jueves, 31 de diciembre de 2009

¡¡Fieshtaaaaa!!

Bueno, a los que no os toca trabajar esta noche como a mí, espero que disfrutéis como mejor os plazca la transición hacia el 2010, tanto si es en plan tranquilo como si es en plan "fieshtaaa", en cuyo caso os dejo una sugerencia para bailar hasta la madrugada:


Y para los que no estemos resacosos mañana, aquí os muestro unos modelitos a elegir para la tradicional visita de Año Nuevo al templo...... Un momento, si aquí eso no se hace.... Bueno, es igual, los modelitos molan, y a ver si os creíais que os íbais a librar de la japonesada de turno por ser hoy :P

martes, 22 de diciembre de 2009

It Feels Like Christmas

Sé que hay mucha gente que no celebra o a la que no le gusta la Navidad, ni por tanto felicitarla, pero eso no implica que yo no pueda desear felicidad a quien me apetezca cuando a mí me apetezca, sin compromisos de reciprocidad de ningún tipo. Ante la pregunta de "¿y por qué ahora?", mi respuesta de "¿y por qué no?".
Así que daos todos por felicitados con esta escena de "Muppet Christmas Carol", una de mis adaptaciones favoritas del famoso cuento de Dickens, que me encanta en casi todas sus versiones.
Os dejo con el espíritu de las Navidades presentes y con Mr.Scrooge/Michael Caine.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Capítulo 15: ¿Sayonara o Mata Ne? (Final)

El tiempo de estancia se nos agotaba, al menos en lo que se refería a los billetes, porque legalmente podríamos haber permanecido 110 días más allí, según nuestro visado, algo que deberíamos haber tenido en cuenta.

Aun teníamos pendiente dedicarnos al Tokio más sofisticado, que bien puede llamarse Ginza, Shimbashi o Roppongi, algunos de los distritos más chic de la ciudad. El primero ya lo habíamos paseado un poco en busca de la imponente fachada del teatro Kabuki-Za, aunque aun nos quedaba algo importante que hacer por allí cerca, y los otros dos, en el barrio de Minato, son uno de los lugares con más concentración de restaurantes sofisticados y clubes de moda de la capital.

Roppongi Hills es un inmenso complejo urbano, una especie de pequeña ciudad dentro del distrito que le da nombre. Representa lo más moderno de Japón estética y arquitectónicamente, y se compone de varios edificios y rascacielos como la Torre Mori, que acogen a oficinas de grandes empresas como Ferrari, Yahoo o Konami, además de plazas, museos, cines, un auditorio al aire libre y tiendas selectas. Allí también tiene su sede TV Asahi, una de las cadenas más importantes del país después de la Fuji TV, donde nacieron series tan míticas como Capitán Harlock, La Flor Mágica de los 7 Colores, Ninja Hattori, Sailor Moon, Caballeros del Zodiaco, Shin-Chan o Doraemon, al que pasamos a saludar.


Las plazas de Roppongi Hills son un buen lugar para sentarse relajadamente junto a sus fuentes de cortinas de agua, la araña gigante que es idéntica a la de Bilbao, o contemplar desde sus miradores cómo se encienden las luces de la Tokyo Tower al anochecer (oscurecía sobre las seis y pico de la tarde).


Tras cenar muy tempranito en el restaurante de sushi Pintokona que ya mencioné anteriormente, nos dirigimos hacia la Tokyo Tower. Por el camino nos dieron tarjetas e invitaciones para un montón de clubs con pinta muy "cul", que diría Cloti. La verdad es que no teníamos nosotras una pinta muy "cul" como para ir a una de las fiestas aquellas, con nuestras zapatillas deportivas y la mochila, teniendo en cuenta que allí los lugareños van siempre hechos un pincel, y especialmente las chicas suelen ir vestidas, peinadas y maquilladas de forma impecable, cualquiera que sea su estilo.

La Tokyo Tower es una torre de telecomunicaciones construida en la década de los cincuenta inspirándose en la estructura de la Torre Eiffel. Las diferencias con esta son bastantes, la más obvia de ellas su color rojo y blanco (debido a regulaciones de seguridad del tráfico aéreo). Estructuralmente mide 332,6 metros de altura, 8,6 más que la Eiffel, y su peso es de 4000 toneladas, casi un 40% menos que aquella.

