Dejamos Akihabara para dirigirnos a Shibuya, uno de los centros neurálgicos del bullicio y la vida moderna, lo que podría ser el Times Square en Nueva York o Picadilly en Londres. Donde todo el mundo queda. Si en Madrid tienen al oso y el madroño, allí tienen la estatua de Hachiko. Así que después de cruzar unas siete u ocho veces el cruce de peatones más famoso y más transitado del mundo como buenas catetas que somos, de sentir una imperiosa necesidad de comer cheeza tras contemplar (siete u ocho veces también) este anuncio en las pantallas gigantes, y de plantearme quedarme a vivir en una tienda llamada Mandarake, nos lanzamos a la búsqueda de la singular colina de los Love Hotel.
Lo de Love Hotel suena a hotel guarro. Sí... pero no. Es decir, son hoteles diseñados exclusivamente para tomar habitaciones por horas (o para muchas horas, cada uno es cada uno), pero no de la forma en que se conciben aquí que es bastante sórdida y sucia. Un Love Hotel es allí un establecimiento en cierto modo habitual que se usa con bastante naturalidad, ya sea por la falta de lugar, o por la falta de intimidad en casa de cada uno, escapar de los hijos (¡que los pisos allí son muy pequeños y las puertas son de papeeeeeeel!) o por hacer algo diferente, ya que algunos están decorados como auténticos parques temáticos y están equipados con todo lo imaginable (las que han visto Stand Up! recordarán el dormitorio de Ken-ken XDDD). Los hay en cualquier sitio, pero hay un par de manzanas en Shibuya donde hay una gran concentración de ellos, y figura en los planos como la colina de los Love Hotel.
La mayor parte de ellos no tienen recepcionista (o será invisible, como el de nuestro hostal), y eliges tu habitación por unas pantallitas que te muestran cómo es cada una, y echas el dinero y te salen las llaves por una máquina. Amplio surtido de disfraces o de diversiones como la Wii, por si te aburres de otra cosa...
Y de Shibuya a Shinjuku de nuevo. Ya exploramos la zona oeste del distrito buscando el hotel de Lost in Translation en pleno tifón, y esta vez íbamos dispuestas a adentrarnos en la zona este, ese paisaje a lo Blade Runner y su Kabukichō, el barrio rojo.
El Shinjuku este es una de las grandes zonas de ocio de la ciudad, llena de restaurantes, cines, terrazas, karaokes y locales de todo tipo. Si te pones a callejear penetras en territorio yakuza, y además que se nota enseguida. La mitad de los locales y los negocios de esas calles laterales están controladas por el crimen organizado, pero la poli permanece en la entrada de la calle y todo transcurre de forma modélica sin levantar polvareda. Si ya de por sí Tokio es una de las ciudades más seguras del mundo, probablemente el último sitio de la ciudad donde te atracarían o algo similar sería en esa zona, ya que llamar la atención con ese tipo de delitos sería perjudicial para el negocio, así que se puede curiosear con cierta tranquilidad.
El aspecto de los locales resulta bastante sospechoso, los baretos más pequeños y más sospechosos si cabe, los tipos de la puerta más sospechosos aun y las fotos de mujeres ligeras de ropa de aspecto nada kawaii en el local de enfrente, más sospechosas todavía.
¿Cómo reconocer al yakuza? O mejor dicho, al esbirro del yakuza, porque yo diría que el jefecillo iba dentro de un cochazo negro con cortinas que estaba en mitad de la calle. Pues básicamente y sorprendentemente se parecen a los que dibujan en los manga, al menos los que he visto, así que lo fácil sería decir que se reconocen por los tatuajes, pero llevan la ropa encima, o por las gafas de sol, que de noche como que no, o por la cicatriz de turno, que no siempre estará visible. Pero no. Yo digo que lo fundamental para reconocerlos son dos cosas: el tinte del pelo y que son las únicas personas de todo Japón que se tropiezan contigo y no te piden disculpas, o a esa conclusión llegué con mi breve paseo. Vamos, que el hecho de que no se disculpara no me molestó en absoluto, entendámonos, que teniendo en cuenta que hablamos de una de las mafias más peligrosas del mundo casi le doy las gracias por empujarme y todo.
