martes, 29 de septiembre de 2009

Una pequeña pausa para el cine




Esta es la última de Daniel Sánchez Arévalo, que ya me sorprendió agradablemente con "Azul oscuro casi negro" . Me gusta por la naturalidad con la que narra situaciones en un contexto cotidiano, sin tener la sensación de ya visto que últimamente tengo con el cine español. Aunque salí más contenta cuando vi aquella, creo que lo ha vuelto a hacer bastante bien como director y como guionista, apoyado de nuevo por una estupenda plantilla de actores y por la música de Pascal Gaigne.

Tiene la habilidad de encontrar un equilibrio perfecto entre comedia y drama que hace de sus historias algo cercano, y de sus personajes salen frases y pensamientos que te crees, y es posible empatizar con ellos. En este caso se trata de varias historias conectadas por el problema de sus protagonistas con la gordura. Sus circunstancias son todas muy diferentes, y van más allá de los simples problemas estéticos o de salud, que no dejan de ser en ellos una manifestación de algo más profundo.

Por decir algo malo, pues creo que hacia el final la historia pierde algo de fuelle y un pelín de credibilidad, pero aun así salí moderadamente contenta.



Lo confieso. Fui a ver esta en un ataque de nostalgia.

Me gustaron mucho las primeras películas de Isabel Coixet, a pesar de lo lentorras que son y de ser consciente de que se colocaban muy cerca de una fina línea entre la delicadeza y la pedantería. Pero de "Mi vida sin mí" a "La vida secreta de las palabras" pasé de estar entusiasmada a pensar "¿pero qué puñetas dice esta que no me lo creo ni borracha?" en demasiadas ocasiones. "Elegy" ni siquiera fui a verla, y esta... pues acababa de volver de viaje... era joven y débil...

Un tostonazo. Creo sinceramente que se podía haber hecho algo conmovedor, pero me dejó fría. Y aburrida. Me pareció que ha intentado darle a la película un aspecto muy moderno y muy 'guay', pero se ha olvidado de transmitir algo más, y finalmente ha resultado pretenciosa y afectada.

La relación entre la asesina a sueldo-pescadera a tiempo parcial y el comerciante de vinos no me dijo nada de nada. No comprendí en absoluto qué le resultó a ella tan magnético de él como para sacarla de su cueva, ni el papel absurdo del viejo narrador. No me creí a algunos personajes secundarios, y no por sus interpretaciones. Odié el doblaje penoso que Sergi López se hizo a sí mismo, con lo que me gustaba este actor. No reconocí nada del Tokio que he conocido ni de su gente.






Lo opuesto a la anterior. Clásica en su forma pero con un fondo sólido. Muy sólido. Me ha dejado entusiasmada el último filme de Juan José Campanella (otro de estos artesanos que dirige, escribe y lo hace casi todo) y creo que va a ser uno de los mejores títulos de la temporada sin ninguna duda. Después de emocionarnos con cosas como "El hijo de la novia", Campanella llega con una intriga policial interesantísima y un drama humano lleno de sensibilidad, con unos personajes fantásticamente construidos. Pedazo de guión y diálogos, y pedazo de actores, sobre todo Ricardo Darín, Soledad Villamil y Guillermo Franchela. Ah, y preciosa música de Federico Jusid que me dejó pegada a la butaca hasta la última letra de los créditos, a pesar de los esfuerzos del personal de los cines por echarme a base de focos en la cara y limpiadoras.

Me entretuvo, me sorprendió y me conmovió, y me apetece volver a verla.



Y ahora, prosigamos.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Capítulo 7: Asakusa

El distrito de Asakusa es uno de esos lugares absolutamente imprescindibles para enterarte de que has estado en Tokio. Localizado en la zona de Shitamachi, al noreste de la ciudad, a orillas del río Sumida, fue motor de la antigua Edo. De hecho conserva buena parte de la atmósfera tradicional japonesa y cuando te adentras en Asakusa parece que te has colado en una película antigua. Sus calles son un hervidero de actividad llena de ryokanes, comercios, mercados, bares de sake y minúsculos restaurantes de comida típica, que nosotras encontramos cuando aun estaban muchos sin abrir.


