domingo, 31 de octubre de 2010

No hago tratos ni trucos


No me causan pavor
vuestros semblantes esquivos
jamás, ni muertos ni vivos, humillaréis mi valor
Yo soy vuestro matador
como al mundo es bien notorio;
si en vuestro alcázar mortuorio
me aprestáis venganza fiera
daos prisa: aquí os espera
otra vez Don Juan Tenorio


Don Juan Tenorio de José Zorrilla. Acto III, Escena 2ª de la segunda parte.
Ea, a disfrutar de los panellets, huesitos de santo, buñuelos, castañas, nueces... Y si alguien tiene la suerte de disfrutar de una buena representación del Tenorio, mi enhorabuena.

lunes, 25 de octubre de 2010

Kiyomizu-dera o "Vamos a por agua" (Parte IV)


¡Qué listo! Pero mirad qué contento va llevándolo cuesta abajo… ¡así cualquiera!

Kioto está rodeada de colinas, y uno de sus mayores monumentos está también en una de ellas. El transporte público no se adentra en las calles circundantes, así que tocó subir cuestas a la 1 de la tarde. La ventaja es que de esa forma no te pierdes absolutamente nada del ambiente de esa larga calle que sube por el distrito de Higashiyama hasta el Kiyomizu-dera o templo budista del Agua Pura.

Siempre te encuentras a personas como este monje que permanecía imperturbable bajo el sol, y te consuelas pensando que si él puede, yo también… (jajaja…).





Pero bueno, llegué arriba, regular de sana y de salva, aunque contenta. Una nueva dosis de protector solar y pa’lante. Que por cierto, inciso: qué buenísimos son los protectores solares allí. Los probé el año pasado y este año lo confirmo. He usado muchísimos, baratos y caros, y aun no he conseguido comprar aquí uno que sea la mitad de eficaz, que no pringue y que no tenga el clásico y duradero“pestacito” a crema para el sol. Fin del inciso.


Finalmente nos situamos a los pies del niōmon y del saimon, las dos puertas de entada al Kiyomizu-dera con sus grandes escalinatas, desde donde hay una vista estupenda del Kiyomizu michi que era el camino que acabábamos de subir. Hay una frase que dice “le gusta más que una escalinata a un arquitecto japonés”. Bueno, en realidad no se dice, me lo acabo de inventar, pero por dios, entre los que subí el año pasado en Nikko y estos… No subía tantos desde que fui al Mont Saint Michel.




El Kiyomizu-dera es otro de los monumentos declarados en 1994 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y además fue uno de los candidatos a ser elegido una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo. Como es habitual, no se trata de un solo edificio, sino de un complejo de varios templos y santuarios, cada uno con sus curiosidades y leyendas particulares.

En uno de ellos, el Jishu-jinja, al que muchos visitantes llegan buscando sus dos famosas piedras del amor, separadas por 18 metros de distancia. La leyenda dice que si caminas de una hasta la otra con los ojos cerrados repitiendo el nombre de tu amado, y por supuesto llegas, te espera un feliz futuro junto a él, mientras que si no llegas, mejor que olvides el asunto. Claro que siempre puedes tener a un buen ayudante que te grite “¡derecha!¡derecha!¡no, un poco menos!”, pero eso significaría que también necesitarías de intermediario-colaborador para tener éxito en ese amor. Aunque una no es supersticiosa, hacer esas cosas tienen su gracia, pero lo dejé para otra ocasión y nos dirigimos a la estructura principal y más emblemática del templo, que es el Hon-do.




Este edificio de madera, construido en 1633 (aunque la fundación del templo se remonta al año 788) destaca por su espectacular estampa sobresaliendo de la montaña. La construcción se integra perfectamente en el paisaje y su terraza se sostiene por 139 columnas sin clavos, ofreciendo unas vistas espectaculares tanto de las montañas como de toda la ciudad.




La figura de esa magnífica terraza sobre la ladera hace pensar que es imposible sobrevivir a un salto desde allí, sin embargo lo cierto es que desde la baranda hasta el suelo “solo” hay trece metros. Otra cosa es que luego empieces a rodar colina abajo, que como mínimo te arañas un poco y te haces sangre en las rodillas.