Respecto al tinte, pues no es que sean los únicos en teñirse en aquel país ni mucho menos, pero su estilo capilar es digamos que particular. Hay colores y colores, y algunos tonos fueron definidos genéricamente por nosotras como tinte de mafiosos. Es más, en los envases del tinte salen este tipo de dibujos:
Uno de los que yo vi era clavado al de la caja amarilla. Fotos reales de estos tipos no hay, porque no hubo huevos, sinceramente.
Y al doblar la esquina de la calle para volver a un bulevar más ancho y animado (y menos sospechoso), oh, sorpresa, ¡hosts!
Bien, nueva pausa. ¿Qué es un host (pronúnciese hosto en japonés)? Pues es otra de estas figuras singulares de japón más rarito. ¿Son prostitutos? No. ¿Lo parecen? Sí. ¿Se acercan a ello? Bastante. Los Host Club son lugares de copas para señoras atendidos exclusivamente por hombres jóvenes. Son legales porque no son locales de sexo, al menos por contrato, están controlados por la yakuza, y son relativamente populares y "típicos". Tanto que hay más de doscientos de estos clubes en todo Tokio, y en las zonas más céntricas, ya que goza de cierta aceptación social, aunque tampoco es que estén exactamente bien vistos. También existe la versión femenina o hostess, pero los tipos son más chocantes y peculiares.
El host tiene que ser un sujeto simpático y carismático porque debe ser el perfecto anfitrión, y de ahí el término. Es como una geisha pero en masculino y en hortera. Su aspecto es inconfundible, de ahí que los reconociéramos. Un estilo capilar tan característico como el de los mafiosos aunque diferente, traje oscuro o chaleco, camisas impecables, culito apretaíto, más depilados que yo... Tan sumamente horteras que era fascinante.
Han sido parodiados tantísimas veces en el cine, la tele e incluso la música, que nos moríamos por verlos en directo, pero no esperábamos encontrarlos en la calle y en masa, buscando clientela.
Los locales tienen su catálogo y la clienta escoge según sus preferencias. Hay quien quiere que el host sea un tipo divertido con el que bailar o reir con el grupo de amigas, o que te haga pensar que estás buenísima, o que simplemente ponga cara de comprensión y escuche pacientemente que has tenido un mal día. Un tipo que te adule y por supuesto que te haga consumir copas carísimas con toda la cortesía nipona del mundo.
Recorrimos la calle entre el estupor y el descojone, lo más discretamente que pudimos (que no fue mucho), porque tampoco era plan de chafarles su dignidad. Un panorama curioso de verdad. Obviamente a nosotras ni se acercaron, porque con el aspecto de viajeras zarrapastrosas que llevábamos no teníamos pinta de tener yenes como para gastarlos derramando champán con uno de ellos. Además, sinceramente, mejor. Primero que no ibamos a enterarnos de nada, segundo que a la primera palabra íbamos a reventar de risa en su cara, y tercero, que sería por lo último por lo que yo pagara en este mundo.
Visto todo esto, volvimos a dar otro recorrido a la calle de los mafiosos ("¡sí!¡sí!¡otra vez!") y nos fuimos con la música a otra parte, y nunca mejor dicho.
12 comentarios:
Madre mía que bien te has adentrado en la "fauna urbana" de Tokio.