La iluminación ornamental cambia según fechas o eventos, como cuando se vistió de verde para el estreno de "Matrix Reloaded", pero es su color rojo el más habitual y representativo.


La torre nipona, al igual que la francesa, le da su inconfundible y característico aspecto a la silueta de la ciudad, y es todo un símbolo de la reconstrucción y surgimiento como potencia económica tras la posguerra.


Tiene miradores acristalados a dos alturas diferentes. El primero y más amplio está a 145 metros del suelo y consta de dos plantas, una de las cuales acoge el club 333, café y bar que por la noche es posiblemente uno de los sitios más románticos de la ciudad para tomarse tranquilamente una copa en semi oscuridad mientras se contemplan las vistas más espectaculares de la ciudad. Aunque diferente, el impacto fue similar al que tuve al admirar el paisaje nocturno de París desde la azotea de la Tour de Montparnasse, solo que esta vez el hecho de estar ahí arriba tenía unas connotaciones sentimentales especiales para nosotras.


El observatorio especial es mucho más reducido, pero la panorámica es mejor, teniendo en cuenta que está a 250 metros de altura. Solo yo subí hasta allí para ver bien la isla de Odaiba y el Rainbow Bridge iluminado en la lejanía. Y por cierto, por poco me dejan abandonada allí, pero bueno, la llave y los billetes los tenía yo XDD. Después de eso volvimos a nuestros futoncitos para recuperarnos del síndrome de Stendhal y pensar en el último día que nos quedaba por allí.

La última jornada no se pudo definir como otra cosa que musical. Estábamos en el país de los karaokes y aun no habíamos pisado ninguno, y eso que dabas una patada a una esquina y salían varios. El elegido fue el Shidax de Shinjuku, un enorme edificio de diez plantas llenas de reservados donde poder berrear a gusto. En la amplia recepción un chico enchalecado nos explicó (en japonés, como no) que pagabas por persona y por adelantado el tiempo que deseáramos. Nos dieron nuestro ticket para una hora con el número de reservado y al ascensor.

Nuestra sala estaba acondicionada para estar bien cómodo durante una sesión de varias horas con un grupo de unas diez personas, con un sofá, un perchero, una mesa central, el equipo de karaoke con los micros y la pantalla. Sobre la mesa teníamos un menú de comidas y bebidas que podíamos encargar a la recepción por teléfono, y tres o cuatro catálogos gordísimos con miles de canciones disponibles, con temas japoneses e internacionales, desde títulos clásicos a los últimos temas de actualidad.


Primer problema: averiguar cómo funcionaba el equipo, porque aquello tenía mil botones, los menús de pantalla estaban en su idioma, y de intuitivo tenía poco. Pero la tecnología no es un problema para nosotras, y Claire empezó a tocar todos los botones a voleo hasta dar con el manejo básico. Resuelto.

Segundo problema: buscar las canciones. Obviamente estábamos dispuestas a hacer todo un repertorio de temas del pop japonés pero ¿cómo buscar los títulos en el catálogo? Aquí buscarías por orden alfabético, ¿pero en qué orden está si allí no usan nuestro alfabeto y está todo escrito en kana y en kanji ? El caso es que de alguna forma terminé dando con la forma de buscarlas. Resuelto.

Tercer problema: leer las letras. Al igual que los títulos, las letras de la pantalla también están en su grafía, pero Claire tenía prevista la solución a eso. Se había imprimido y traido desde su casa unas veinte páginas de letras de nuestras canciones favoritas escritas en romaji para poder cantarlas, como se puede observar en las fotos. Aunque Zelgadiss fue valiente y se aventuró a intentar leer las de la pantalla (sin demasiado éxito XD).

Una máxima del karaoke es que cuanto peor cantes mejor lo pasas, y si es en otro idioma más aun. La intimidad del reservado te permite hacer el tonto a placer, e incluso improvisar coreografías (genial la del "Love so sweet", chicas XDD). Disfrutamos un montón, y la cámara de video más aun, pero el tiempo vuela cuando te diviertes y pronto sonó el teléfono para avisarnos de que nos quedaban solo cinco minutos.

