Y digo yo, que vivir en aquella época tendría muchísimos inconvenientes, pero uno de ellos no debía ser el de tener vecinos molestos pared con pared, porque menudas parcelitas que tienen todos estos edificios. El camino que conduce a la primera de las entradas es una avenida arbolada que hace difícil recordar que apenas a una manzana hay asfalto y semáforos. Ese verde transmite sensación de frescor, ¿verdad? Pues mentira cochina, que la camiseta ya estaba para exprimirla.
Puede que seáis como yo, que me gusta conservar las entradas como recuerdo, pero esta concretamente me parece la mar de bonita. Dan ganas de enmarcarla y ponerla en el recibidor de casa, entre el paragüero y el espejo de mirarse de reojo en el último minuto. Lo mismo resulta que dice que está prohibido pisar el césped y pegar chicles en el dorado de la pared pero, como aun no sé leerlo, a mí me parece muy estético.
Los jardines de paseo ofrecen una de tantas estampas de postal que tiene este país. El fondo del decorado está dominado por el monte Kinugasa de Kioto, aunque no se aprecie desde el ángulo de estas fotos. Y especifico de Kioto porque aunque parezca increíble, hay nada menos que ocho montes llamados Kinugasa en todo Japón. Ya me hubiese gustado a mí que cuando estudiaba geografía en el colegio la cosa hubiera sido en plan “los ríos españoles son el Tajo, el Tajo, el Tajo, el Tajo, el Guadalquivir, el Tajo y el Guadalquivir”. Vive Dios que la cosa hubiera sido más sencilla.
El estanque central es de una perfección pasmosa, y no es capricho que su nombre sea Kyōko-chi o espejo de agua. Es un reflejo impecable de cada uno de los elementos que componen el paisaje y el mismo estanque, como esas rocas dispersas cuya disposición nada tiene de casual.
Realmente lo que vemos hoy día, como tantas cosas, es una reconstrucción que data de 1955, idéntica a la original incendiada cinco años antes por un monje budista que estaba obsesionado con el templo y no andaba muy equilibrado. Como curiosidad, la historia de este incendio se encuentra novelada en la obra “El Templo del Pabellón de Oro”, del escritor clásico Yukio Mishima.
Otra curiosidad del pabellón es que fue una fuente de inspiración importante para la construcción del conocido como Ginkaku-ji o Pabellón de Plata, monumento también muy conocido de la ciudad. Cuando el nieto del Shogun Yoshimitsu lo mandó construir, tenía en mente recubrirlo de plata, pero los trabajos se demoraron y a su muerte nadie los llevó a cabo. Este hombre no debía saber que la plata se pone negra, y a ver quién iba a ser el guapo que iba a pasarle a eso el pañito con Sidol.
Aquí me tenéis intentando alcanzar la iluminación mediante el poco eficaz sistema de acertar la monedita en el cuenco.
Pero a pesar de no haberla encontrado nos fuimos más que satisfechas de allí, deseando poder contemplar algún día su estampa con todo el esplendor de la nieve.
Desde allí optamos por dirigirnos al templo Ryōan-ji, o templo del dragón tranquilo, también declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. ¿Y qué tiene este templo que no tengan otros? Pues uno de los karesansui más famosos del mundo. ¿Y ‘ezo’ qué ‘eh’ lo que ‘eh’? Pues es un jardín seco, lo que conocemos popularmente en occidente como jardín zen, aunque esa no sea una denominación correcta.
A pesar de que el templo fue fundado en 1450, justo a mitad del periodo Muromachi, el jardín fue añadido a finales del siglo IV, como extensión de los salones del edificio principal, y tal como es costumbre en este tipo de paisajismo, está compuesto por arena, grava perfectamente rastrillada, musgo y rocas, dispuestos según los principios estéticos de simplicidad característicos del budismo zen.
Los karesansui representan escenas, y contemplarlos es como mirar un cuadro, por lo que sus dimensiones son limitadas para facilitar la observación del conjunto. En este caso, el autor de su diseño es desconocido y nunca dijo qué era lo que representaba su escena. Así que este mar de grava blanca y sus quince rocas han dado pie a muchísimas interpretaciones. Se dice que estos jardines son un medio para la meditación, y que a través de la contemplación silenciosa se pueden resolver los enigmas que encierra la distribución de las mismas. Se han barajado significados de todo tipo, concretos o abstractos, e incluso científicos han tratado de desentrañar la clave de su disposición con métodos matemáticos, pero lo que sí es cierto es que el efecto de su contemplación es relajante.
Al otro lado del salón también hay otro jardincillo cuyo verdor tiñe literalmente la luz, y no es menos relajante que el anterior. Y en verdad apetece descalzarte y sentarte sin pensar mucho en el tiempo pero, en algún momento hay que continuar.
Además de estos rincones para la meditación, el Ryōan-ji tiene otros rincones tanto o más bellos, ideales para pasear mientras decides si este ángulo es más bonito que el anterior. Francamente, no puedo imaginar la visita a lugares así con los viejos carretes de doce fotos como único equipamiento.
El jardín del estanque Kyoyo-chi fue diseñado antes de que el zen se consolidara en Japón, y contrasta con la austeridad de los jardines de rocas. Al igual que en el Kinkaku-ji, ofrece otra imagen especular del cielo de Kioto, esta vez adornada con cientos de flores de loto.
Y así se nos fue casi la mañana entera sin darnos cuenta, pero antes de continuar hay que hacer una parada con un poco de música.
