Que Kioto era la antigua capital de Japón es un hecho de sobra conocido, pero que antes de eso la capital era Nara (del año 710 al 784), es algo que aquí en occidente no sabe tanta gente (si no nos sabemos las capitales europeas, imaginaos las asiáticas). Nara es más pequeña, más tranquila y menos famosa que Kioto, pero un agradable paseo por ella es algo que un viajero debe intentar no perderse, tanto por sus parajes naturales como por la belleza de sus monumentos (ocho de los cuales están declarados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) y la importancia de su legado histórico.
La mayor parte de los lugares de interés de la ciudad se concentran en el Nara Kōen o parque natural de Nara, que extiende sus 520 hectáreas a los pies del monte Wakakusa, por lo que si no se dispone de más tiempo, en medio día se puede hacer un recorrido a pie bastante satisfactorio, aunque si se tiene el día completo mejor que mejor. Nada más llegar a la estación de tren de Nara hay una ventanilla de información turística con un personal amabilísimo que proporciona planos en español y consejos prácticos sobre la ruta a seguir.
Y la ruta comienza aquí, con este personaje. Porque no lo he comentado, pero otra cosa por la que Nara es famosa es por sus ciervos. A mí desde luego no se me van a olvidar.
La mayor parte de los lugares de interés de la ciudad se concentran en el Nara Kōen o parque natural de Nara, que extiende sus 520 hectáreas a los pies del monte Wakakusa, por lo que si no se dispone de más tiempo, en medio día se puede hacer un recorrido a pie bastante satisfactorio, aunque si se tiene el día completo mejor que mejor. Nada más llegar a la estación de tren de Nara hay una ventanilla de información turística con un personal amabilísimo que proporciona planos en español y consejos prácticos sobre la ruta a seguir.
Y la ruta comienza aquí, con este personaje. Porque no lo he comentado, pero otra cosa por la que Nara es famosa es por sus ciervos. A mí desde luego no se me van a olvidar.
Y no hay unos cuantos, hay varias centenas de ellos campando a sus anchas, con la tranquilidad de que aquello es realmente suyo, y tan cómodos entre la naturaleza como entre la civilización.
Aquí podéis verme intentando hacer amistades.
El camino es más que agradable mientras nos dirigimos a la Nandai-mon, con jardines preciosos a derecha e izquierda.
Mirad, un cervatillo sonriendo.
Y aquí tenemos la Nandai-mon, que es una grandísima puerta de madera a unos doscientos metros de la entrada al recinto del templo (el templo está un poco más lejos). Lo siento, Claire, pero se te nota cantidad que estás estirada de puntillas.
Según reza en varias guías de viaje: “el lugar invita a pasear relajadamente entre sus árboles y sus mansos ciervos”, “sus ciervos dóciles merodean por el parque”, “también es posible comprar comida de ciervo (galletitas preparadas por los vendedores) para alimentarlos y con paciencia acariciar a estos animales, los cuales están tan acostumbrados a la gente que se dejan tocar”.
Bien, este es el momento en que se me ocurrió la fatídica idea de comprar galletitas para los mansos ciervos. No os fijéis en mis piernas hinchadas del calor y con unas ronchas de mosquitos como monedas de diez céntimos, secuela de días anteriores (ver excursión al Fushimi Inari Taisha). Como veis, tengo un emisario a mi lado que observa la operación.
Ahora se lo cuenta a sus colegas.
Espérate chiquillo, que guardo la cámara y abro las galletas.
He dicho que os esperéis a que abra el paquete, no vengáis todos a la vez que estáis muy serios y me acojono.
Uy... la cosa se pone fea, y hay dos machos con bastante mala leche, y uno de ellos va armado y bien armado.
Os ahorro las escenas del “ataque”, porque básicamente la fotógrafa en ese momento se estaba descojonando a gusto mientras yo me acordaba de la madre que parió a Bambi, aprovechando que allí nadie entendía español.
En las fotos se me ve partida de risa, y la verdad es que lo estaba, pero también pasé unos momentos un poquillo tensos. En los instantes que no recogen las fotos, tenía a todos esos completamente pegados a mí, tan solo porque se dieron cuenta de que llevaba galletas (¡sin abrir!), y los dos machos empezaron a embestirme con la cornamenta, y creedme si os digo que la cornamenta del mayor, que me llegaba a la altura del hombro, imponía, y daba fuerte, que me dejó una marca roja durante un buen rato. Y menos mal que soy alta, porque a Claire le sobrepasaba y le hubiera saltado un ojo, pero ella estaba a un montón de metros XD.
Total, que aquí está el ‘bocao’ babeado que me dejó de recuerdo, que casi me parte la camiseta el muy c...... Menuda fuerza tenía el puñetero.
De todas formas, a pesar de que os aseguro que no he exagerado nada, que no se diga que pierdo la fe en los animalillos y que les doy mala prensa, que todo hay que decirlo, y exceptuando eso, estaban ahí pasando tres kilos de la gente y es verdad que se dejaban acariciar algunos (si no llevabas galletas ¬¬).
Llegamos pues a la citada puerta Nandai-mon, que está protegida por dos guardianes Niō con cara de pocos amigos (ya me podían haber protegido a mí). Estas tallas del siglo XIII son consideradas de las mejores del mundo, y parece que te van a soltar un rugido de un momento a otro.
