Bueno, pues teníamos claro que había que comer en esos dos sitios. Si hay que ir, se va, que para eso hemos venido a jugar y todo en este mundo es susceptible de ser visitado, incluidas las oficinas de la sede de la yakuza, que también están marcadas en google maps. Después de hacer unas pequeñas averiguaciones por diversos blogs de gente que ha estado, supimos que tanto un sitio como otro eran lugar de peregrinación de fans y curiosos, y eso que ninguno de ellos dos ha hecho nunca público los emplazamientos de ambos negocios. Sin embargo los caminos del cotilla curioso son infitinitos, y al saber que ya es casi tradición llevar algún regalito dejando constancia de la visita, comenzamos a frotarnos las manos mientras pensamos en catar los platos caseros de las mamás de dos de los personajes más abrazables de Japón.
La siguiente conversación es mitad real y mitad inventada, pero bien pudiera haber sido así:
- "Bueno, vamos entonces, ¿no?"
- "Sí, sí, yo ya he imprimido la información que he encontrado. ¿Qué os parece? ¿Llevamos un detallito? Es una buena forma de iniciar conversación con las señoras madres, aunque no tengamos ni puñetera idea de japonés. Es que.. ir sin hacer nada no tiene gracia, y ya que vamos, hay que marcar el hito..."
- "Mmmm... un detalle... ¿Algún souvenir típico de estos que les encantan?"
- "O sea, que la cosa está entre la flamenca para que la pongan encima de la tele o una camiseta con el toro".
- "No sé, no sé... yo es que soy más de burro...".
Total, que como cada una vivimos en una punta de España fui yo la encargada de comprar unas camisetas de toro que no fueran muy horteras. Tenía gracia la cosa, ya que las tres pasamos bastante de ese tipo de iconos, pero la cuestión era hacerse notar, y me entró la risa un par de veces mientras examinaba el surtido tan finísimo de género que tenían en las tiendas de recuerdos.
La fortuna de los dioses o algo así. Nos unimos a la pequeña cola de seis o siete personas que se congregaba en la puerta y empezamos a alargar el cuello para comprobar que estábamos en el lugar correcto, hasta que de pronto salió una señora con delantal muy bien plantada y guapetona, que no podía negar que era la madre de su famoso hijo, porque era igualita que él pero con el pelo largo.
En cosa así de quince minutos nos hicieron pasar al reducidísimo local que no tendría ni veinte metros cuadrados, cuatro o cinco mesitas y una pequeña barra de madera. Para que os hagáis idea del ambiente, aquello era como un bar de barrio de estos de comida casera con la anfitriona, el pinche, el friegaplatos y el parroquiano de turno asociado de forma permanente a la barra y a su bol de ramen. Frente a esta imagen tan castiza, era cuanto menos curiosa la decoración con carteles de Keiichiro, con el resto del grupo o en solitario, de sus obras de teatro o del anuncio del gel de baño con olor a rosas. Y el resto de la clientela pues diría que, exceptuando al parroquiano y a los de otra mesa, venían a lo mismo que nosotras, a cotillear, porque aquello parecía una taberna de espías: todo el mundo miraba en derredor, se observaba mutuamente y hacía comentarios pretendidamente discretos por lo bajini.
Como nos colocaron en la barra, nuestra posición era privilegiada para observar cómo cocinaba la simpática señora Koyama, Yasuyo para los amigos. La elección de la comida fue fácil, porque no hicimos otra cosa que pedir lo que su hijo había comentado en una ocasión que le salía más rico a su madre: ramen de miso y gyozas. Y tenía toda la razón, porque estaba pa' matarse de bueno.
Por favor, comprended que la foto no es muy buena y sale amarilla, pero creedme cuando digo que el ramen tenía una cara fabulosa, y los boles eran inmensos. El caso es que teníamos a la mujer delante de nuestras narices todo el rato porque las dimensiones no daban para más distancia, habíamos acabado de comer, y la camiseta del toro quemaba en mi bolsa, pero a Zelgadiss, encargada de formalizar la entrega, le entró un ataque de vergüenza tremendo y no arrancaba. La verdad es que no sabíamos si iba a parecer que le estaba dando las gafas de CQC o que le estaba pidiendo la mano de su hijo o algo así, pero total.
Con una frase ensayada en perfecto japonés, y cierta ceremonia, se hizo la entrega del paquetito. Yasuyo entonces se puso contentísima y empezamos a comprender que el parecido materno-filial iba más allá del físico. Patrona, empleado y equipo Aiba (nosotras) iniciamos otra conversación de esas en que cada cual habla un idioma sin conocer el otro. Nos preguntaron de donde éramos y entonces llegó el desparrame. Qué ilusión les hizo cuando dije "Andalucía", y no os cuento la fiesta que hicieron cuando Claire dijo que venía de Barcelona. El friegaplatos entonces sacó el móvil y nos mostró orgullosísimo nada menos que un escudo del Barça. Yo ya notaba que los ojos de todas las espías, quiero decir clientas, estaban puestos en los cinco escandalosos que gesticulábamos y hablábamos en voz alta (allí todo el mundo es muy silencioso comiendo). Pero no acabó ahí la cosa.
