Hoy se cumplen tres meses desde que volví de Japón, y ya se va acercando el final de las crónicas del equipo Aiba por aquellas tierras (lo prometo), así que toca cerrar esto del turismo gastronómico (o turismo fetichista, como prefiráis) con nuestra visita a Chiba.
Esta vez sí sabíamos hacia dónde íbamos (más o menos), por lo que la cosa fue algo más tranquila que en la anterior excursión. Teníamos una línea de tren, la Sobu Line, el nombre de una estación,
Makuhari-Hongo, y un preciso plano de la zona... sin nombres, cómo no. Solo que íbamos un poco justas de tiempo porque se nos fue el santo al cielo en cierta tienda de nuestra meca de Harajuku. Jo, ¡es que sin algo de tensión no mola tanto!
Chiba es la capital de la prefectura del mismo nombre, con casi un millón de habitantes, un puerto importante, colindante con Tokio, ciudad dormitorio y prácticamente apéndice de la capital, por lo que no os extrañe el hecho de que tanto el aeropuerto más importante de Tokio y el Disneyland de Tokio estén en realidad... en Chiba.
¿Pero qué nos puede ofrecer esta ciudad que no llega a los noventa años de antigüedad? ¿Qué hay en la ciudad de Chiba? Pues muchos barrios residenciales... un zoo muy bonito... el tren monorraíl más largo del mundo... ejem... muy interesante. Ah, y el
restaurante Keikarou.

El Keikarou es el restaurante familiar de los padres de Masaki Aiba, el miembro más patoso, desafinado, tierno e hilarante de los Arashi (que puede que los haya mencionado antes, no sé), culpable del nombre de nuestro clan viajero, y de grandes momentos de descojone televisivo. Porque ya lo he comentado de pasada, pero los artistas pop allí lo que menos hacen es cantar, y el que menos presenta un par de programas de entretenimiento en la tele. Este presenta de forma fija nada menos que cuatro. Semejante personaje no podía ser menos que nuestro ídolo. Se podría decir que somos "Masakistas".
Tras cierta confusión inicial localizamos el Keikarou sin problemas muy cerca de la estación (así me gusta, que los ídolos vivan bien comunicados y me faciliten el trabajo) en una calle tranquilísima llena de viviendas unifamiliares por la que pasaba un coche cada diez minutos por lo menos. No es mal sitio para vivir sosegadamente, no.
Sin embargo en la entrada del restaurante había por lo menos una docena de personas haciendo cola, abuelete con bastón incluido. Situación de alarma. El restaurante cerraba a las 2 de la tarde para abrir de nuevo a las 5, y en ese momento era la 1. En aquel momento salió una mujer de mediana edad pero con ese aspecto joven envidiable que tienen allí (por las noches se meten en formol o algo, porque el Shiseido no puede ser tan eficaz) y se puso a anotar los nombres de la clientela. Vimos que al grupito que estaba por delante de nosotras le explicaba algo con cierta preocupación, y las chicas se marcharon con cara de desilusión.
"Mierda, a esas les han dicho que se larguen que ya no hay tiempo antes de que cierre".
La mujer se dirigió a mí y me preguntó el nombre. Tengo que aclarar que en Japón se guardan bastante de tomarse confianzas, e incluso entre conocidos de mucho tiempo se llaman entre sí como
"Fulanito-san" (señor Fulanito, siendo "Fulanito" el apellido), con un poco de más confianza se usa el
"-kun" para chicos jóvenes, y más familiar aun el
"-chan". Con el nombre de pila prácticamente solo familia y gente muy muy cercana. Así vimos que las personas que teníamos delante daban su nombre con el
"-san", pero yo muy directa solté sin pensar mi nombre de pila. La maître debió entenderlo mal y quedé anotada como "Mari-san" en perfecto
katakana. Ya se me ha quedado el mote.
Entonces nos explicó lo que imaginábamos, que si la hora, que si ya estábamos anotadas pero para las 5 porque el último pedido a cocina se hacía a las 2 menos cuarto, etc. Nuestra cara era un poema, discutimos entre nosotras qué hacer, porque allí no había nada que hacer durante tres horas y pico, y tampoco tendríamos tiempo de volver allí desde Tokio, ni ese día ni otro. Total, que ella no nos entendía, y nosotras no podíamos negociar la situación en japonés, que era lo único que ella hablaba. Observó con cara de confusión nuestra mirada de perrito abandonado y pasó de nosotras, que nos quedamos en la cola erre que erre, por si las moscas, mirando por la ventana y murmurando "¡pero que coman rápido, c*ño!".
Total, que se fueron las de delante y todas las que estaban por detrás, y a nosotras nos dejaron pasar las últimas, diez minutos antes de la hora límite.

