El Castillo Nijō de Kioto, o Nijō-jō, supone un poco de variedad después de tantísima arquitectura religiosa. De la inmensa cantidad de lugares visitables, este es sin duda uno de los imprescindibles según la mayoría de las referencias que encontré en mis guías (por supuesto también incluido en el listado de la UNESCO), pero lo cierto es que mi interés por la historia antigua del país, los shogunes y la vida en la corte, me hubieran hecho visitarlo de todas formas.
El Nijō-jō está en pleno centro de la ciudad y no en lo alto de una colina, por fortuna. Se rodea de unas dobles murallas, larguísimas por cierto, desde fuera de las cuales apenas se ve nada, porque no es un edificio del estilo que nos puede venir a la mente con la palabra castillo, con escalinatas y altos torreones. No es tipo Exin Castillos (grandísimo juego, dicho sea de paso), para que nos entendamos.

El castillo son en realidad dos palacios independientes, el Ninomaru y el Honmaru, formados por varios edificios cada uno, mandados a construir en 1601 por Ieyasu Tokugawa (de los Tokugawa de toda la vida), primer shogun de la dinastía que gobernó Japón durante más de 250 años hasta la restauración del Emperador Meiji. Por cierto, que ya tuve ocasión de visitar el año pasado la tumba de Don Ieyasu en Nikko.
Las dependencias que se visitan son las del palacio Ninomaru, el más extenso (3300 m²) y más lujoso de los dos. Para entrar a él se accede desde la calle por la Higashi Otemon o Gran Puerta del Este para llegar a la espléndida Karamon y sus adornos en madera tallada.
Y de esta forma encontramos la puerta del palacio propiamente dicha, que tampoco está nada mal, y el azul del cielo también le hace bastante bonito. Como estaba prohibido hacer fotos en el interior y creo que merece mucho la pena verlo, he escaneado algunas páginas del libro que compré a la salida.
Su arquitectura no puede ser más sencilla, con las clásicas estancias despejadas y separadas con paneles, y sin embargo la riqueza de los detalles decorativos, las pinturas, los techos, todo da muestra del esplendor del que debió gozar el Nijō-jō.
Curiosísimos son los suelos de madera, llamados suelos ruiseñor, porque están diseñados de forma que el roce de sus piezas al caminar sobre él produzca un chirrido muy peculiar que recuerda al canto de estos pájaros. Un curioso sistema de “alarma” para evitar que nadie se acercara sigilosamente al shogun para atentar contra él. Como la visita hay que hacerla debidamente descalzado, los únicos sonidos que se oyen al andar son los de la madera.


De todas las estancias, las más ostentosas son quizás las que componen el Ohiroma, utilizadas por el shogun como salas para recibir a los señores feudales en encuentros oficiales, seguidas muy de cerca por las estancias del Kuro-shoin, diseñadas para las recepciones privadas. Mirad qué techos.



Finalmente, al fondo de todo se encuentras el Shiro-shoin, con los salones privados y dormitorio del shogun, en los cuales las pinturas tienen unos tonos mucho más suaves y relajantes, con más paisajes naturales y menos dorados. Vamos, que se ve que en sus habitaciones no necesitaba impresionar a los visitantes.

Oh, ¡una estantería! Umm… eh… qué mobiliario tan… profuso, con lo que yo daría por unos buenos armarios empotrados y una pared extra forrada de estanterías ^_^U.

Una vez terminada la visita del interior, antes de pasar a la isla interior donde se emplaza el Palacio de Honmaru, nada como admirar los jardines de Ninomaru, con su cuidado paisajismo rocoso, donde el amable joven que se aleja nos hizo una foto muy chula.
Mediante este puente se llega al interior de la fortaleza que circunda la isla interior, y que protege el Palacio de Honmaru. Aunque no se visita, parece ser que su estilo es bastante más sencillo, y sus fines eran más sociales que políticos.
Solo quedaba visitar los jardines Seiryuen, bastante posteriores a la construcción del resto del castillo, con su cenador y su casa de té, en los que hoy día se organizan ceremonias del té en la época en que florecen los cerezos y los ciruelos del jardín.
Muy bonito todo, pero entre tanta arboleda de esa parte no se me va a ocurrir más parar a hacerme una foto porque las abejitas que habitan por allí tienen tela de mala leche. ¡Con abejas así el shogun no necesitaría escolta! Vamos, que por poco tengo que dejar allí el trípode porque tuvimos que salir prácticamente por patas de allí con las dos abejitas detrás, como en los dibujos animados. Me cago en la leche con la fauna voladora japonesa y los parientes de la abeja Maya….