Por la tarde nos preparamos para nuestro último gran evento en Tokio, que no era sino un musical que hacen cada año en el Teatro Imperial. Y no un musical cualquiera en ningún sentido... Las entradas, por supuesto, de reventa en Takeshita Dori. La ocasión perfecta para usar el vestido que llevaba una semana colgando en la habitación. Como siempre, nuestra dosis previa de estrés no podía faltar. No estábamos seguras de que el teatro al que íbamos fuera el correcto (a saber lo que ponía en la entrada) y teníamos que atravesar medio Tokio en veinte minutos o así. Al final unas buenas carreras con el vestido y las sandalias por los pasillos del metro y subterráneos varios, y la ayuda inestimable de varios señores nos hicieron llegar hasta el teatro justo cuando se abría el telón. La tremenda cola de la gente que no tenía entrada creo que estaba flipando al ver a tres occidentales corriendo como las locas escalinata arriba para ver un espectáculo tan... digamos que local.

No entraré en detalles porque no creo que sea interesante para quien no lo conoce. La puesta en escena fue realmente espectacular (a veces incluso demasiado XD), el despliegue de medios importante, y sin duda lo mejor eran los tres protagonistas, que eran algunos de nuestros cantantes pop favoritos, y que nos dejaron muy muy alucinadas con su voz en directo. Pero aparte de eso creo que es el musical más absurdo, estrafalario, hortera y sin sentido que he visto en mi vida (creíamos que uno había muerto, y luego vimos que murió... otra vez), y sin embargo divertidísimo. Un híbrido entre la lucha de pandillas de West Side Story y El Circo del Sol que terminó en un miniconcierto de grandes éxitos nipones. Como estábamos sentadas en asientos separados, cuando nos vimos en el descanso y comentamos lo que habíamos visto nos reimos una cosa exagerada ("¡QUÉ HORTERADAAAA! ¡Quiero merchandising de esto! Jajajajajajajjajajaja"). No sabíamos qué mierda estábamos viendo, pero nos estaba encantando XDDDDDD. Ni que decir tiene que el super programa "de mano" tamaño sábana (ocupaba toda la superficie de mi maleta) es una de las joyas de mi colección.

Salimos de tan buen humor que fuimos a zamparnos nuestra última cena en Tokio (eso sí fue un poco triste) y a darnos otra ronda de karaoke, pero esta vez a uno más cutrecillo (eso implica que tenía cuatro plantas o así en lugar de diez y menor número de salas) que teníamos al lado de casa, con una decoración y luminotecnia en los reservados que merecería un estudio completo.


Ya solo quedaba terminar de meter a presión en la maleta los kilos de compras que habíamos hecho en diez días y cargarlas con no poco esfuerzo hasta el Narita Express.

Al salir del alojamiento y mirar nuestra calle no pude evitar soltar una lagrimita, al igual que al despedirme de mis amigas en Atocha un día más tarde también se me hizo un nudo en la garganta. Pero estoy segura de que aquello no era un sayonara (adios) a Japón, sino un mata ne (hasta luego).

Y aquí termina esta historia, casi tres meses y medio después de mi regreso. He hecho este pequeño montaje cutrecillo con algunas de nuestras fotos y la genial ironía de los fantásticos "Chanclas" (espero que no me desactiven el audio por copyright o alguna gracia de estas). No seáis muy duros que es el primero que hago.



Dedicado a todos los que han soportado mis interminables crónicas y frikadas hasta el final, a E., mi amiga en la sombra, por vivir todos los preparativos y toda la experiencia casi con el mismo entusiasmo que si hubiera podido venir, que ganas no le faltaban (la próxima vez no me prestes la maleta, sino que te la llevas para tí misma) y, sobre todo, a Zelgadiss y a Claire, las mejores compañeras de viaje que podía tener, por ser parte de diez de los días más felices de mi vida. Besitoooooooos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Celda 211


Creo que disfruto más con las películas que no espero. La sorpresa juega a favor de la película, y las expectativas altas en contra. En mi caso, lo normal hubiera sido haber visto "Celda 211" hace semanas pero, afortunadamente, la buena acogida espontánea que ha tenido entre el público me ha permitido disfrutarla antes de que se la llevara por delante algún estridente estreno navideño.

