guarreados de dos días deambulando. De esa guisa tuvimos que ponernos de pie junto a todo el auditorio para cantar el "God save the Queen" (el original, no el de los Sex Pistols). De todas formas nuestras butacas eran sorprendentemente baratas para la cercanía, la comodidad y el pedazo de vista que teníamos.

Aproveché para hacer un pequeño video del momento en el que tocaron una suite preciosa de "West Side Story" que me hizo pegar saltitos de alegría. Tampoco pudimos evitar las bromitas pensando en si sonaría el disparo al chocar los platillos, como en la peli de James Stewart, y al final intentamos hacer la foto friky, con mi hermano asomando un brazo presuntamente armado por los cortinajes de un palco, pero no hubo forma de saltarse la seguridad para entrar a las localidades caras ^_^U.

Tengo una gran asignatura pendiente en Londres, como potteriana que soy, y es hacerme una foto en el Andén 9 3/4 de la estación de Kings Cross. Aunque lo que de verdad me apetecería alguna vez es subir de nuevo hasta Escocia, fuente inagotable para el buen mitómano, a dar un paseito en el Jacobite steam train sobre el viaducto de Glenfinnan. O sea, el Expreso de Hogwarts.


Aunque tengo fotos de todos estos lugares donde he estado, las imágenes que aparecen en este post no son mías, excepto la de la vista del interior del RAH, ya que prefería que estuviesen sin gente.

Continuará.

domingo, 12 de octubre de 2008

Inocencia y pijamas de rayas.


No he leido el libro, aunque es probable que lo lea más adelante. O sea, que no es su lectura lo que me ha decidido a ver esta película, y creo que a veces es conveniente verlas así, libre de influencias, en la medida de lo posible, porque es difícil valorar objetivamente una película a la sombra de un libro con tantísima repercusión.

"El niño con el pijama de rayas" es una historia dura, más en su fondo que en su forma, y que está contada de una forma concisa y sencilla, sin recurrir a la lágrima fácil, porque lo que narra es suficientemente trágico y demoledor por sí mismo. En una película se corre el riesgo de mostrar todo de forma demasiado explícita, cuando con detalles más sutiles el espectador es capaz de comprender lo que ha pasado. Una mirada, un cambio de peinado o una sirvienta limpiando una fatídica mancha sirven para vislumbrar la inocencia, el conflicto interior de sus protagonistas o las distintas actitudes de los integrantes de la casa ante la barbarie. Puede que los que hayan leido la novela echen de menos algún detalle o alguna conversación. No lo sé. Yo no he echado nada en falta a nivel argumental.
Únicamente me ha chocado una cosa, y es que se me antoja demasiado fácil la forma que tienen los niños protagonistas de reunirse. Me cuesta creer que Shmuel, el niño judío, se pueda escaquear tan fácilmente de sus trabajos durante horas sin ser visto, de la misma forma que parece estremadamente sencillo poder salir de aquel lugar.
Me han gustado bastante la forma en que se muestran los lazos afectivos y las relaciones entre los miembros de la familia, teniendo en cuenta sus personalidades y sus ideas tan dispares.

El reparto es bastante eficaz en conjunto. Me gustó particularmente la interpretación de Vera Farmiga como la madre, y la del niño Asa Butterfield que encarna a Bruno. La hermana es la única que me pareció sobreactuada.
Mark Herman es un director al que estaba acostumbrada a ver dirigir películas fundamentalmente agradables y bastante blancas. Quizá no ha dirigido una obra maestra, pero sí que ha salido bastante bien parado ante un tema tan delicado.

viernes, 10 de octubre de 2008

The Posies y el amigo Ken


Estoy que no paro. Menuda semana ociosa-cultural que me estoy pegando. Llevaba nosecuanto sin ir a un concierto y, si la semana pasada tocaba REM, esta tocaban The Posies. Abogo por la veteranía nuevamente. Gran concierto, aunque no acompañaba un público devoto, que acudió en buena parte por ir a un evento social y porque las invitaciones eran gratis. Aun así, supieron animar el cotarro y meterse al público en el bolsillo. Donde hay calidad hay calidad.