Los mafiosos son la releche, no sé porque no le diste las gracias al tipo aquel que casi te lleva x delante, ¿donde quedan tus buenos modales? XDDDD
En cuanto a los "Hostos", ya sabes que son mi debilidad, me descojoné de ellos impunemente, y daba igual cuantas veces pasáramos x las calles, cada vez que veía un grupo de ellos me venía la carcajada a la boca. XDDD
Soy muy de pueblo, lo sé, pero es que me hice fan de ellos, por absurdos, por horteras y por raros.
;-p
Ea!!
¿Y lo bien que se lo pasó aquel dependiente observando nuestra movida? XDDDD
Qué bueno este post Elphaba! Me ha faltado coger apuntes, y si me descuido se me quedan pegadas las lentillas al monitor del ordenador. En cuanto has dicho Love Hotel, me ha venido a la memoria Stand Up!, es que es referencia obligada vamos!
Por cierto, lo de muy muy hiper frikísimo, me ha encantado, aunque te falta meter en medio "ultra" y ya hubiera sido el summun, xDDDDD!!
jajjajajja Es que hay mucha fauna en Tokyo!
Yo también soy super fan de los "hostos". Son una especie tan rara y hortera, pero fascinante a la vez que me tiene enganchada!
Si estuvimos descojonandonos todo el rato, andando arriba y abajo para "observarlo" con detalle.
Quiero un "hosto" con piernas largas y pantalones apretados plateados como el que vimos! jajaja Era lo máximo!!!
Los Love Hotels... ays, a la próxima entramos en una habitación, OK?
Y sobre la yakuza... solo de pensar en los tintes otra vez, y en sus magníficos coches con "tapetes" me da algo! jejeje
Bueno, bueno... si una mujer y yo decidimos ir a un hotel de esos del amor... y cuando llegamos me pongo a jugar con la WII no la vuelvo a ver en mi vida!!!
Hummm... yo sé algo de tus minivacaciones, jeje...
Un post de lo más completo, hija. No me queda nada que comentar solo que una pena que al final no fuerais a un meido cafe, mira que si aparece ciert@ camarer@ a atenderos, jajjajajaj
¡Me ha encantado esta entrada! Es que esas características particulares que tienen las culturas distintas a la nuestra me traen loca.
Voy con prisa pero volveré a leerlo más despacio, que lo merece.
Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas
Buenísimo lo de los yakuza!! Me he divertido con esta crónica. Debe ser que ha sonado muy humorístico todo (y no por ello menos real). Me lo he creído todo al 100% aunque a veces parece ciencia ficción de lo raro que suena.
lo de la calle de los mafiosos japoneses os tuvo que intimidar... da miedo imaginar de lo que puede ser capaz una mente japonesa puesta al servicio del crimen.
lo del love hotel está muy bien. desde luego será más higiénico que algunos hoteles que se eligen para esos menesteres.
Nos tienes a todos pendientes de esta cantidad de detallitos interesantísimos.
Una duda me queda, ¿qué fue antes la meido o los dibujos animados?
Bsss
Cloti
Buena pregunta, Cloti. No sabría decirte.
Alberto, no me extraña que te suene a ciencia ficción, porque a nosotras mismas nos lo parecía a veces todo. Pero aunque lo cuente a modo de coña, mis dos amigas pueden confirmar que todo lo que narro es tal y como lo vivimos, y algunos de estos personajes y situaciones parecían salidas de algún anime cómico.
Chema, si te digo la verdad, no pasé miedo por esa zona. Nos comportamos con un poco más de prudencia y respeto y tal, porque oye, que alguno de los que nos cruzamos se había cargado a más de uno fijo, y con eso no se juega. Pero también es verdad que si no te metes en ninguna movida y no te metes con ellos, pues ellos tampoco tienen por qué meterse contigo, y es cierto que en ningún momento te sientes inseguro paseando. O quizás es que nosotras éramos unas inconscientes, pero no creo.
Bueno, matizo, Cloti, los cafés estos de Meido son posteriores a los dibujos, eso sin duda porque no tienen muchos años, pero el interés por las doncellas pues no sé de cuándo viene.
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