viernes, 5 de septiembre de 2008

Le Mont Saint Michel (3ª Parte)

El gran lujo de visitar el Mont Saint Michel empieza desde media tarde, cuando se van las hordas de turistas en sus autocares y el pueblo se convierte en un paraíso de paz que dura hasta la mañana del día siguiente.


Sobre las seis, esa calle principal (la única que puede llamarse calle propiamente dicha) se despeja, y es el momento de pasear y descubrir los callejones y rinconcitos que no son pocos a pesar de lo que pueda parecer. En este entramado laberíntico, adaptado a los desniveles del Monte como la misma abadía, cada esquinita y cada casa es una postal. Obviamente los vehículos a motor no entran en la villa.



Esta es la calle más estrecha de todo el pueblo. Desemboca en la principal, y en ella está la puerta de entrada a dos viviendas. Además, me crucé con otra persona que iba en sentido contrario XDDD.

En el silencio escuchas tus pasos sobre el adoquinado de piedra, y charlas con los conductores del autobús del pueblo o los vendedores de recuerdos, que quizás te cuentan de dónde son y cómo han llegado allí. Es complicado ver a un lugareño aparte de ellos y del basurero, que hace un gran trabajo. Realmente solo hay 45 monteses, que permanecen en un discreto plano y que incluso acceden a la villa por un atajo en las muralla llamado "camino de los monteses" con una puerta cerrada con llave. Además de la abadía cuentan con su propia parroquia, la iglesia de Saint Pierre, y un cementerio diminuto.

Asomadas desde las habitaciones de nuestro hotel-posada en la Grande Rue. Pensaba que en su interior me encontraría con un aguerrido montaraz bebiendo discretamente en un rincón... ays ^_^U.

Este es el interior de mi habitación, comodísima, reformada conservando toda la esencia rústica y medieval, pero con un cuarto de baño mejor que el de mi casa.

Por otra parte están los monjes, a los que no se les ve el pelo y realmente viven apartados del bullicio festivo que rodea la isla cada día. Se alojan en unas dependencias privadas no visitables y siguen el estilo de vida benedictino. Visitando la abadía por la mañana temprano puedes comprender como hay gente que realmente ama ese retiro. Es un autentico privilegio que no tiene precio, aunque me reconozco demasiado mundana como para prescindir de forma permanente de ciertas comodidades y diversiones de la vida urbana. Pasear por aquellas estancias tremendas, en las que no sabes si mirar al techo, al mar o a qué, me sentía como dentro de "El nombre de la Rosa", y casi creía que iban a aparecer por ahí Adso de Melk o Guillermo de Baskerville a sentarse con nosotros en el antiguo refectorio.

Feliz de la vida yo.

Como se te acaba pronto el pueblo lo mejor es salir afuera, aventurándote en la arena húmeda que llega hasta donde alcanza la vista. El lugar es ideal para hacer senderismo, montar en bici y contemplar las aves. Hay que tener en cuenta que la bahía es zona de hibernación de aves migratorias y sirve de refugio a toda clase de fauna marina, además de contar con unos pastos increibles y riquísimos para las ovejas de allí, al estar en contacto con el mar. Además es zona de cría de ostras y mejillones (una de las delicias típicas, además del pato y de la famosa tortilla normanda que preparan a la vista del público, con utensilios y cacharros antiguos). Este ecosistema y el famoso fenómeno de las mareas convirtieron a la bahía de Saint Michel en patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1987 (el monte, la villa y la abadía lo eran desde 1979).


En los últimas décadas se ha acrecentado la preocupación por conservar el ecosistema que depende de las mareas. Debido a la construcción de la carretera hasta la isla, los depósitos de arena a los lados del espigón y la menor fuerza de arrastre de los ríos hacen que las mareas hayan perdido terreno. Es por eso por lo que ahora ya el Monte casi nunca llega a ser isla completa. Se planea construir a corto plazo una pasarela que sustituya a la carretera, que permita la circulación de agua por debajo, y así recuperar parte del tesoro natural que se está perdiendo.








Como iba diciendo, caminar por aquella marisma es un placer, pero nada como sentarte a la hora de la caída del sol, sin prisa, sintiendote pequeño, sabiendo que estas presenciando algo único y especial, y ver la puesta más maravillosa que te puedas imaginar, mientras se dibuja la silueta del Monte, casi siempre entre nubes (lo que le da más ambiente) hasta que se encienden las luces y ves el destello del San Miguel en lo alto de "la maravilla". Entonces piensas: "menos mal que San Auberto te hizo caso, Miguelito..."

15 comentarios:

Ana I. dijo...

YO QUIERO IIIIIIIIIRRRRRRRRRR!!!!!Guau! una auténtica pasada de sitio. No sé por que pensé que no vivían lugareños allí. Me ha encantado la crónica.

Candela dijo...

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

Me ha encantao esa calle tan estrechitaaa... voy a llevarme a mi supervisora polaca, a ver si la muy cerda se queda ahi empotra pra siempre!!!

Inma dijo...

Jope que sitio mas bonito. Lo que tiene delito es que no sabía que existía. Ni flores, vamos.
Elphaba, las fotos espectaculares y tú mas guapa todavía.

Anónimo dijo...