Nueva situación de alarma. La carta era amplísima, pero ni una puñetera foto o palabra legible. De nuevo la mujer, con una amabilidad y una paciencia infinitas, nos mostró la carta y comprendimos que tenían tres menús de menos a más abundante según el precio. Solución: pedir totalmente a ciegas el más barato y el más caro, y compartirlo entre las tres. A posteriori me enteré de que la buena mujer era la señora Aiba, madre del artista, mucho más discreta y japonesa que la anterior madre de artista. Maldición. Si lo llego a saber antes le hubiera dicho que nos sirviera a su hijo así crudo, para compartir.

En fin, el local era bastante amplio y luminoso, sencillo y nada encorsetado, de tipo familiar, pero se notaba cierta categoría en los detalles, con sus camareras uniformadas y una decoración muy bonita y con estilo, y dos zonas diferenciadas, una de tatami para sentarse en el suelo y otra con mesas (la nuestra). Inspeccionamos todo lo posible, sobre todo el rincón de la entrada, que tenía varios cuadros, dibujos y detallitos que había llevado la gente, dos cuadernos de firmas (en los que, cómo no, dejamos nuestra impronta), y varios garabatos a modo de autógrafo que habían dejado los del grupo en alguna de las ocasiones que habían ido a comer a casa de su colega en los últimos años.

Empezaron a llegar platos variados y a llenarse la mesa, y nosotras a descubrir qué puñetas habíamos pedido. Aquello se convirtió en un banquete en cantidad y calidad. Ensaladas, sopa de miso, unas cosas crujientes verdes y amarillas que no sé lo que eran, arroz, un par de guisos distintos de carne con verduras, setas, etc, y por supuesto gyozas. Unas gyozas tremendas de buenas y de grandes. Y para terminar una pera-manzana de esas extrañas y un tazón de té.


Comimos que parecía que habíamos estado en ayunas una semana, y además afirmo que fue la mejor comida que hicimos en todo el viaje, con perdón de la señora Koyama, y eso que todas fueron muy buenas. En total, nos pusimos como el kiko por 14 euros... ¡las tres!

Y bueno, ya que teníamos otra camiseta taurina en la bolsa no nos la íbamos a llevar de vuelta, aunque sabíamos que esta entrega sería menos personal. La receptora, la chica que nos cobró en caja:
Elphaba: - "Aiba-kun no purezento desu". <--- traducción: "un regalo para Aiba-kun"
Camarera: - "¿Masaki?"
Elphaba: - (¡Pero bueno! ¿Cómo que Masaki? ¡Qué confianzas son esas! Este tío fijo que le coge el culo a la camarera regularmente cuando vuelve a casa los fines de semana. Y claro que es para Masaki, ¡no va a ser para su padre!) "Mmm, hai". <--- traducción: "mmm, sí".
El de los souvenires de mi pueblo no se puede imaginar donde ha terminado su género. Vamos, ni yo tampoco. Ahora debe lucirlo algún repartidor de Chiba.
Nos hicimos fotos, nos hicieron fotos, hicimos fotos a gente que nos hizo fotos, nos sorprendimos con las señoras mayores que andaban locas haciendo fotos y, finalmente, se nos acabaron los ángulos de la fachada del restaurante que fotografiar. Así que sacamos la cámara de video.

