Algunas veces me asomo al interior de una película como si de un pensadero se tratase, y me gusta descubrir infinidad de cosas de gente que está a miles de kilómetros, geográfica y culturalmente. Me gusta que me sorprendan y salir por un rato de esa percepción unidimensional que tenemos a veces del mundo.
Hace poco me ocurrió con dos películas deliciosas: "Persépolis" y "Caramel". La primera es ya archiconocida, tanto por sí misma como por el cómic que la precede. Es una visión de una parte de la historia que muchos creíamos conocer, pero desde un ángulo que nunca nos habían contado: el de quienes la han vivido. Tanto en papel como en pantalla me sentí partícipe de los recuerdos y los pensamientos de Marjane Satrapi y me pregunté a mí misma quién hubiera sido yo si hubiera estado allí y entonces.
La otra película, "Caramel", que pasó por aquí más desapercibida, está también escrita, dirigida y protagonizada por una mujer, la libanesa Nadine Labaki. Es un retrato bastante más positivo y amable, pero no exento de mensajes poderosos a pesar de sus licencias poéticas. Las mujeres de Labaki viven en la diversidad reinante en Beirut. Cada una de una edad, una forma de ser, una religión... pero todas van a la peluquería.

Y la cosa es que no acostumbras a pensar en las mujeres del Líbano de esa forma, ni en las de Irán, porque no es el aspecto que vemos siempre en las noticias, pero me gusta comprobar que esa distancia de la que hablaba es, como dije, cultural y geográfica, pero no sentimental.
3 comentarios:
Es verdad... una de las cosas buenas de trabajos como el nuestro es la cantidad de personas que conocemos. La cantidad, la calidad y la variedad. Yo he conocido a muchos musulmanes, algunos de Marruecos, otros de Mauritania, otros de Senegal, algunos blancos, otros negros, otros mulatos... en fin, de todo. Y a pesar de las diferencias culturales, que las hay y son bien palpables, o de las diferencias sociales, que son también constatables, es muy cierto eso que dices. El ser humano, a lo largo del planeta es muy diferente, pero sentimentalmente todos somos iguales. Una sonrisa es igual a lo largo de todo el planeta.
Otra cosa es comparar hombres y mujeres... Lo digo por el título de tu post... te pregunto: XY es XX?
Pues depende en qué aspecto, supongo.
bueno la verdad es que tienes mucha razón. ya sabes que acabo de leer a Khaled joseini, en su magistral obra "cometas en el cielo". es curioso ver como un afgano culto y bien formado acaba echando gasolina a loc coches de san francisco y vendiendo en un mercadillo norteamiericano. cuando su hijo cuelve a afganistan uno tiene la sensación de pasar una línea imaginaria, de lo real y el irreal, del presente al pasado. las lágrimas son incoloras como los sueños, y sin embargo muchos piensan que los niños saharauis no deberian veranear en españa para que no sea mas dura la vuelta a su vida diaria. es la hipocrita sociedad en la que vivimos la que encasilla a las personas. No creemos de verdad en la igualdad porque nos da miedo salir perdiendo. el razismo es miedo a lo desconocido e ignorancia de todo aquello que no podemos palpar.
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