Si bien en su época de mayor popularidad (aquellos primeros años 90) no estaba mucho en su onda, sí que recuerdo disfrutar canciones sueltas aquí y allá, contribuyendo a la banda sonora de la etiquetada generación X, y no es casualidad que se incluyera uno de sus temas en la película icono que fue "Reality Bites".

Pero fue más tarde cuando me empecé a fijar más en sus integrantes por separado, especialmente Ken Stringfellow (al que ya mencioné aquí) que tiene unas canciones realmente preciosas. Es polifacético el chico, que lo mismo toca punk rock, que es el tio más dulce del mundo entero o que se mete a deportista. Y lo que es muy importante, un músico nada endiosado que se dedica a currar y no a poner posturitas de divo. Con el carrerón y el currículum que tienen, ahí se bajaron del escenario para meterse detrás de una mesa a vender CDs. Así pues, una servidora se trajo para casa el "Soft Commands" de Ken (que tenía en mi poder de forma totalmente ilegal desde hace mucho), lo cual este me agradeció con toda su simpatía, una firmita y un par de besos que me plantó.


Dejo un par de videos: el primero es del grupo tocando el día antes de que yo los viera, y el segundo de un acústico de Jon Auer con el señor Stringfellow.





miércoles, 8 de octubre de 2008

Ponyo en el acantilado del mar (Gake no ue no Ponyo)


Como decía anteriormente, he tenido la suerte de ver ya la última del genio Miyazaki. Además en una pantalla relativamente grande y en versión original con sus subtitulitos bien puestos.

Esta prima de "La sirenita" de Andersen es un nuevo recordatorio para la animación occidental de que hay que seguir trabajando mucho para estar al nivel. Nuevamente ha sido un éxito de taquilla en su país y ha convencido a la crítica en un punto de encuentro tan prestigioso como es el festival de Venecia. Y también otra vez me ha vuelto a cautivar.


Ponyo es una cría de pececilla que un día Sosuke, un niño de cinco años, salva de morir entre la basura y las botellas acumuladas en la orilla del mar y se la lleva en su pequeño cubito de playa. De ahí nace la clásica amistad de niño y mascota, pero la cosa no queda ahí, sino que Ponyo decide que quiere ser niña y jugar con Sosuke. Partiendo de esto se desarrolla una hermosísima historia de amistad y respeto, en la que no faltan las leyendas tradicionales sobre el mar y los mensajes de amor por la familia, el respeto a los mayores, la pasión por vivir y la profunda reflexión sobre nuestra influencia en una catástrofe ecológica no tan lejana, temas siempre tocados en mayor o menor medida por Hayao Miyazaki.


Ha sido comparada con "Mi vecino Totoro", otra de sus grandes obras y una de mis favoritas, y de hecho me recordó en su primera parte a esta cinta, por su ritmo y por la relación que se establece entre los dos protagonistas de tan corta edad. Sin embargo el nudo central y todo el desarrollo de la aventura presenta rasgos que para mí evocan tanto a "El viaje de Chihiro" como a "El castillo ambulante", sus dos últimos títulos. Esto no quiere decir que se esté repitiendo el buen hombre, ya que no podían ser historias más distintas y originales, sino que produce sensaciones muy parecidas y que tienen un mismo lenguaje en común, que es la sensibilidad exquisita y la fantasía emparentada con lo ancestral.

Sus personajes son siempre entrañables, tanto los buenos como los no tan buenos, y el abanico de emociones que transmite es amplio. A mí me ha sacado las lágrimas, sin ser una película particularmente triste, lo digo.