Pero si algo ha convertido a este distrito en uno de los más visitados es el templo Senso-ji, dedicado a Kannon, diosa budista de la piedad. Cuenta la leyenda que dos hermanos pescadores encontraron una estatuilla de oro de la diosa. Su señor le construyó un santuario, que más tarde se convirtió en templo, y tanto creció en fama y en tamaño, que algunos años más tarde el shogun Ieyasu le concedió unos terrenos, y así nació un lugar de referencia en lo que se refiere a la espiritualidad japonesa (shinto). En cada pequeño templo o santuario de los que rodean el Senso-ji se celebran al año uno o varios festivales o matsuri (chicas, a ponerse las camisas de "fieshta" para ir al Tanabata Matsuri XDD), que hacen de Asakusa uno de los distritos más pintorescos y folclóricos del país.



La espectacular puerta Hozo-mon es una característica imagen de postal que resulta inevitable contemplar largamente y fotografiar, aunque nos costó varios intentos el encontrar a alguien que pillara el concepto de sacarnos una foto en la que se viera la puerta entera por detrás en lugar de tres metros de suelo por delante.



Antes de cruzar el Hozo-mon dirigimos la vista a la izquierda para admirar esta pagoda de cinco plantas que es la segunda más alta de Japón (creo que la primera es una de Kioto), y tras ello nos dirigimos a la sala Kannon-do, la nave principal del Senso-ji cuya fachada estaba en obras de mantenimiento, por lo que nos perdimos esta vista que a alguno sonará mucho del cine y la televisión, porque es la típica visita de la gente con sus kimonos para dar gracias el día de año nuevo.


Tengo que aclarar que buena parte de estos edificios no son los originales, ya que los bombardeos de la 2ª Guerra Mundial hicieron bastante mella en ellos, e hicieron necesaria su reconstrucción casi exacta. Pacientes y meticulosos que son estos nipones.

En el patio delantero del Kannon-do quisimos saber cuál era la fortuna que nos designaban los dioses, así que sacamos nuestro palito y buscamos el papelito que nos correspondía. Para ello contamos con un asesor inesperado.


A mí me tocó una suerte normalita tirando a buena, a Claire le correspondió muy buena suerte y a Zelgadiss la mejor de las suertes (¡super suerte! ¡yosh! XD). Este hombre con aspecto de salary man con maletín y todo nos explicó que si la suerte era mala podíamos dejala atada en el templo para que los dioses nos la cambiaran, pero que como era buena podíamos llevarla con nosotras a casa. De hecho tengo que decir que las suertes de las tres debieron hacer sinergia porque tuvimos una potra inmensa durante todo el viaje.


Hago un inciso para comentar que el salary man era todo un personaje. Muy simpático y servicial, pero más pegajoso que una lapa. Si alguno conocéis el juego del Animal Crossing de la Nintendo, pues este hombre era como Sisebuto, el vendedor de seguros que te rondaba demasiado cerca como para no hacerle caso, sin decir nada hasta que le diriges la palabra y entonces ya no te suelta ni de coña. Después de contarnos que le gustaría conocer España, la fotito, y tal y cual, yo veía que se nos enganchaba peligrosamente, con lo que le dimos las gracias y le dije sayonara sonriendo y moviendo mucho la cabeza a ver si lo pillaba. Luego nos reimos lo nuestro, sobre todo cuando lo vimos dándole la brasa a otro grupo de chicas XD.


Volviendo con el tema, aquí estoy delante del quemador de incienso impregnándome del humo, pero no para espantar al 'pesao', sino para conservar mi salud según dicen (cosa que ocurrió, porque después de ponerme como una sopa dos días seguidos bajo el tifón no di ni un estornudo).

Entramos al templo y bajamos por una de las escaleras laterales, que daban a unos preciosos jardines públicos llenos de pequeños pabellones y santuarios, cada uno dedicado a una deidad distinta de su mitología.




Me llamaba muchísimo la atención que las estatuas, tanto de apariencia humana como animal, iban la mayoría adornadas con lo que parecían un babero y un gorro de ducha rojos. La verdad es que no he averiguado todavía qué significado tienen. Detrás de esos jardines hay un onsen tradicional muy conocido que sería interesante visitar en otra ocasión, pero dudo que lo del gorro esté relacionado con ello.