¿Y por qué digo semejante burrada? Pues porque existía una especie de tradición hace siglos por la cual si un peregrino saltaba y sobrevivía, se le concedía un deseo. Hoy en día está estrictamente prohibido, y vamos, dudo que a mucha gente se le ocurra hacerlo, pero lo cierto es que de 234 saltarines que están contabilizados en la antigüedad, un 85% sobrevivió, se dice que gracias a la profusa vegetación que rodea al Hon-do. De hecho existe una frase popular japonesa que es “saltar desde la terraza del Kiyomizu-dera”, y que tengo entendido que significa hacer algo épico o de mucho valor. Y esta expresión sí es de verdad y no me la he inventado.


Mirando desde aquí no apetece saltar, no.

Y hablando de vegetación, la que tan eficazmente amortiguó dichos saltos está compuesta por multitud de cerezos y arces, de forma que en primavera tenemos un paisaje tal que así, y en otoño podemos disfrutar de unos fantásticos tonos rojos como estos y en invierno la estampa se convierte en esto.




Después de pasar por otra serie de edificios que forman parte del recinto, llegamos a la segunda estructura más importante, el Okuno-in, que por la terraza con la que también cuenta y por su disposición respecto al Hon-do, es el lugar idóneo para hacer fotos de este con la ciudad de fondo.


Servidora con el Okuno-in detrás.

Ya solo nos quedaba buscar el manantial que da nombre al Kiyomizu-dera, el Otowa no taki, que está quince metros más abajo. Se desciende por un camino entre la naturaleza y se llega a los pies de la fuente que tiene tres canalones por los que sale el agua del manantial a chorro. Algunas personas optaban por tomarse un heladito granizado a la sombra, pero nosotras a por el agua, que no se diga que no la probamos.


A las aguas de dicho manantial se les atribuye propiedades curativas, además de otro tipo de facultades. Uno de los chorros proporciona salud y longevidad, el segundo fortuna en el amor y el tercero éxito en los estudios. Beber de los tres se considera codicia y no sería útil, pero yo de esto no sabía nada. ¡No sé de cuál de ellos bebí!

Si alguien sabe qué toca en el del centro que me lo diga, porque si es el de los estudios no lo necesito, si es el de la longevidad voy a tardar en enterarme, y si es el de la vida amorosa pienso ponerle una hoja de reclamaciones.




Mirad con qué estilo bebo el agua, cualquiera que fuera la que me tocó.

El suceso extraño del día. Mientras hacíamos un alto en el camino para rehidratarnos se nos acercó un señor japonés que nos preguntó nuestra nacionalidad y me dio un folleto en español que rezaba “Consuelo para los deprimidos”, que no era sino un discurso de autoayuda con un montón de citas de la Biblia. Pero es que varios días más tarde, en un tren de Tokio, una señora de algún país hispanoamericano, un poco (muy) pesada, se empeñó en que fuera a visitar a la hermana nosequien a una parroquia de Shibuya, que se pondría muy contenta de verme. ¿Pero tengo cara de pecadora o de desconsolada? En fin, lo de pecadora es siempre discutible, pero estaba bastante lejos de estar triste y eso era evidente.
No deja de ser curioso que intenten evangelizarme dos veces en uno de los países menos cristianos del mundo, y en una de las ocasiones mientras que visito templos budistas.


Así que hoy el tema del día va a ser un tema muy propio, ya que la mayoría lo conocemos por las monjitas de la película Sister Act. Con ustedes la gemelas The Peanuts cantando una version de “I will follow him”, en japonés.


sábado, 23 de octubre de 2010

Carancho

Creo que nunca me había llevado tanto tiempo sin ir al cine, pero por una cosa o por otra llevaba sin ir a ver una peli casi tres meses, y he roto la racha con esta.


"Carancho" es el título que Argentina enviará a concursar a los Oscars. Eso y que la protagonizara Ricardo Darín fueron los alicientes que me atrajeron, y es que este hombre, aunque me parece muy bueno, no es de mis favoritos (quizás porque siempre le veo igual), pero siempre trabaja en películas estupendas.


Sosa es un ex abogado que se dedica a "asesorar" a víctimas de accidentes para obtener cuantiosas indemnizaciones. Para obtenerlas él, claro está. Allá donde hay un accidente de tráfico, ahí está él, el primero, y eso hace que su destino se cruce con el de Luján, una joven médica de ambulancias, cuya vida es tan solitaria e insatisfactoria como la suya.
Pero esta no es una hermosa historia de amor en la adversidad. Es una película sumamente incómoda. Aunque ninguno de los dos tiene más problemas que aquellos en los que ellos mismos se han metido, la vacuidad y la desesperanza de sus vidas enrarece el aire de una manera que llega al espectador. Meterse en fango hasta el cuello y no tener espíritu para salir del charco. Eso es "Carancho".