Miyazaki, a pesar de sus 67 años, continúa implicado totalmente en sus proyectos para el Estudio Ghibli, y además de idear, escribir y dirigir sus obras, participa íntimamente en la animación dibujada a mano de forma artesanal, inusual hoy día. De hecho, para "Ponyo" se utilizaron más de 170.000 dibujos y acuarelas hechas por él en buena parte. El resultado final de todo esto es simplemente maravilloso, y se convierte en la envidia de decenas de producciones animadas con las últimas tecnologías.

No puedo terminar este post sin hacer mención especial a la música del maestro Joe Hisaishi, uno de los compositores que más admiro hoy en día, y colaborador habitual de Ghibli y Miyazaki, que no podía faltar a la cita.

Os dejo con la música de Hisaishi para la ocasión. ¡Qué ganas de ponerme el guantecito de Ponyo y unirme al canturreo del video! Los vellitos de punta tengo otra vez.





martes, 7 de octubre de 2008

Konnichiwa


Este fin de semana he combinado mi monumental resfriado con una visita intensiva al Salón Manga, que es el tercero que se celebra en mi ciudad (o sea, Munchkinland, como dice mi perfil :P). El dibujo que aparece aquí arriba es el del cartel del salón de Barcelona del año pasado, pero creo que ilustra perfectamente el post, así que lo pongo igualmente.
No me considero ninguna otaku (vamos, que no tengo la habitación así, ni acudo a los eventos así vestida) ni me conozco la gran mayoría de los personajes, pero me me gusta el manga igual que muchos otros tipos de cómic, he reunido algunas colecciones de tomos y he visto varias series y películas de anime que me han encantado.

El manga o cómic japonés va más allá de las historias de magia y luchas destinadas al público más juvenil, y es como cualquier otro medio de expresión artística, aunque no mucha gente lo sabe. Cualquiera puede encontrar un manga que le guste, porque hay temáticas y estilos para todos los gustos, como en el cine o en la música. A mí me atraen particularmente las de temas dramáticos o de transfondo histórico, y también algunos de humor, y como dibujante me quedo con Tezuka, el padre del manga moderno, cuyos dibujos desmienten claramente el tópico (a veces muy cierto, todo hay que decirlo) de que tienen todos la misma cara con distintos peinados.

El caso es que en un salón manga, o al menos en este porque no he estado en otro, no todo son stands de editoriales y de merchandising, que los hay. Por tercer año consecutivo he tenido la suerte de participar en un cada vez más nutrido grupo de actividades culturales sobre Japón. No se puede negar que es un país atractivo, desde luego. Me he apuntado a un taller de lengua japonesa (otra vez), he presenciado una demostración de ikebana por parte de una anciana nipona, asistido a tres interesantísimas conferencias (sobre Tokio, sobre la espada tradicional japonesa y los samurais, y sobre la Yakuza y los negocios sucios en Japón) y he participado en un taller de haikus que impartía una experta de la universidad de Sevilla. Como resultado terminé escribiendo dos que la misma monitora me animó que presentara al concurso que hacían. La verdad es que no creo que sean muy buenos, pero es divertido, y me sentí orgullosa de ellos. Además, me hago gracia a mí misma leyéndome tan mística, jejeje.

Me quedé con las ganas de aprender a jugar bien al Go y de apuntarme en el taller de amigurumi, y eso que no soy especialmente aficionada a los muñequitos ni a las labores, pero tanta gente de todas las edades haciendo cosas tan originales terminaron por llamarme la atención. Lo malo es que no había plazas libres.

Finalmente como colofón, nos pusieron la proyección de la nueva película de Miyazaki, "Ponyo en el acantilado del mar" que estaba loca por ver y que no llega por aquí hasta el año que viene ^_^.

Ah, y me compré una chapita chulísima del lagarto Juancho :D

viernes, 3 de octubre de 2008

Rapid Eye Movement


O sea, REM. Ese movimiento rápido de ojos que hacemos mientras que se producen nuestros sueños.

Hacía tres años que no los veía en directo y he estado a punto de no verlos en esta ocasión. No andaba motivada y el último concierto no me había traido grandes recuerdos por circunstancias diversas. Además, que ya no me apetecía el gasto ni la movida de salir de expedición hasta el quinto pino para verlos otra vez. Será la edad.