A las tres de la tarde hay poca gente y poco que hacer en Chiba (y en casi cualquier sitio). Ninguna de aquellas calles residenciales, con sus comercios y restaurantes de barrio nos parecieron especiales ni bonitas (aunque muy cuidadas, eso sí), aunque algunos detalles muy japoneses nos recordaban muchísimo a decenas de películas y series, incluida "Shin-Chan". Pero en particular nos vino a la mente "Stand Up!!", dorama muy especial para las tres y al que he hecho referencia en más de una ocasión. El caso es que esas calles nos inspiraron mucho, y se nos ocurrió rodar un cortometrajillo emulando esto en plan homenaje.
Nos tomamos la filmación muy en serio, aunque fuera en realidad un auténtico cachondeo, para nosotros y para unos camareros que se estaban descojonando a gustísimo viéndonos repetir las tomas "complicadas" (puñetero salto... XDDDD) en una de las localizaciones :P. El resultado final quedó genial gracias a la pericia de Claire con la cámara, a mi colaboración en el "guión" y la dirección de actrices, pero sobre todo, de Zelgadiss como responsable del montaje y edición final de las escenas, con créditos y la cancioncita incluidos.
Por supuesto esto no verá jamás la luz, como el resto de las casi cuatro horas filmadas durante el viaje XDDDDDD.
Ays...
8 comentarios:
Bueno, no te voy a negar que comimos super c*jonudamente en el restaurante de la familia Aiba pero si hubieras probado el ramen de miso de la madre de Koyama no habrías dicho tan rápida y facilmente que es donde mejor comimos. Dios con lo fan que soy yo del ramen y ahora la próxima vez que quiera saborear uno tan rico sé que tengo que coger 3 aviones y 3 trenes (en total) para llegar de donde cristo perdió la sandalia y pedirlo... Buaaaaa!!!!
¿¿¿No te atreves a poner el vídeo de Stand up! ??? Jejejejeje, yo no digo nada... pero sí, no nos quedo nada mal. Me lo curré editando como pude para sacar algo parecido al original porque lo que habíamos grabado no se parecía mucho al vídeo de la intro del dorama, pero bueno, tampoco es que nos acordáramos muy bien de como era a la hora de grabar allí.
Anda que no tenían cachondeo ni nada a nuestra costa los de la tienda de la calle aquella donde grabamos, XDDDD
No digo que no estuviera buenísimo, pero ahí comimos solo eso, y en el Keikarou fue un festín bastante más variadito, y encima pidiendo totalmente a ciegas.
Nuestro video d Stand Up es de distribución muy limitada XDDDD.
¿QUE NO HAY VÍDEO?????
¡QUE ME DEVUELVAN EL DINERO!!!!
¡Ainssss, no se por donde empezar! Que para el próximo viaje ¡no se como! pero me cuelo en una de vuestras maletas, jajajjaja. Me encanta la foto que teneis con el cartel de Aiba (¿os he comentado ya que cuanto más lo miro más me gusta? ajajajja)Que así da gusto comer: bueno, bonito y barato, joer. Y nada, que seguro que a Aiba le queda la camiseta que le dejasteis como un guante. Cualquier día la pone en cualquiera de sus programas.
¡Ainssss, ese video, ese video...!
jajajaja Me encantó ir a la meca del masakismo! Estaba todo muy bueno, pero... jejjeje creo que, sintiendolo mucho por el dios Aiba, el ramen de los Koyama estaba tremendo y me gustó más. Pero no significa que el restaurante de Aiba no fuera bueno, eh? Que estaba todo riquísimo (y eso que no sabíamos que pedíamos) y super bien de precio!!
No sabia que esa mujer con la que hicimos el "wakarimasen" era su madre!!! En serio?!! Que guai!!!
El rodaje improvisado de nuestra versión de Stand Up fue genial. Mucho parecido con el real tampoco tenía (visto ahora de nuevo) pero a Leyre le ha quedado de coña el montaje!! Yo estoy haciendo la versión extendida del Stand Up para el DVD del viaje que algún día en la vida haré, lo prometo!!!
¡Qué hambre más grande me acaba de entrar!
Bssssssss
Cloti
jejeje, os empeñasteis en quedaros y os quedasteis. qué cercanas son en japón las madres de los artistas. haber preguntado, a lo mejor el chico andaba por allí. ;)
no voy a negar que me has despertado la curiosidad por ese video del que has hablado... ;)
Muy mal, nos cuentas lo de los vídeos y luego nos dejas con las ganas, Mari-san.
Tremendo sitio baratísimo para comer.
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