Al otro lado del Senso-ji se ubica el Asakusa-jinja , un importante santuario sintoísta dedicado a los hombres que encontraron la estatua de Kannon. Son la muestra de la perfecta coexistencia de las creencias budistas y sintoístas en el pueblo japonés, que no parece dado a adscribirse a una religión o a sus reglas morales, pero sí está profundamente apegado a sus ritos y costumbres.


Tras el recorrido religioso decidimos dedicarnos a las compras recorriendo Nakamise-dori en sentido inverso hacia el Kaminarimon que es la primera puerta y principal entrada al recinto del Senso-ji. Nakamise-dori es una calle cubierta y bastante larga llena de puestos y tiendas con lo más variopinto de artesanía, souvenires, ropa tradicional, dulces y algún que otro cachivache extraño, de donde nos fuimos con montones de regalitos variados para los de casa (vaaaaale, y para nosotras).



Es difícil resistirse al aroma a galletas y dulces que impregnan el aire en todo el recorrido, ya que se hornean allí mismo y son unos puestos preciosos. Aun así, y sin que sirviera de precedente, resistí.




Así llegamos por fin al Kaminarimon o puerta del trueno, donde te espera un ejército de conductores de jinrikisha (esos carros tirados por una persona) vestidos todos iguales, con unas piernas de ciclista que tenían los tíos, que tiraban corriendo del carro como si no pesara nada.


Vale, este debía ser de otra compañía o tenía sucio el uniforme.

Después de eso nos fuimos a almorzar uno de los platos que más me apetecía probar de Japón, que es el katsukare , que en contra de lo que dice la wikipedia, proviene de las palabras katsu (cerdo) y kare (curry), y nos lo servían con palillos. Delicioso ^_^.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Capítulo 6: El museo Ghibli.


Creo que una de las primeras veces que me planteé la posibilidad de viajar a Japón alguna vez fue hace años, cuando alguien daba una conferencia sobre su estancia allí y habló sobre el Museo Ghibli. Me quedé enganchada viendo las fotos y pensé "algún día tengo que ir a verlo in situ". Es por eso que tenía muy claro que ir a ese museo era para mí una cita ineludible, y fue lo primero que hice tras comprar el billete dos meses antes de ir, y antes incluso de tener alojamiento, porque las entradas solo se pueden solicitar por anticipado y con cierta antelación. Esto y la limitación del número de visitantes al día (en un sitio leí que 100 y en otro que 200, así que vamos a dejarlo en 150) se debe a que los fundadores quieren preservar la filosofía del museo como lugar para relajarse y estar en contacto con la naturaleza sin aglomeraciones, el mismo espíritu que desprenden las películas de Studio Ghibli.

¿Pero qué es Studio Ghibli? Pues es uno de los estudios de películas de animación más importantes del mundo, fundado por los directores Isao Takahata y Hayao Miyazaki (creador de Heidi y otros dibujitos de nuestra infancia), responsables de películas emblemáticas y obras maestras como "La tumba de las luciérnagas" , "El viaje de Chihiro" , "La princesa Mononoke" , "El castillo ambulante" , la reciente "Ponyo en el acantilado" o "Mi vecino Totoro" , cuyo personaje se ha convertido en símbolo de los estudios y del museo. Los filmes que salen de esta factoría son célebres y admirados su emotividad, el derroche de imaginación de sus historias, por sus valores ecológicos y humanos, y por sus valores artísticos, ya que en plena era digital continúan haciendo los dibujos y la animación a mano y de forma artesanal en un 95%.


Y dicho esto, vuelvo al museo, que se encuentra en Mitaka, una población bastante apacible de la periferia de Tokio. Allí de la misma estación de tren sale un microbús hacia el museo cada diez minutos. No es fácil confundirse ya que está decorado de forma llamativa con motivos muy del estilo Ghibli. Otra opción era la de atravesar el parque Inokashira, que tiene una entrada directa al museo, dando un paseo de 15-20 minutos, que es lo que me hubiera gustado hacer si no hubiera estado lloviznando.

Nada más llegar este era el aspecto del museo. En la recepción te entregan una entrada que es digna de conservar, ya que es un trozo de una de sus películas, y un plano del recinto.