Juan Oliver (Alberto Ammann) es un nuevo funcionario de prisiones que se presenta de visita en el módulo el día anterior a su incorporación, con la mala suerte de encontrarse allí justo cuando "Malamadre" (Luis Tosar) ha decidido liderar un motín de proporciones impredecibles. El argumento es intesantísimo, emocionante, con momentos muy muy angustiosos y, en cierto modo, con un desenlace sorprendente. La acción podría suceder en San Francisco, California, lo mismo que en Zamora (donde se desarrolla realmente), porque creo que retrata a unos personajes bastante universales, sin caer en esos clichés repetidos últimamente en las películas españolas hasta el hastío. Me aventuro a decir que es una película carne de remake hollywoodiense, aunque estoy segura de que en ese caso sería convenientemente alterada para complacer más a ciertos públicos.

"Celda 211" tiene sobre el papel un reparto estupendo, con Luis Tosar, Antonio Resines o Marta Etura, todos actores de mi devoción, pero fuera del papel sigue siendo un reparto excepcional. Soy admiradora de Tosar desde hace años, desde que vi sus primeros cortometrajes o desde el conmovedor Damián de "Flores de otro mundo" , y continúa sin defraudarme. Seguro que "Malamadre" se lleva por lo menos una merecida nominación al cabezón. Aunque los demás no le van a la zaga, y secundarios estupendos como Carlos Bardem o el resto de la panda de presos resultan tan creibles que aun no tengo claro que alguno no lo fuera de verdad.

Pero también tenemos el debut de Alberto Ammann, verdadero protagonista y sufridor de la cinta, que está estupendo en más de un sentido y que espero que siga haciendo más trabajos buenos como este.

Podría hablar de muchas cosas que me parecieron muy buenas en esta película, pero por ahora quedarán en mi cabeza, porque creo que merece la pena que la veáis vosotros mismos.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Los Internados



















Ayer me llevé una gran alegría. Estaba ultimando mis compras navideñas, y finalmente terminé auto regalándome algo que no esperaba. La editorial Molino ha reeditado este año las dos series de novelas de internados femeninos creadas por Enid Blyton entre 1941 y 1951, Santa Clara y Torres de Malory. No es que no las hayan reeditado anteriormente, e incluso más de una vez han ofertado la colección en los kioskos, pero en esta ocasión se presentan en dos volúmenes preciosos con todos los cursos, de unas 650 páginas cada uno.

Enid Blyton fue mi primera escritora favorita y me ha acompañado toda la vida. He releido sus novelas más famosas y sus cuentos una y otra vez, y ahora tengo por primera vez todos los cursos de Santa Clara y Torres de Malory, con las gemelas O'Sullivan, Darrell Rivers, Claudina, etc.


Pero cómo los voy a disfrutar...

lunes, 7 de diciembre de 2009

Capítulo 14: Tres turistas gastronómicas (y III): Chiba

Hoy se cumplen tres meses desde que volví de Japón, y ya se va acercando el final de las crónicas del equipo Aiba por aquellas tierras (lo prometo), así que toca cerrar esto del turismo gastronómico (o turismo fetichista, como prefiráis) con nuestra visita a Chiba.

Esta vez sí sabíamos hacia dónde íbamos (más o menos), por lo que la cosa fue algo más tranquila que en la anterior excursión. Teníamos una línea de tren, la Sobu Line, el nombre de una estación, Makuhari-Hongo, y un preciso plano de la zona... sin nombres, cómo no. Solo que íbamos un poco justas de tiempo porque se nos fue el santo al cielo en cierta tienda de nuestra meca de Harajuku. Jo, ¡es que sin algo de tensión no mola tanto!

Chiba es la capital de la prefectura del mismo nombre, con casi un millón de habitantes, un puerto importante, colindante con Tokio, ciudad dormitorio y prácticamente apéndice de la capital, por lo que no os extrañe el hecho de que tanto el aeropuerto más importante de Tokio y el Disneyland de Tokio estén en realidad... en Chiba.