Pero donde hubo llamas quedan rescoldos, y un amigo me pilló en un momento de debilidad cuando me comunicó la nueva fecha que acababan de anunciar para Madrid. Lo de siempre: preventa para el club de fans durante un día, con pulserita de entrada anticipada al recinto. Después de pagar vinieron los arrepentimientos a destiempo.

Eso fue hace unos cinco meses. Ayer volví a verlos, por sexta vez, y afirmo rotundamente que es el concierto que más he disfrutado de ellos. Todo fue casi perfecto, y no solo me lo pareció a mí.



El de ayer ha sido la mejor actuación del grupo que yo haya presenciado, musicalmente hablando. Además, ha sido en el que los he visto más a gusto, más simpáticos y más entregados con el público. Un público totalmente entusiasta el que llenó Las Ventas, por cierto.


El set list estuvo de lo más completo, con una combinación estupenda de sus clásicos y sus nuevos temas que, si bien no están al mismo nivel que aquellos, tampoco desentonan ni hacen desear que vuelvan a desempolvar otra canción antigua. El "Let me in", impresionante. La única pega, por decir una, es que no cantaron el "Fall on me" que estaba previsto según la lista. El sonido rockero impregnó la noche y no se podía hacer otra cosa que saltar, bailar a todo ritmo y cantar a grito pelado.

En cuanto a ellos, simplemente geniales. Mike Mills vestido de forma inusualmente discreta, sonriente para no variar y chapurreando un regular "sois de pura madrwe" que alguna rubia le habrá enseñado. El tío Peter Buck tan requeteguay como siempre, desechando los inclasificables estampados de sus camisas en favor del negro, y con un bailecito final impagable. Y Michael Stipe, pues el hombre hecho showman, demostrando que la artrosis no le ha afectado, seduciendo y dejándose querer más de lo acostumbrado, acercándose a la primera fila montones de veces. Vamos, que todos tuvimos ocasión de sobetearle en repetidas ocasiones, incluso involuntariamente (una servidora tuvo que sostener su culo durante un buen rato para evitar que diera en mi cara ^_^U, momento en el que aproveché para comprobar la estupenda calidad de su americana).

Y qué decir del resto de la banda. Bill y Scott, unos fenómenos. Eché de menos a Ken, que me cae genial, al que con un poco de suerte veré con su propia banda, The Posies, el próximo miércoles.

Mientras tanto, Eli se emocionaba reconociendo a su "dino" entre los que siempre lleva Peter en el escenario, después de tantos años, mientras que alguno recogía por segunda vez en su vida la armónica lanzada por Michael. Y entre púas, dinos, set list, armónicas y anécdotas varias tenemos para poner un museo de souvenires.


En lo personal fue uno de estos días que recordaré siempre con muchísimo cariño. Un día de reencuentro. Deca, Ark, Disa, Mabi, Quango, Mer, Zhy, Lou, Eli, Lili, Liz, Francesc, Dal y unos cuantos más que me van a perdonar que no recuerde a esta hora, algún que otro nuevecillo, otros que eran casi adolescentes la última vez y que ahora tienen barba y son como yo de altos, las caras conocidas de siempre de todas las colas, y un par de grandes ausencias para mí como las de Jas y Begg. Curiosamente la mayoría de nosotros nos vimos por primera vez precisamente en Las Ventas, en otro concierto de otro grupo en el que casi morimos sepultados. Pero ayer no fue la sensación de “kedada” con gente de internet, sino la de volver a ver a unos viejos amigos muy muy queridos que, en algunos casos, hacía años que no veía.

Estaba cómoda, sin los nervios del primer concierto pero sin perder la euforia, con la confianza de estar entre los viejos colegas, en primera fila (una vez más) sin guardar cola, como señores.

Es que hasta el tiempo fue perfecto. Debía estar moviendo los ojos muy rápidamente.