domingo, 18 de mayo de 2008

El patchwork


Son curiosas las relaciones por internet. Y no me refiero a los ligues, tonteos o rollos amorosos, sino a las relaciones en general.

Frente a los escépticos que piensan que todo es ficticio, afirmo rotundamente que son posibles, y muy posibles, las amistades auténticas originadas en la red. Todo depende de la actitud que uno mantenga ante el medio, desde luego, y también tengo claro que las amistades no se buscan, sino que se encuentran de forma imprevista. Cuando la simpatía y las afinidades se descubren por casualidad y sin pretenderlo es cuando uno tiene más garantías de que la conexión que tengas con alguna persona sea auténtica y no forzada o fingida. Si es que existen garantías para ello, claro, porque ¿cuántos amigos conocidos de forma convencional nos han salido "rana"? Más de uno, seguro. De hecho, en la ardua tarea de seleccionar amigos, hemos tenido siempre el campo muy limitado básicamente a los compañeros que te tocan en suerte en el colegio, el trabajo, los vecinos, etc. Y lo que hay es lo que hay, bueno o menos bueno. No hay duda de que abrirse a la red elimina miles de fronteras geográficas y amplía el abanico de opciones de forma exponencial.

Una vez que conectas con alguien es posible que, incluso en varias semanas, conozcas a esa persona más profundamente de lo que has podido conocer a gente de tu pandilla en años. No cabe duda de que dentro de una pandilla tenemos amigos y amigos, y con algunos, fuera de ese grupo, jamás has tenido realmente una auténtica conversación. Y precisamente conversar es casi lo único que puedes hacer con tus "ciberamigos" (no aguanto este tipo de términos, por cierto).

Naturalmente el colofón de todo esto viene a ser el encontrarse en carne y hueso, compartir vivencias más allá de la red, que es para lo que uno quiere amigos, para compartir.

Pero decía al principio que me parecen curiosas estas relaciones, y esto es principalmente por una cosa. Podemos pasar sin saber de algunos de nuestros buenos amigos de siempre durante semanas, o incluso meses en algunos casos. No nos extrañamos y damos por hecho que están ahí, y que están bien, y sabes que sólo tienes que coger el teléfono para encontrar señales de vida, e incluso un café que compartir.

Sin embargo, cuando un habitual de internet desaparece de pronto un par de días, a veces se da el caso de que nos produce cierta inquietud y ya pensamos que le ha sucedido algo. A lo mejor es simplemente que se le ha averiado el ordenador, pero a lo peor es otra cosa. Cuando ocurre eso te das cuenta de que esa persona se ha convertido en algo más que unas letras saliendo en tu pantalla. Te has acostumbrado a que forme parte de ese patchwork que son tu gente, y la echas de menos, y te preocupas. La aprecias. Y si esa relación aún no ha superado los límites de la red no tienes otra forma de comunicarte, y no quieres que ese amigo incipiente se desvanezca sin una señal. Y te gustaría que allí donde estuviera supiera que estás ahí para lo que necesite. Y esperas que todos tus amigos, los hayas conocido de la forma que sea lo sepan también.





Un beso a todos los amigos de siempre que siguen siéndolo después de tantos años y tanta dejadez, y a todos los conocidos de internet que dejaron de serlo para ser ni más ni menos que amigos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces pienso que la red es un atajo hacia el alma de las personas. y eso que no creo en el alma. pero ya me entiendes. muchas veces con un café en la mano, y una sonrisa en los labios perdemos la capacidad de conversar. todo se hace superfluo. es una sensación desconcertante, como si hablar de política, cines o libros fuese una pérdida de tiempo. la tirania de la diversión. el mundo de las superficialidades y de las noticias rosas nos envuelve y fagocita. es como si el tiempo tuviese que emplearse forzosamente en lo cotidiano.
en resumen, me parece interesante poder sentarse a solas, en la madrugado, solo con tus sentimientos y sentir la tinta de tus dedos diluyendose en mensaje "cibernético". uyy, palabra fea ¿verdad?. pero sí, es una gozada. decir los que uno siente. es como llenar los pulmones de aire fresco.
Recuerdo que de niño gritaba entre los quebrados de Grazalema. esperaba oir mi propia voz. el eco de mis palabras. ahora que ya soy mayor, me encanta oir voces distintas a la mía.

Alt dijo...

Cómo me suena, hija... xDDD

Besucos, hermosa!!

Candela dijo...

Pues aqui un saludo de una amiga en la distancia que de cibernetica (tambien odio esos termnos), tiene poco, soy de crne y hueso.
Y si, es curioso. Yo ahora he quedado esta semana con una chica mexicana a la que he conocido porque es lectora habitual de mi blog. Por los casuales de la vida, resulta que ambas vivimos en Liemrick, y compartiendo un mismo idioma, y la pasion por Mafalda, estoy segura de que tendremos, tambien, muchas otras cosas en comun.

hamlet dijo...

Es muy cierto. Nos acerca de una manera nunca antes vista. Impensable cuando eramos peques. Si bien no es menos cierto que la red lo hace todo más fácil, no tienes que mirar a los ojos, no sientes silencios tensos, no tienes por qué interactuar más de lo necesario. Si hay algún problema basta una mentira: un fallo de conexión, un no tenía tiempo, un la página daba errores, qué sé yo...

Elphaba dijo...

Las mismas circunstancias que facilitan la mentira, favorecen la sinceridad sin complejos, y sigue pillándose antes a un mentiroso que a un cojo. Además, los "profesionales" de la mentira lo hacen igualmente mirándote a la cara.
De todas formas no pretendía "vender" las bondades de internet, sino reflexionar sobre las formas misteriosas en que uno puede encontrar un amigo.

Silmaril dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo, Elphaba. La red a mí me ha proporcionado grandes encuentros con grandes personas con las que ha surgido esa conexión casi espontánea que a veces surge entre la gente, de la misma manera que si los hubiera conocido en un bar yendo de marcha. Y para mí, son igual de amigos que los que conocí de forma convencional, y me preocupo igualmente por ellos, y los quiero de la misma forma, y no hago diferencias por el cómo llegaron a mi vida. Además, luego están aquellos a los que has conocido en una experiencia de 3 ó 4 días y que, gracias a internet, puedes seguir conociendo ... Y todos ellos son amigos. Al menos así los siento yo. Y así los considero a todos. Y así los quiero. Amigos todos.

Anónimo dijo...

Recuerdo cuando empecé a conectarme regularmente a internet, hace ya algunos años. Al principio mi filosofía más o menos explícita era la de "ciberamigos". Pensaba que la gente con la que me encontrase no pasaría a ser más que personas con las que hablaba de vez en cuando, pero que estaban ahí,detrás de una pantalla, que iban a permanecer siempre ahí porque lo iba a sentir así, sin ninguna necesidad de, por ejemplo, llegar a encontrarnos algún día. Más que nada porque se me hacía "raro", porque es muy distinto a lo está acostumbrado uno, a cómo estamos habituados a acercarnos y a conocer al otro.
Ocurrió casi sin darme cuenta, de forma muy natural, y muy sutil también. En ese proceso, mi escepticismo se desvaneció, y empecé a querer, y a necesitar ver qué había más allá de la pantalla.
Y ahora sí, "ciberamigo" me suena mu feo XD
Un besazo pa ti también, wapetona :D