Cualquiera que me lea pensará que no me ha gustado. Sí que me ha gustado, en el sentido en que me parece una película estupenda. No es "El secreto de tus ojos" pero es buena y tiene un argumento de thriller muy interesante y muy bien hilado, con un final impactante. Disfrutar, lo que es disfrutar, pues en fin, se sale con bastante mal rollo del cine, precisamente por lo bien reflejadas que están las circunstancias de los protagonistas.

En fin, que yo la recomiendo, pero está contraindicada a todas aquellas personas que se acogen a la típica frase de "uy, yo pa' sufrir no voy al cine", que no son pocas, jejeje.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Bleu según Scorsese

No aguanto los intermedios en la tele y, de hecho, hace bastante tiempo que no los sufro porque prácticamente no la miro. Sin embargo me encanta un buen anuncio, del tipo que sea: uno super original o uno de estos que simplemente sea bonito o visualmente impactante. Algunos son auténticas peliculitas, y últimamente Chanel se ha apuntado a eso.

En un mercado como el del perfume, en el que no puedes dar al espectador-comprador potencial ningún argumento objetivo para convencerlo, lo único que puedes hacer es mostrar algo lo suficientemente bello como para que tu subconsciente trabaje y relacione esa belleza visual con un aroma excepcional, y hay que tener arte para eso. No vale lo que me haga el publicista de Pascual o esos que hacen para compañías aseguradoras.

La verdad es que muchas veces esos anuncios de perfumes me parecen una auténtica estupidez, especialmente cuando lo único que hacen es poner a una modelo anémica con cara de no haberse reido en su vida diciendo un par de palabras en francés, pero la marca Chanel ha fichado a buenos directores de cine para sus últimas campañas, y desde luego han conseguido que fijara mi atención.

El último ha sido Martin Scorsese, que ha filmado para el perfume Bleu una micro historia de amor en Nueva York (aunque a mí me ha parecido muy francés todo) con Gaspard Ulliel como prota y la música de los Rolling.

Solo un minuto para contarla, y solo un minuto para que me entren unas ganas irrefrenables de oler ese perfume, que es de hombre, dicho sea de paso.
Y qué leches, cuatro párrafos como pretexto para meter aquí al actor Gaspard Ulliel que era mi objetivo encubierto XD. Ay omá.....

Aquí un making of.

jueves, 14 de octubre de 2010

Y esta vez le tocó a Benítez

No quería dejar pasar mi pequeño homenaje a uno de mis favoritos del cine español.
Manuel Alexandre, ese grandísimo actor que incluso de joven tuvo aspecto de abuelo entrañable.
Nos dejó cantidad de maravillosos personajes secundarios de los que apenas recuerdo algún nombre, nos dejó a éste Benítez planeando el atraco con otros grandes de nuestras pantallas. Ya casi no queda ninguno de ellos, pero siempre podremos volver a reirnos con ellos una y otra vez.

sábado, 9 de octubre de 2010

El Pabellón Dorado y un poco de meditación en el Ryōan-ji (Parte III)

Nuestra primera mañana en Kioto empezó de forma desalentadora climatológicamente hablando, y a las 8 de la mañana, al salir del bendito aire acondicionado de nuestra habitación, ya hacía ese calor inhumano que temíamos.

La ciudad de Kioto, como territorio urbano moderno que es en buena parte, no me pareció nada fuera de lo común, sin embargo alberga la mayor concentración de puntos de interés histórico y monumental que jamás haya conocido, y rincones realmente deliciosos para los sentidos. Desde 1994 forman parte de los lugares designados como Patrimonio Mundial por la UNESCO nada menos que trece templos budistas, tres santuarios sintoístas y un castillo de esta ciudad, pero al menos tiene el triple de monumentos y lugares maravillosos que te dejan con la boca abierta igualmente. Todos ellos cuentan con unos jardines impresionantes o se encuentran enclavados en unos parajes de una naturaleza espectacular, o simplemente parecen el decorado de una película. Es imposible dar abasto ni en dos días, ni cinco, ni una semana creo yo. Sencillamente tiene demasiado atractivo que visitar, y eso sin incluir algunos otros lugares no menos interesantes fuera del ámbito más histórico o tradicional.