Y esta vez os ofrezco una canción de un estilo un poquito exótico para nosotros. Aunque se parezca a la música que tiene mi juego del mahjong de la Nintendo, fue el primer single y primer éxito del grupo pop Kanjani8. Sí, los de nuestro videoclip debut ^_^U, pero poco tiene que ver este tema con aquél. Esta es una canción de género enka, que engloba todo tipo actualización basada en ritmos folklóricos y tradicionales variados (en este caso un estilo Kawachi Ondo, de la región de Kansai, que me corrija mi profesora si me lee y me estoy equivocando). Hasta el baterista del grupo sale tocando unos taiko en lugar de su batería habitual.
La letra es un canto a su región y se me metió en la cabeza cantidad de veces mientras paseaba por Kioto. Y cuando a mí se me pega esta canción me dan ganas de ponerme kimono y unirme al baile. Anda que tampoco han cambiado nada estos…
Con ustedes, ¡"Naniwa Iroha Bushi"!
Sora! Yoi toko sassa no yoi sassa!
13 comentarios:
Me duelen los pieses solo de leerte!!! Y que caló más grande ma entrao! Oju!!!!
Huy! los Kanjani8 cuando eran 8, :-)
Jeje, de ese karesansui hablé en mi blog cuando me regalaron el jardín zen de "andar por casa" pero me ha gustado más en tu post XDDD.
Me ha encantado vuestro paseo, el pabellón dorado es precioso y sí, esa entrada enmarcala ponga lo que ponga.
Candela, ni te imaginas.
Geno, cuando eran 8 y a media cocción XDD
Me encantó ese templo. La vista del reflejo en el estanque es espectacular.
Y qué bonita la entrada, verdad?. Algún año de estos me animaré a enmarcarla.
Por cierto,nos perdimos el jardín zen. Como bien dices: un aliciente para regresar :)
Así que yo soy un explotador de cámaras... Pues me huele que tu nueva cámara ha sido explotada con ganas en este viaje.
¡Amda!, ¡Confiesa! ¿Cuantas has hecho?
Mmmm... eran 3000 y pico, según dijiste en otra entrada. Es decir, a 1000 y pico por cabeza...
En cualquier caso estoy encantado. Ya no sólo por las fotos sino por cómo las documentas. El día que vaya, en vez de comprarme la guía del Lonely Planet me encuaderno tu blog.
Q pasada de Kioto!! El pabellón dorado me gusta desde siempre, hasta hace poco lo tuve como fondo de pantalla, y encima el libro de Mishima fue el primero que leí de éste autor, y le tengo un cariño especial, además de que es uno de mis autores preferidos. Me ha gustado todo, y entiendo lo del tiempo, yo me quedaría horas y horas con cara de idiota y la boca abierta contemplándolo todo.
Ah, el vídeo me ha gustado un montón, mola ésto del estilo que mezcla tradición y rollo un poco más moderno, además de que ¡quñe narices comen estos chavales! están todos de infarto je je De éstas navidades no pasa el pedirme de regalo el kimono y me marcaré unos bailes con ellos aunque sea virtualmente. Bsos!
Anele, al igual que yo, tú SABES perfectamente que volverás, ¿verdad?
Julio, las mías fueron unas 1600, ¡pero en dos semanas de viaje! Desde que volví solo he hecho 4 o 5.
Carol, jejeje. Cada día descubro que tenemos más cosas en común, jejeje...
qué maravilla ese lugar donde la gente se sienta descalza a contemplar el jardín...
en japón parece que todo está más ordenado. no sólo las construcciones en las que haya intervenido el hombre, sino también la propia naturaleza.
El año pasado viví en Abu Dhabi eso de salir a la calle y pensar que el calor te va a dejar planchado en la acera. Absolutamente imposible caminar y conocer, así que tenéis mucho mérito.
Las fotos de los nenúfares me han impresionado, de verdad. Y has trasmitido muy bien el ambiente propicio para sentarse y meditar.
El otro día vi en el cine Come reza ama y estoy pensando eso de aprender a meditar un rato todos los días.
Me he quedado tan ojiplática y tenía tantas cosas que comentar, que al final no voy a comentar nada... Bueno si, jejeje: El Pabellón Dorado y su historia lo conoce todo el mundo, pero verlo en persona tiene que ser de caerse muerta allí mismo... Qué preciosidad. EStoy por instituirme monja a mi misma y hacerme un pabelloncito de estos para ponerme a meditar cuando me dé por ahí. Eso sí, lo de tirar la piedra para acertar en la roca que toque y entrar en estado de meditación, mal. Yo acabaría histérica, nada de relax. Los paisajes no tienen precio, pero como dices, es para quedarse allí de contemplación sin tener que andar mirando el reloj. Qué maravillas!!!!
Eso espero, CREERME de verás que volveré.
Por cierto, hay algo que se me olvidó comentarte. Quizás te gustará saber (nos lo contó nuestra guía en Kioto) que esa famosa entrada del templo dorado de la que cuelgas foto no "reza" nada de "no tirar papeles", etc... sino que es una especie de verso-bendición-protección para el hogar, así que mayor razón para enmarcarla y colgarla en algún lugar de tu casa. Yo de momento la tengo en el álbum de recuerdos, pero espero animarme un día a enmarcarla.
Uy, pues no sabes tú lo que me alegro, jejeje. La enmarcaré seguro.
Ais, que ganas de volver! Si es que leyendo tu post no me hace falta hacer ninguno en mi blog, ya lo dices todo y super bien dicho y detallado.
Realmente la entrada al templo es genial, y me alegro de que sea un verso! Que descanso! jejeje
La verdad que el calor era muy inhumano, pero la ilusión de estar allí puede con todo, eso sí, sudando y bebiendo sin parar y tomándonos nuestro tiempo (o no... jejeje)
Viva Kanjani8!!!! Esa canción es genial y la verdad es que dan ganas de ponerme el "traje de fiesta" y bailar! jejeje
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