miércoles, 3 de septiembre de 2008

Le Mont Saint Michel (1ª parte)


Cuando el autobús se acerca a la bahía notas que te acercas a un lugar especial. Miras a través de la ventanilla y la bruma lo va envolviendo todo, y los campos reverdecen más aun que en el resto de Francia. Unos kilómetros antes de llegar ya se dibuja la inconfundible silueta de la isla, y resulta turbador verla erguirse entre las arenas y el mar.

El antiguo islote de Mont-Tombe se alza en la desembocadura del río Couesnon, que marca la frontera entre Normadía y Bretaña. Cuenta la leyenda que una noche del año 708, San Miguel se le aparece en sueños a San Auberto, obispo de Avranches, y le ordena consagrar aquel islote granítico a su culto y construir un oratorio que, poco a poco y a través de los siglos, se convertiría en el Mont Saint Michel de nuestros días. En el siglo X se instala la primera comunidad de once monjes que viven según la regla de San Benito, y así surge esta abadía benedictina.

Vista de las escalinatas que ascienden hasta la entrada de la abadía. Llegados a este punto se han tenido que subir unas cuantas cuestas y, después quedan por subir algunos escalones más ^_^U. Lugar ideal para quitarte de encima todo lo que lleves de abrigo y respirar un poco.

Como lugar de aislamiento y retiro no podían elegir mejor lugar. Su acceso era difícil y peligroso. Podías perderte en la niebla, caer en uno de los numerosos bancos de arenas movedizas o perecer atrapado por la marea, una de las más pronunciadas del mundo, con hasta doce metros de subida en un mismo punto a una velocidad similar a la de un caballo al galope. Actualmente existe una carretera que jamás queda sumergida, además de que las mareas han experimentado un retroceso en las últimas décadas, lo que provoca que la isla solo quede rodeada de agua en unas pocas ocasiones al año. El resto del tiempo se puede pasear a pie alrededor del Monte, e incluso hacer la travesía a pie desde alguna de las poblaciones de la bahía.

Estas son las mareas bajas alrededor del Monte, y a lo lejos se ven algunos caminantes atravesando la bahía.

Esta es la zona norte de la isla donde, como véis, la gente pasea a sus anchas, e incluso monta en bici hasta donde puede, que no es poco. La del fondo es el islote de Tombelaine, que está desierto y que actualmente es una reserva ornitológica.

En un momento dado, los antiguos edificios del oratorio no bastan para acoger a los monjes y a los peregrinos que llegan hasta allí, cada vez más numerosos. Entonces se procede a ampliar la abadía bajo la protección y la financiación del duque de Normandía. El conjunto románico queda finalizado casi un siglo después, en el siglo XI, según los nuevos gustos y técnicas que reflejan los progresos arquitectónicos. El Mont Saint Michel entra en su apogeo, enriqueciendo su biblioteca con valiosos manuscritos, y recibiendo la visita de príncipes y peregrinos ilustres.

El reino anglo-normando se desmorona a comienzos del siglo XIII y como consecuencia de los numerosos conflictos bélicos en 1204 la villa y la abadía son incendiados en parte, tras lo que el rey de Francia envía dinero para su reconstrucción. Cansados de las estrecheces y la oscuridad de las estancias románicas, se construye un conjunto de enormes salas en tres niveles que se conoce como "La Maravilla". Como su nombre indica, está considerada una obra maestra de la arquitectura gótica.

Maquetas que muestran el desarrollo y la construcción de Le Mont Saint Michel a través de los siglos.

Antiguo montacargas de los monjes, que funcionaba con una polea gigante de madera en cuyo interior se situaba una persona. La pendiente en este punto es tremenda, casi vertical. Carrefour aun no había ofertado repartos a domicilio por aquel entonces.

Esta terraza es llamada "el salto de Gautier", debido a que un prisionero llamado así se mató al tirarse desde ella.

Claustro de la abadía. Un auténtico remanso de paz para relajarse. En primera línea de playa y con vistas al mar.

Parte posterior del Monte y de la abadía, por la que no se puede subir, aunque si saltas se puede bajar muy deprisa. Al pie de la isla se puede ver, de izquierda a derecha, la fuente de San Auberto, donde había que bajar cuando te levantabas con ganas de un vasito de agua, la capilla de San Auberto, para retiros dentro del retiro, y la torre Gabriel, extremo de las murallas de la villa.

Vista de cerca de la capilla de San Auberto. En las rocas se ve hasta dónde puede subir la marea, así que como el monje no terminara de rezar a tiempo había de quedarse unas horillas.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno tu reportaje. No he estado allí pero casi me sabía esta historia, pues es un lugar que siempre me atrajo por su misterio y aislamiento, aparte de su monumentalidad.
Francia tiene todo eso, merece la pena visitarla...

Candela dijo...

Wow. Un diez por esass fotos magnificas, y otro por el reportaje. A la espera, impaciente, de esa segunda entrega!

Elphaba dijo...

En mi casa lo tengo casi terminado, esperando a que el internet dichoso deje de dar la lata, que desde que volví me funciona fatal.
Gracias ^_^, menos la primera y la última que son mías, las demás son de mi padre, y la de las maquetas la encontré googleando.
En los siguientes post también hay mezcladas de los dos.

Ana I. dijo...

¡qué bonito es esto! Eran tontos los benedictinos...

Carlos Castedo dijo...

Le Mont Saint Michel es el sitio al que más me apetece ir desde pequeño. Parece mentira pero como está tan cerca, lo he ido dejando, y aún no me he acercado.
De momento, lo leeré atentamente en tus entradas.

Carlos Castedo dijo...

Por fin me voy al Mont Saint-Michel!!!!!!!!!!!!!!!
Espero que me encante, seguro, como a ti.
Saludos.

Elphaba dijo...

Enhorabuena! Te encantará, seguro. Y recuerda que lo mejor es visitar la abadía recién abierta, porque las horas mágicas son por la mañana temprano y al atardecer a partir de las 6, cuando desaparecen las hordas de excursiones en bus. Y no olvides darte un homenaje gastronómico con vistas a la bahía.