Visto lo visto, vistas algunas distancias de un sitio a otro y visto el calor insoportable, tuvimos que asumir que no completaríamos NI DE COÑA el programa que nos habíamos marcado, ya de por sí muy resumido en comparación con lo que Kioto ofrece, así que tuvimos que priorizar, porque nos gusta visitar los sitios en condiciones, saboreándolos, y nada de eso de que te lleven hasta la puerta, te suelten y corre que en 15 minutos nos recogen y nos llevan a otra parte. Es decir, si me faltan cosas, pues… más incentivo para volver, ¿no?

Así que marcamos los puntos más emblemáticos, esos que no te puedes ir sin ver, so pena de darte cabezazos contra la pared, y empezamos por el famoso Pabellón Dorado o Kinkaku-ji.

Su nombre formal es en realidad Rokuon-ji, o templo del Jardín de los Ciervos, pero de esos no vimos ni uno. Nuestra experiencia con los ciervos fue en otro momento y en otro lugar que ya os contaré. El pabellón original fue mandado a construir por el shogun Yoshimitsu Ashikaga en 1397, que lo utilizó como casa de retiro espiritual después de ordenarse él mismo sacerdote.



Y digo yo, que vivir en aquella época tendría muchísimos inconvenientes, pero uno de ellos no debía ser el de tener vecinos molestos pared con pared, porque menudas parcelitas que tienen todos estos edificios. El camino que conduce a la primera de las entradas es una avenida arbolada que hace difícil recordar que apenas a una manzana hay asfalto y semáforos. Ese verde transmite sensación de frescor, ¿verdad? Pues mentira cochina, que la camiseta ya estaba para exprimirla.


Puede que seáis como yo, que me gusta conservar las entradas como recuerdo, pero esta concretamente me parece la mar de bonita. Dan ganas de enmarcarla y ponerla en el recibidor de casa, entre el paragüero y el espejo de mirarse de reojo en el último minuto. Lo mismo resulta que dice que está prohibido pisar el césped y pegar chicles en el dorado de la pared pero, como aun no sé leerlo, a mí me parece muy estético.

Los jardines de paseo ofrecen una de tantas estampas de postal que tiene este país. El fondo del decorado está dominado por el monte Kinugasa de Kioto, aunque no se aprecie desde el ángulo de estas fotos. Y especifico de Kioto porque aunque parezca increíble, hay nada menos que ocho montes llamados Kinugasa en todo Japón. Ya me hubiese gustado a mí que cuando estudiaba geografía en el colegio la cosa hubiera sido en plan “los ríos españoles son el Tajo, el Tajo, el Tajo, el Tajo, el Guadalquivir, el Tajo y el Guadalquivir”. Vive Dios que la cosa hubiera sido más sencilla.

El estanque central es de una perfección pasmosa, y no es capricho que su nombre sea Kyōko-chi o espejo de agua. Es un reflejo impecable de cada uno de los elementos que componen el paisaje y el mismo estanque, como esas rocas dispersas cuya disposición nada tiene de casual.

Al fondo del estanque está el Kinku-ji, aunque a primera vista parece que flota en el centro. Lo primero que sorprende es la pureza deslumbrante de sus paredes cubiertas de oro. El edificio consta de tres plantas, cada una de ellas con un nombre propio y con un estilo decorativo diferente, cosa que me tengo que creer porque realmente no se puede entrar en él, y el techo está coronado por la figura de un fénix de bronce, que siento que no se ve demasiado bien en la foto.



Realmente lo que vemos hoy día, como tantas cosas, es una reconstrucción que data de 1955, idéntica a la original incendiada cinco años antes por un monje budista que estaba obsesionado con el templo y no andaba muy equilibrado. Como curiosidad, la historia de este incendio se encuentra novelada en la obra “El Templo del Pabellón de Oro”, del escritor clásico Yukio Mishima.


Otra curiosidad del pabellón es que fue una fuente de inspiración importante para la construcción del conocido como Ginkaku-ji o Pabellón de Plata, monumento también muy conocido de la ciudad. Cuando el nieto del Shogun Yoshimitsu lo mandó construir, tenía en mente recubrirlo de plata, pero los trabajos se demoraron y a su muerte nadie los llevó a cabo. Este hombre no debía saber que la plata se pone negra, y a ver quién iba a ser el guapo que iba a pasarle a eso el pañito con Sidol.

Aquí me tenéis intentando alcanzar la iluminación mediante el poco eficaz sistema de acertar la monedita en el cuenco.


Pero a pesar de no haberla encontrado nos fuimos más que satisfechas de allí, deseando poder contemplar algún día su estampa con todo el esplendor de la nieve.