En fin, el Nijō-jō es todo un símbolo de una era y del esplendor de una estirpe. No deja de ser curioso que lo que supuso una declaración de supremacía y poder para el primer shogun Tokugawa, sirvió siglos más tarde para que Yoshinobu Tokugawa, el último shogun de la dinastía, renunciara al cargo tras la Guerra Boshin y le devolviera el poder al Emperador Meiji, lo que marcaría el comienzo de la modernización de Japón (tema que se toca en “El último Samurai”, esa peli donde muere hasta el apuntador pero Tom Cruise sale ileso, y perdón por el spoiler).
Y para poner la banda sonora del post de hoy dejo no una, sino tres muestrecitas. Esta vez se trata de dos instrumentos tradicionales como son el shamisen y el taiko. El shamisen es un intrumento de cuerda que recuerda bastante al banjo, y el taiko pues es un tipo de tambor. De ambos se pueden sacar unos sonidos fascinantes (es increíble para lo que pueden dar tres cuerdas) y no he podido elegir entre estos tres videos.
El primero de ellos es de una actuación de un grupo de taiko, el segundo de dos solistas de taiko y shamisen respectivamente, y el tercero es una espectacular demostración alucinante de que con shamisen también se puede hacer rock. ¡Disfruten!
9 comentarios:
He disfrutado tanto este post, que no se ni qué comentarte. Personalmente, me encanta este tipo de decoración, me explico: Me refiero al minimalismo, con apenas mobiliario y tanto espacio visual. Aunque logicamente, yo también necesitaría estanterías, no una en todo el castillo...
Por otro lado, impresionante tanto el espacio que ocupa cada palacio, lo de los 3300m es tremendo, como el lugar en el que se encuentra emplazado. En medio de la ciudad, y sin embargo, es un auténtico remanso de paz, parece que se encuentre uno en un lugar perdido de la montaña. La ornamentación es de auténtico lujo, y no tiene nada que envidiarle a ninguno de los estilos europeos artísticos (y te lo dice una adoradora de esos estilos europeos en cuestión).
Lo de las abejas... Yo tuve un problema similar con una ardilla en un parque de Londres, de modo que si tu tuviste un encuentro con la familia de la Abeja Maya, yo con BAnner y Flappy, de modo que estamos a la par.
Lo dicho: Alucinante.
Y gracias por escanear las fotos del libro para poder disfrutar del interior, como dices, merece la pena.
Pues ya verás cuando cuente lo de Bambi...
Para que luego digan que los dibujitos animados no existen... La gente habla por hablar xDDDDD
Oooooh, que sitio más impresionante!!
Mola la música XD
La arquitectura japonesa trasmite mucha paz y mucha armonía. Las grandes obras occidentales siempre impactan por su grandeza pero ésta te llega directamente al alma.
Malditas abejas asesinas! Pero es que no pararon de atacarnos! Y al final nos quedamos sin esa foto por su culpa! jejeje Ya había muchas cuando paramos en la máquina de bebidas que había en ese sitio para descansar, y nos costó deshacernos de ellas!
La verdad es que es precioso el Castillo Nijo! Me encantó! Por dentro es genial! Me encantaba el ruido de pajaritos que hacía el suelo! Era super gracioso!!! Una maravilla de sitio!!!
qué bien se tiene que estar en uno de esos salones tan amplios, forrados de madera por las cuatro paredes, suelo y techo, con esos dibujos que relaja mirarlos. te descalzas y te sientas en el suelo a tomar un té... estos japoneses saben hacer las cosas!
Pero qué maravilla, me he enamorado del castillo, y lo de los suelos de ruiseñor!!! Pero qué ideas más originales, yo quiero ir!!!!
Estoy con Inma, me transmite mucha tranquilidad la arquitectura tradicional japonesa.
Ay, ay, ay, que me estoy imaginando lo de Bambi...
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