¿Pero qué nos puede ofrecer esta ciudad que no llega a los noventa años de antigüedad? ¿Qué hay en la ciudad de Chiba? Pues muchos barrios residenciales... un zoo muy bonito... el tren monorraíl más largo del mundo... ejem... muy interesante. Ah, y el restaurante Keikarou.



El Keikarou es el restaurante familiar de los padres de Masaki Aiba, el miembro más patoso, desafinado, tierno e hilarante de los Arashi (que puede que los haya mencionado antes, no sé), culpable del nombre de nuestro clan viajero, y de grandes momentos de descojone televisivo. Porque ya lo he comentado de pasada, pero los artistas pop allí lo que menos hacen es cantar, y el que menos presenta un par de programas de entretenimiento en la tele. Este presenta de forma fija nada menos que cuatro. Semejante personaje no podía ser menos que nuestro ídolo. Se podría decir que somos "Masakistas".

Tras cierta confusión inicial localizamos el Keikarou sin problemas muy cerca de la estación (así me gusta, que los ídolos vivan bien comunicados y me faciliten el trabajo) en una calle tranquilísima llena de viviendas unifamiliares por la que pasaba un coche cada diez minutos por lo menos. No es mal sitio para vivir sosegadamente, no.

Sin embargo en la entrada del restaurante había por lo menos una docena de personas haciendo cola, abuelete con bastón incluido. Situación de alarma. El restaurante cerraba a las 2 de la tarde para abrir de nuevo a las 5, y en ese momento era la 1. En aquel momento salió una mujer de mediana edad pero con ese aspecto joven envidiable que tienen allí (por las noches se meten en formol o algo, porque el Shiseido no puede ser tan eficaz) y se puso a anotar los nombres de la clientela. Vimos que al grupito que estaba por delante de nosotras le explicaba algo con cierta preocupación, y las chicas se marcharon con cara de desilusión.

"Mierda, a esas les han dicho que se larguen que ya no hay tiempo antes de que cierre".

La mujer se dirigió a mí y me preguntó el nombre. Tengo que aclarar que en Japón se guardan bastante de tomarse confianzas, e incluso entre conocidos de mucho tiempo se llaman entre sí como "Fulanito-san" (señor Fulanito, siendo "Fulanito" el apellido), con un poco de más confianza se usa el "-kun" para chicos jóvenes, y más familiar aun el "-chan". Con el nombre de pila prácticamente solo familia y gente muy muy cercana. Así vimos que las personas que teníamos delante daban su nombre con el "-san", pero yo muy directa solté sin pensar mi nombre de pila. La maître debió entenderlo mal y quedé anotada como "Mari-san" en perfecto katakana. Ya se me ha quedado el mote.

Entonces nos explicó lo que imaginábamos, que si la hora, que si ya estábamos anotadas pero para las 5 porque el último pedido a cocina se hacía a las 2 menos cuarto, etc. Nuestra cara era un poema, discutimos entre nosotras qué hacer, porque allí no había nada que hacer durante tres horas y pico, y tampoco tendríamos tiempo de volver allí desde Tokio, ni ese día ni otro. Total, que ella no nos entendía, y nosotras no podíamos negociar la situación en japonés, que era lo único que ella hablaba. Observó con cara de confusión nuestra mirada de perrito abandonado y pasó de nosotras, que nos quedamos en la cola erre que erre, por si las moscas, mirando por la ventana y murmurando "¡pero que coman rápido, c*ño!".

Total, que se fueron las de delante y todas las que estaban por detrás, y a nosotras nos dejaron pasar las últimas, diez minutos antes de la hora límite.


Nueva situación de alarma. La carta era amplísima, pero ni una puñetera foto o palabra legible. De nuevo la mujer, con una amabilidad y una paciencia infinitas, nos mostró la carta y comprendimos que tenían tres menús de menos a más abundante según el precio. Solución: pedir totalmente a ciegas el más barato y el más caro, y compartirlo entre las tres. A posteriori me enteré de que la buena mujer era la señora Aiba, madre del artista, mucho más discreta y japonesa que la anterior madre de artista. Maldición. Si lo llego a saber antes le hubiera dicho que nos sirviera a su hijo así crudo, para compartir.