Desde luego el diseño es una delicia, una mezcla entre antiguo y futurista que te hace sentir como dentro de un cuento. Escaleras de caracol, vidrieras de colores, ascensores de hierro, butacones con orejeras, puertas en miniatura... Buena parte de ello se puede ver en este video, incluido el gatobús de Totoro (¿por qué sólo te podías subir si eras de primaria o menor? Jo...).




Lo primero que visitamos fue una sala oscura que es la que nos muestra la parte técnica de la animación, llena de vitrinas con maquetas, cámaras con luz estroboscópica, efectos ópticos y muestras de animación proyectadas con juegos de lentes y espejos.

Después de dudar entre coger el ascensor o subir la mini escalera de caracol (y de hacer las dos cosas), pasamos a lo que fueron mis salas favoritas del museo, que son recreaciones de los estudios y los despachos de los dibujantes. Es una lástima que no permitiesen hacer fotos del interior porque aquello daría para bastantes instantáneas, y solo he encontrado estas pequeñísimas imágenes.



Es una gozada pasear entre las mesas llenas de lápices gastados, papel arrugado, pinturas, muebles llenos de libros, paredes tapizadas de recuerdos, fotografías, bocetos, acuarelas. Es como si llevaran décadas allí y los artistas hubieran salido un momento dejándolo todo por medio.

En el ala contraria del museo estaban las exposiciones temporales, que actualmente son una sobre Wallace & Gromit, los geniales personajes británicos de animación stop-motion, y una bastate más amplia sobre el proceso de creación de "Ponyo en el acantilado", en la que podías hacer pequeñas animaciones con los dibujos que había en cada rincón, tocar una maqueta de Ponyo encerrada en una burbuja que era blanda y estaba llena de agua (porque allí prácticamente todo es interactivo y se puede tocar), o admirar una urna gigantesca que contenían las pilas y pilas de miles de dibujos empleados en la realización de Ponyo.

De lo que sí conseguí sacar foto disimuladamente es de la cristalera de la cúpula, con el efectivo método de colocar la cámara en mis rodillas y disparar sin mirar.


Otro lugar donde no había nadie vigilando obviamente era en los servicios, y creedme cuando digo que merecían el reportaje.

Después de pasar por la librería y por la tienda de regalos, y de reprimir las ganas de saquearlas por completo, volvimos a bajar para ver el cortometraje inédito que proyectan en el Saturn Theater , una pequeña sala de proyecciones inspirada en las antiguas salas de cine.

Es el momento de explorar el exterior. Se pueden subir las escaleras de caracol para buscar la estatua del robot.


O simplemente contemplar una buena vista del patio y los alrededores del parque Inokashira.



Descansar y relajarte en cualquiera de los rincones tan bonitos que tiene la terraza, o tomarte un café precioso y una tarta con una pintaza tremenda...







Y para terminar os muestro algunos de los tesoros que me traje de allí, de entre los muchos que dejé atrás.


No podía dejar de venir con un auténtico Totoro de peluche, siendo yo coleccionista de Totoros, que los tengo por todas partes. Para la próxima me traeré los pequeñines. Además traje trozos de película de "El viaje de Chihiro" preparados para usarse de marcapáginas. Además de pegatinas y una chapa con el escudo del museo. Se me olvidó meter en la foto el juego de postales con acuarelas de rincones del museo y este DVD del famoso concierto que dio Joe Hisaishi con motivo del 25º aniversario de su colaboración con Studio Ghibli.


Y me di el capricho de esta reproducción en miniatura del castillo ambulante de la película del mismo título. Es metal, por lo que pesa bastante, y se le abren las piezas del castillo como si fueran diminutos cajoncitos, al igual que se desmonta por pisos. Es mi joya de la corona junto con esto:


Es un libro de casi seiscientas páginas con todo el storyboard de "El viaje de Chihiro". Lo tenían de todos los largometrajes del estudio, así que me costó un poco decidirme por uno.

No voy a tener más remedio que volver. Igual para entonces me dejan subirme al gatobús...

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Capítulo 5: El parque "Bueno".

Bueno para morirte de calor, madre mía, que casi me caigo al suelo.