Mamá Koyama nos preguntó si podía abrir el paquete, y al ver la camiseta con el famoso animal empezaron exclamar "oooooooh!", "Sugoi! (genial!)", "Subarashi! (maravilloso!)", "Torooo!" y cosas por el estilo. Entonces le dio la camiseta al friegaplatos, que hizo unos pases de capote-camiseta, la señora se puso a hacer cuernos y a embestir detrás de la barra, nosotras a descojonarnos sin pudor, y definitivamente todas las fans nos miraban boquiabiertas con cara de "¿a qué c**o vienen estas a adelantársenos, y cómo no se nos ha ocurrido antes?".
Total, que la buena mujer nos hizo un guiño cómplice y nos indicó que le entregaría sin falta el obsequio y la tarjeta a su hijo (allí todo se hace tarjeta de visita mediante y nosotras ante todo somos cumplidoras). Yo creo que le gustamos de nuera, fíjate tú, pero para mí que la camiseta se la quedó el friegaplatos culé.
No le hicimos foto por aquello del respeto a la intimidad, pero nos regaló unas pegatinas en las que sale muy favorecida.

Tan contentas íbamos de vuelta a Tokio que olvidamos allí nuestros valiosísimos paraguas de plástico. Yo creo que después del cachondeo con la madre del artista y de haber probado sus sopitas y sus gyozas, ya vemos al muchacho desde otro prisma, como con más cariño. Es ya como el primo Keiichiro XDDD.
Con tanto jaleo e improvisación la verdad es que no teníamos ni pajolera idea de dónde era el lugar en el que habíamos estado. Al día siguiente lo busqué en el mapa, y eso no estaba ni en la ciudad de Tokio, ni en la periferia, ni siquiera dentro de la prefectura de Tokio. Nos habíamos ido nada menos que hasta la prefectura de Kanagawa y casi nos colamos en Yokohama.
Al menos Chiba sí sabemos dónde está ^_^U.
12 comentarios:
Que peligro teneis!!!! Vamos, que no os colasteis en su casa probablemente porque no estaba marcada en Google, que si no tambine vais a que os firme una botella de champu de rosas XDDDDD
Jajajajajaja, me parto el culo recordando toda la odisea de la "operación ramen" que desde luego me mereció muchísimo la pena. ¡¡Yo por Koyama lo que sea!!
Pero a la vez me ha dado montón de vergüenza, que mal lo pasé en los momentos previos a la "entrega ceremoniosa del regalo"
;-)
¡¡Más maja su madre!!
Es que fue lo mejor nuestra odisea de la ramenería!
En el metro me partía! A ver si vamos bien... todo depende de Ikuta! jajaja (de la parada, no de Toma).
Pero valió mucho mucho la pena! Una pasada! El mejor ramen que he comido en mi vida, y la madre de Koyama un sol! Es lo mejor esa mujer! Super simpática!
Tenemos que volver!!! Y... llevaré una camiseta con... un burro... jajaja soy más de burro! jajjaja Aunque si llevo una del Barça triunfo igual! jajaja
XD Apoyemos al burro, en peligro de extinción.
me han encontado los diálogos, jejeje. es un milagro que encontrarais el restaurante, estadísticamente era difícil, más que nada por todas las bifuracíones que encontrasteis por el camino en las que tuvisteis que elegir casi al azar! :D
qué bien lo pasasteis y qué suerte tuvisteis! porque conocer a un familiar directo de una celebridad no es algo que ocurra todos los días.
Ja, ja, me parto. Así que ese era el restaurante que me comentaste hace meses. Ya entiendo por qué no quisiste entrar en detalles... es que sois unas superfrikis!!! ja,ja.
Bueno, la verdad es que este tipo de cosas son las que dan vidilla a un viaje y uno se parte de risa volviendo a recordarlas.
Genial, sencillamente genial.
Me parecéis unas valientes, yo me hubiera muerto de los nervios por tener que ir a un lugar que ni sé cómo se llama ni dónde está ni cómo se llega. De traca.
Por cierto, que anoche nos tomamos una sopa de miso instantánea que compramos este finde en el Club del Gourmet del Corte Inglés.
Eso también es friki pero ni os llego a la suela del zapato, ja, ja.
Ohhhh... Adoro a López Vázquez peinándose los cuatro pelos en el momento que ella no le está mirando...
Es evidente que este comentario pertenece al post del futuro (una paradoja).
Aunque en la foto se te ven los cuatro pelos...
Oye!! Déjate de puntos suspensivos y acaba las frases como un valiente! XDDD
Vale, reinona!!!
Esta semana tuvimos en Sevilla un curso de cocina japonesa a modo de introducción, y no he podido asistir. Otra vez será.
Con razón había cosas en el post del restaurante de la familia Aiba que me sonaban raras ¡este se me había despistadooooooo! (maldita actualización del blog) Pero como nunca es tarde si la dicha es buena aquí toy ¡Que maja la señora Koyama ¿no?! De casta le viene al galgo, claro.
Claire, con la camiseta del Barça no triunfas igual, triunfas más, jajajjajaj
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