En fin, el local era bastante amplio y luminoso, sencillo y nada encorsetado, de tipo familiar, pero se notaba cierta categoría en los detalles, con sus camareras uniformadas y una decoración muy bonita y con estilo, y dos zonas diferenciadas, una de tatami para sentarse en el suelo y otra con mesas (la nuestra). Inspeccionamos todo lo posible, sobre todo el rincón de la entrada, que tenía varios cuadros, dibujos y detallitos que había llevado la gente, dos cuadernos de firmas (en los que, cómo no, dejamos nuestra impronta), y varios garabatos a modo de autógrafo que habían dejado los del grupo en alguna de las ocasiones que habían ido a comer a casa de su colega en los últimos años.


Empezaron a llegar platos variados y a llenarse la mesa, y nosotras a descubrir qué puñetas habíamos pedido. Aquello se convirtió en un banquete en cantidad y calidad. Ensaladas, sopa de miso, unas cosas crujientes verdes y amarillas que no sé lo que eran, arroz, un par de guisos distintos de carne con verduras, setas, etc, y por supuesto gyozas. Unas gyozas tremendas de buenas y de grandes. Y para terminar una pera-manzana de esas extrañas y un tazón de té.


Comimos que parecía que habíamos estado en ayunas una semana, y además afirmo que fue la mejor comida que hicimos en todo el viaje, con perdón de la señora Koyama, y eso que todas fueron muy buenas. En total, nos pusimos como el kiko por 14 euros... ¡las tres!



Y bueno, ya que teníamos otra camiseta taurina en la bolsa no nos la íbamos a llevar de vuelta, aunque sabíamos que esta entrega sería menos personal. La receptora, la chica que nos cobró en caja:


Elphaba: - "Aiba-kun no purezento desu". <--- traducción: "un regalo para Aiba-kun"


Camarera: - "¿Masaki?"


Elphaba: - (¡Pero bueno! ¿Cómo que Masaki? ¡Qué confianzas son esas! Este tío fijo que le coge el culo a la camarera regularmente cuando vuelve a casa los fines de semana. Y claro que es para Masaki, ¡no va a ser para su padre!) "Mmm, hai". <--- traducción: "mmm, sí".


El de los souvenires de mi pueblo no se puede imaginar donde ha terminado su género. Vamos, ni yo tampoco. Ahora debe lucirlo algún repartidor de Chiba.

Nos hicimos fotos, nos hicieron fotos, hicimos fotos a gente que nos hizo fotos, nos sorprendimos con las señoras mayores que andaban locas haciendo fotos y, finalmente, se nos acabaron los ángulos de la fachada del restaurante que fotografiar. Así que sacamos la cámara de video.


A las tres de la tarde hay poca gente y poco que hacer en Chiba (y en casi cualquier sitio). Ninguna de aquellas calles residenciales, con sus comercios y restaurantes de barrio nos parecieron especiales ni bonitas (aunque muy cuidadas, eso sí), aunque algunos detalles muy japoneses nos recordaban muchísimo a decenas de películas y series, incluida "Shin-Chan". Pero en particular nos vino a la mente "Stand Up!!", dorama muy especial para las tres y al que he hecho referencia en más de una ocasión. El caso es que esas calles nos inspiraron mucho, y se nos ocurrió rodar un cortometrajillo emulando esto en plan homenaje.

Nos tomamos la filmación muy en serio, aunque fuera en realidad un auténtico cachondeo, para nosotros y para unos camareros que se estaban descojonando a gustísimo viéndonos repetir las tomas "complicadas" (puñetero salto... XDDDD) en una de las localizaciones :P. El resultado final quedó genial gracias a la pericia de Claire con la cámara, a mi colaboración en el "guión" y la dirección de actrices, pero sobre todo, de Zelgadiss como responsable del montaje y edición final de las escenas, con créditos y la cancioncita incluidos.

Por supuesto esto no verá jamás la luz, como el resto de las casi cuatro horas filmadas durante el viaje XDDDDDD.