Desde allí optamos por dirigirnos al templo Ryōan-ji, o templo del dragón tranquilo, también declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. ¿Y qué tiene este templo que no tengan otros? Pues uno de los karesansui más famosos del mundo. ¿Y ‘ezo’ qué ‘eh’ lo que ‘eh’? Pues es un jardín seco, lo que conocemos popularmente en occidente como jardín zen, aunque esa no sea una denominación correcta.



A pesar de que el templo fue fundado en 1450, justo a mitad del periodo Muromachi, el jardín fue añadido a finales del siglo IV, como extensión de los salones del edificio principal, y tal como es costumbre en este tipo de paisajismo, está compuesto por arena, grava perfectamente rastrillada, musgo y rocas, dispuestos según los principios estéticos de simplicidad característicos del budismo zen.



Los karesansui representan escenas, y contemplarlos es como mirar un cuadro, por lo que sus dimensiones son limitadas para facilitar la observación del conjunto. En este caso, el autor de su diseño es desconocido y nunca dijo qué era lo que representaba su escena. Así que este mar de grava blanca y sus quince rocas han dado pie a muchísimas interpretaciones. Se dice que estos jardines son un medio para la meditación, y que a través de la contemplación silenciosa se pueden resolver los enigmas que encierra la distribución de las mismas. Se han barajado significados de todo tipo, concretos o abstractos, e incluso científicos han tratado de desentrañar la clave de su disposición con métodos matemáticos, pero lo que sí es cierto es que el efecto de su contemplación es relajante.



Al otro lado del salón también hay otro jardincillo cuyo verdor tiñe literalmente la luz, y no es menos relajante que el anterior. Y en verdad apetece descalzarte y sentarte sin pensar mucho en el tiempo pero, en algún momento hay que continuar.




Además de estos rincones para la meditación, el Ryōan-ji tiene otros rincones tanto o más bellos, ideales para pasear mientras decides si este ángulo es más bonito que el anterior. Francamente, no puedo imaginar la visita a lugares así con los viejos carretes de doce fotos como único equipamiento.



El jardín del estanque Kyoyo-chi fue diseñado antes de que el zen se consolidara en Japón, y contrasta con la austeridad de los jardines de rocas. Al igual que en el Kinkaku-ji, ofrece otra imagen especular del cielo de Kioto, esta vez adornada con cientos de flores de loto.



Y así se nos fue casi la mañana entera sin darnos cuenta, pero antes de continuar hay que hacer una parada con un poco de música.

Y esta vez os ofrezco una canción de un estilo un poquito exótico para nosotros. Aunque se parezca a la música que tiene mi juego del mahjong de la Nintendo, fue el primer single y primer éxito del grupo pop Kanjani8. Sí, los de nuestro videoclip debut ^_^U, pero poco tiene que ver este tema con aquél. Esta es una canción de género enka, que engloba todo tipo actualización basada en ritmos folklóricos y tradicionales variados (en este caso un estilo Kawachi Ondo, de la región de Kansai, que me corrija mi profesora si me lee y me estoy equivocando). Hasta el baterista del grupo sale tocando unos taiko en lugar de su batería habitual.

La letra es un canto a su región y se me metió en la cabeza cantidad de veces mientras paseaba por Kioto. Y cuando a mí se me pega esta canción me dan ganas de ponerme kimono y unirme al baile. Anda que tampoco han cambiado nada estos…

Con ustedes, ¡"Naniwa Iroha Bushi"!

Sora! Yoi toko sassa no yoi sassa!


sábado, 2 de octubre de 2010

Miserablemente extasiada

Me encantan los musicales, pero algunos ya sabéis que en mi opinión no hay otro como "Los Miserables".

Este año, la obra de Boublil y Schönberg celebra su 25º aniversario, y lo hace por todo lo alto como se merece. Habrá quien piense de otra forma, pero para mí es completamente insuperable, y cada vez que lo vuelvo a escuchar me reafirmo. Cada vez que la oigo, su música y sus canciones me ponen la piel de gallina y me hacen llorar como si accionaran algún tipo de resorte. Es una emoción intensísima y sorprendente, y ahora que acabo de encontrar este video, además de sentir una envidia bestial hacia quienes podrán verlo, me entran unas ganas locas de coger el primer vuelo que salga para Londres y plantarme en el teatro.


Con vuestro permiso, voy a estudiar mi planilla de turnos, a ver cuando libro cuatro días seguidos.