¡Qué preciosidad! Tengo yo el recuerdo de una película en b/n en el que una chica, huyendo de la marea, subía por una especie de pozo para quedarse en el convento. Se me quedó grabada esa escena porque seguro que hace más de 30 años que la ví.
Volveré por tu blog.
Bsssssssssssss
Cloti

Anónimo dijo...

Ufff... sin palabras me quedo!!! yo soy una fan de Le Mont Saint Michel desde hace años, ya lo sabes, no he tenido la suerte de ir aún, pero tu crónica me hace estar cada vez más cerca, me encanta como has contado la historia y por supuesto las fotos, que me han dejado con sed de más y más. Felicidades por haber estado allí y darnos el privilegio de compartirlo con nosotr@s.

Findûriel dijo...

Ju... qué preciosidad y qué seguro remanso de paz.
Y ¿cómo se te ocurre, siendo una chica de largura extra-size, meterte por tamaña calle? Si es que me imagino tender la ropa allí y que te roce con la pared de enfrente, o ponerte a limpiar la puerta de tu casa desde la esquina con un palo y una esponja XD XD
Me encantan las fotos O.O
Un beso guapa
Findûriel

Alt dijo...

Woooo.

Qué envidia, me ha encantado, ya quiero ir. ¡¡¡Qué bonito!!!

¿Cuántos días estuviste?

Besurcios,

Altáriel.

Elphaba dijo...

Me alegro mucho que os hayan gustado la historia y las fotos. Me había estudiado el tema antes de ir, y la fuente de información para los datos históricos viene en su mayoría de los folletos explicativos de la abadía y del libro "El Mont Saint Michel" de Lucien Bély.
A los que se plantean ir (lo recomiendo) les advierto que lo que es el Monte da para un solo día, ya que es sumamente pequeño (1 km de diámetro), pero considero imprescindible pasar al menos una noche allí ya que, como cuento, durante las horas centrales del día el pueblo está bastante masificado por el turismo, pero a partir de media tarde y por la mañana temprano es el remanso de paz que os imagináis, y es realmente por lo que merece la pena visitarlo: el atardecer, las callejuelas vacías, las cenas en las terrazas, los paseos, la puesta de sol, el despertar de la marisma y la visita a la abadía recien abierta.
Yo estuve día y medio y fuí desde París en tren y bus, pero pienso que un plan ideal es ir unos días a varios lugares de la zona de Bretaña y/o Normandía, que tiene mucho que visitar, y organizarse cada día en un sitio con buses o alquilando un coche (mejor aun). También está la opción naturalista, de ir de camping y senderismo y llevarse las bicis.
Si alguien está interesado en montarse la escapadita le paso dos o tres enlaces con información local.

Susana dijo...

Estoy babeando con estos posts sobre tu viaje. Lo dejo en mi lista de viajes pendientes... pufff, está aumentando pormomentos...

Inma dijo...

¿Viste algún musical en Paris?

Elphaba dijo...

No vi ninguno, y tampoco vi ese ambiente de musicales como te encuentras en otras ciudades. Sin embargo vi algunos carteles anunciando el musical de "Las locas aventuras de Rabi Jacob", la vieja película de Louis de Funes.
Lo que sí me hubiera gustado es ver algo en la Opera Garnier (la del fantasma) o en otro teatro de por ahí que tenía un programa estupendo, pero empezaba en septiembre.

Tinta Verde dijo...

Impresionante.

La verdad es que he disfrutado como un enano, con perdón del mundo acondroplásico, de estos 3 trocitos de tu viaje.

Comprendo bien esa foto que has titulado "yo feliz", muy ilustrativa. las fotos son espectaculares y la lectura muy amena. me ha encantado!!!!!!

creo que nos has puesto los dientes largos a unos pocos. es una envida sana que nos recuerda el verdadero privilegio que nos supone estar vivos.

Gracias por compartir tu viaje, que ya en el fondo es un poquito mío. Un beso.

Anónimo dijo...

Me ha encantado tu descripción del viaje, un lugar increible, ¡la próxima nos llevas a todos!
La foto del callejón buenísima, un placer leerte ;)

Charo Barrios dijo...

(Diré algo que no haya dicho la Candela)...
Veo que has disfrutado con tu viaje y no es para menos, pero con tu crónica nos has hecho disfrutar a los demás -yo ya huelo a El Nombre de la Rosa-
Profesionalmente genial.

(Y ¡pobre polaca!....

Anónimo dijo...

Qué maravilla... Normandía es uno de los sitios de los que tengo "pendientes" para cuando pueda empezar a viajar de nuevo, hace mucho tiempo que le tengo ganas, y aunque Mont S. Michel es pequeño, sí que tengo claro lo de quedarme una noche allí, es la única manera de vivir y conocer el espíritu de un lugar (desde mi punto de vista). Yo siempre lo he hecho así: Como mínimo, una noche. Y al parecer merece la pena, porque donde tu te quedaste es una auténtica preciosidad. Además, está ""relativamente"" cerca de las playas del famoso desembarco, y mi marido es un pirado de la historia militar (me conozco de memoria el Imperial War Museum de Londres, voy a echar mi curriculum para hacer de guía la próxima vez que vaya), a mí, al fin y al cabo todo lo que sea historia me gusta. De modo que a ver Abadias bunkers... (Una que es ecléctica...)