Fuimos al Parque Ueno (上野公園) la mañana del concierto, como dije, y ese fue nuestro primer contacto con el mundo de los templos japoneses y sus costumbres espirituales. Como dijo Zelgadiss, por la mañana fuimos a ver a unos dioses y por la tarde a otros XD.

Según dice mi guía, fue Ieyasu, el primer shogun Tokugawa, quien mandó construir aquí el templo Kanei-ji en el siglo XVII para anular los malos espíritus del noroeste. En 1873, cinco años después de que los últimos partidarios del shogun fueran derrotados por los soldados imperiales, el gobierno convirtió Ueno en parque público. De aquel templo hoy apenas queda nada, pero este parque sigue siendo uno de los más populares por su riqueza histórica y cultural (está lleno de museos), además de por albergar el mejor y más antiguo zoológico de Japón.

Al entrar por el sureste de Ueno lo primero que encontramos fue el Benten-dō, que está dedicado a Benzaiten, diosa budista de las artes, la sabiduría, el mar y protectora de los niños.


Si sigues caminando hacia el estanque Shinobazu, que en realidad son tres estanques unidos, comienzas a preguntarte dónde está el agua, porque la cantidad de plantas acuáticas que lo cubren apenas deja ver un trozo libre. Si te asomas y observas un poco te das cuenta de que tiene un ecosistema de lo más poblado, que haría las delicias de mi antiguo profesor de ciencias, abarrotado de peces, tortugas y ranas muy pequeñitas, con más tránsito que el cruce de Shibuya un sábado por la noche. Premio al que encuentre una basurilla, un papel, una colilla o algo que no deba estar ahí.


Se puede alquilar una barquita de remos o pedales para dar un paseo, pero la verdad es que con el calor que hacía había que tener valor, y sentarte en un banquito o pasear por la orilla a la sombra son dos opciones muy buenas también.



Como por el sur se nos acababa el parque, tiramos para el norte, donde se extendía la mayor parte del mismo. El paisaje de Ueno comienza a hacerse un poco más salvaje y misterioso, con escaleras de piedra y senderos más estrechos y de trazado más enrevesado fuera de los caminos principales. Ideal para perderse intencionadamente en ellos.


Atravesando un largo pasillo de torii rojas se accede al santuario Gojo, dedicado al dios sintoísta Inari, representado en forma de zorros vestidos de rojo. El santuario está medio escondido, y parece casi abandonado, aunque enseguida percibes que está limpísimo y muy cuidado a pesar de que no veas allí a nadie.



Continuamos hacia arriba buscando el Santuario Tosho-gu, una de las joyas del parque Ueno. Data de 1627 y es de los pocos edificios que sobrevivieron desde la época Edo, resistiendo guerras, terremotos y otras catástrofes. Aquí es donde estaba enterrado el shogun Ieyasu originariamente, antes de ser trasladado a Nikko.


Fue una pena que estuviera tapado por obras, pero supongo que después de casi cuatrocientos años necesita retoquitos. Aun así no deja de impresionar el aspecto espectral de la avenida flanqueada por faroles de cobre que llevan hasta él. Eso de noche tiene que ser la leche.

Y después de esto salimos de nuevo al mundo habitado porque, como decía, el parque Ueno es un lugar muy popular, tanto para pasear, como para ver uno de sus múltiples museos de ciencias, historia o arte, o para llevar a los niños al parque infantil o a visitar el zoo, famoso por sus pandas, en cuyo interior se conserva una pagoda de cinco plantas también superviviente del complejo original de Kanei-ji.


Este zoo además es el que sale en ese episodio tan bueno donde Domyoji y Makino tienen aquella cita en la que... bueno.., nada... (¿Qué haceis que no habéis visto ya "Hana Yori Dango" ? XDD)

Ya a aquella hora nuestro organismo tenía un serio conflicto. Por una parte el calor y la humedad nos tenía deshidratadas y con la tensión por los suelos, y por otra parte nuestros nervios estaban disparados pensando en lo del concierto por la tarde, pero esa es una historia que ya sabéis. De camino a la estación nos topamos con esta preciosidad de jardín perteneciente a otro templito que no tengo ni idea de cual era.