Ays...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Just Radiohead

Puede que esta no sea mi canción favorita de Radiohead, aunque me guste, pero desde luego sí que es mi video favorito de ellos, y de vez en cuando me gusta verlo. Me encantan los videoclips con argumento, como brevísimos cortometrajes, y me fascina esta pequeña historia absurda, de final misterioso e inexplicable, con el careto de Thom Yorke añadiéndole un poco de más mal rollo si cabe. Genial.



martes, 1 de diciembre de 2009

A cada uno lo suyo

Es impresionante la cantidad de buen cine clásico que hemos podido "beber" todos en la televisión pública pero, ¿hace cuántos años? Aquellas buenas sesiones de tarde los fines de semana, los cineclub en versión original a horas intempestivas (las mejores), e incluso las infantiles del domingo por la mañana, que también solían ser clásicas. ¿Dónde fueron a parar la mayoría de ellas? Se trata sin duda de cientos de títulos que rara vez he vuelto a ver, mientras que unos pocos nos los han pasado una y otra vez hasta la saciedad.


Imagino el almacén de televisión como ese típico mueble donde guardas los calcetines, y de donde terminas escogiendo siempre los mismos, los que están delante del todo, mientras los restantes quedan relegados al fondo del cajón esperando a que algún día pongas orden y recuerdes que no solo existían, sino que eran tan buenos o mejores que los otros. Solo que me da la impresión de que en el caso de la televisión, jamás se ha puesto nadie a ordenar el cajón.


No puedo decirlo con exactitud, pero posiblemente haya estado buscando esta película durante más de quince años: "To each his own" (1946), llamada aquí "Vida íntima de Julia Norris" de forma desafortunada. Y desafortunada más de lo habitual, porque la protagonista no se llama siquiera así, sino que se llama Josephine Norris, apodada Jody. Así que no sabemos quien es esa Julia del título. Igual era una prima de la prota de la que no tenemos constancia o algo así.


Olivia de Havilland interpreta a Jody Norris, una decidida chica de pueblo que queda embarazada de un joven piloto que muere en la Primera Guerra Mundial antes de poder formalizar su relación. La vida en los pueblos pequeños no es sencilla, y Jody se siente presionada para ocultar su situación, no sin idear un plan para poder quedarse con su hijo sin levantar sospechas. Pero los planes nunca salen tal y como se idean, y la mala suerte hace que la joven madre se vea forzada a ser simple espectadora de la crianza de su hijo.


Es una lástima que sea una peli tan poco conocida, porque es un gustazo disfrutar a Olivia de Havilland interpretando a la fuerte Jody, el que fue su primer papel oscarizado, los momentazos intensos de duelo con Mary Anderson (¡"veinte dólares por la señorita Marybelle Merryweather!"), la estupenda historia de Charles Brackett ( "Ninotchka" , "Bola de fuego" o "El crepúsculo de los dioses"), que también tuvo una nominación, y de camino la música de Victor Young. Buenos ingredientes, ¿eh?

¿Y por qué era tan difícil de encontrar? Pues ni idea, pero desde aquella noche en que la puse a grabar en cineclub, ni rastro en la tele, en video, en DVD, en internet, nada. El comienzo estaba cortado (cosas de la programación) y la imagen tenía más agüilla que otra cosa (esas viejas antenas...), pero aun así nos dejó embobabas a mi madre y a mí, y se convirtió en esa peli que habíamos visto solo nosotras dos. Borré aquella cinta con la intención de hacer una grabación mejor en otra ocasión, ilusa de mí. Lo único que encontré hace un par de años o así fue un VHS-rip de alguien que la había grabado ¡el mismo día que yo!, con un sonido pésimo y por supuesto con la misma agüilla XD.

Pero, oh, las esperas a veces tienen resultado, y paseando por el CI dí un frenazo en seco. Edición exclusiva de la tienda. "Vida íntima de Julia Norris" (no, no se les ha ocurrido corregir el título), únicamente en versión original subtitulada (ni falta que me hace otra versión).

La acabo de terminar de ver, y me ha emocionado como la primera vez.