Y alcanzamos por fin el templo budista Tōdai-ji y su monumento principal, la “joya de la corona”, que es el pabellón Daibutsu-den y el Gran Buda de su interior. La primera estampa que se ve del pabellón al entrar en el recinto es bellísima, y los colores del día la hacían aun más bonita.
El Daibutsu-den es el edificio de madera más grande del mundo, y eso que la actual reconstrucción (fue destruido dos veces por el fuego), que data de 1709, es solo dos tercios del tamaño original.
Quizás así visto no parezca tan grande, pero a medida que te acercas… Fijaos en el tamaño de la gente.
Y el Gran Buda de su interior, que también ha pasado lo suyo (hasta perdió la cabeza en un terremoto), saludando a la cámara para los lectores de este blog.
Esta regia estatua de bronce impone bastante respeto, y está flanqueada por Koumokuten y Tamonten, dos guardianes celestiales del periodo Edo. A mí me ha gustado la idea esa de tener siempre dos guardianes. Yo he pensado en contratar a los hermanos Golf & Mike, que también parecen fieros, pero no sé qué pensaría mi padre si los coloco a los lados de la puerta de mi habitación.
Para que os hagáis idea del tamaño del Buda, en el pabellón está este gran pilar de madera con un hueco del tamaño de uno de los orificios de su nariz. Se dice que quien logra pasar a través de él logra la iluminación, pero esto no es posible más que para niños. A mí no es ya que no me pase el culo, sino que no me da el ancho de hombros ni para empezar.
Una cosa que no me gustó, porque nada es perfecto, fue ver un gran tenderete de souvenires en el interior, justo al lado de la estatua. En un sitio donde se debe entrar con respeto no me parece que tener a un vendedor de Hello Kitty y de llaveros de pequeños Budas con cuernecitos de ciervo sea lo más apropiado. Al menos lo podían haber situado en otro lugar un poco más alejado.
Continuando el paseo hacia la zona más boscosa, llegamos casi por casualidad a dos pabellones que estaban un poco más apartados, el Sangatsu-dō y el Nigatsu-dō, que significan el salón de Marzo y Febrero respectivamente. Y digo que casi por casualidad porque me planteé acampar para el resto de mis días junto a la máquina de agua helada.
Primero vimos este de Sangatsu-dō, que es muy sencillito pero muy mono. En la foto no se ve, pero la pequeña torii de piedra que tiene delante, los arbolitos floridos que lo enmarcan y bambi paseando por ahí hacen un conjunto realmente encantador.
El Nigatsu-dō estaba tapado por este primero, e increíblemente casi se nos escapa a pesar de que es bastante más grande y llamativo.
Esta no es la pizarra con el menú del día, sino una de estas fuentes purificadoras que tanto me gustan a la entrada de los santuarios. Sigo sin saber lo que pone, pero me alegra comprobar que ya soy capaz de identificar algunos caracteres, como por ejemplo los que indican el nombre de Nigatsu.
A esas horas apetecía muy poco subir escaleras, pero era una perspectiva demasiado bonita para no subir a verlo.
Y desde arriba la recompensa está en forma de fantásticas vistas del Nara Kōen y de la ciudad de Nara.
La terraza del Nigatsu-dō es un lugar que invita a quedarse durante un buen rato contemplando el valle sobre que se emplaza la antigua capital. Están recomendadas las vistas al anochecer, pero la verdad es que con estas me doy por satisfecha.
Intentar hacer sonar esto apropiadamente no es tan fácil como parece. El año pasado me pasé de fuerte, y este año no conseguía ni que medio se escuchara.
¿Me cabrá esta lámpara en el salón de casa?
Y ya metidas en terreno de bosques, proseguimos la ruta por esos senderos llenos de pequeños santuarios, faroles y puentecitos a los pies de la ladera del Wakakusa.
Una refrescante vista desde el puente. Estos parajes sombríos son un auténtico alivio a la 1 de la tarde.
Y mientras nos dirigíamos al santuario Kasuga Taisha yo continué intentando arreglar mis rencillas diplomáticas con la manada de ciervos.
El Kasuga Taisha es un importante santuario sintoísta fundado en el siglo VIII por la familia Fujiwara, un poderosísimo clan cercano al Emperador. Según la tradición, cada veinte años se reconstruía totalmente, aunque el actual permanece desde 1863.
Este santuario es famoso por sus aproximadamente 3000 faroles de bronce y piedra, que se encienden dos veces al año (febrero y agosto) en el festival de los faroles, Mantōrō. Tiene que ser espectáculo increíble. Lástima que fue diez días antes de nuestra visita.
Finalmente emprendimos el camino de regreso a la ciudad, quedando en relaciones cordiales con estos muchachos.
Aprovechamos antes de comer para admirar esta pagoda de cinco alturas que es la más antigua de Japón, y está justo al salir del parque.
La verdad es que siempre lo comento, pero me parece un lujo contar con esa naturaleza tan cerca de la ciudad. No existe realmente distancia. Es como si de pronto te vas de tiendas, y pasas de ver el Zara a encontrarte en el bosque, así que a la vuelta, y sin darnos cuenta, estábamos metidas de lleno en las calles comerciales de Nara, donde Claire posa como la más chic de las turistas junto a los jóvenes de la ciudad, más cómodos que nadie con sus vestimentas veraniegas..
Y para rematar el relato de un día precioso os dejo esta belleza de tema musical apropiadísimo del maestro Joe Hisaishi, llamado "Summer" de la película "El verano de Kikujiro (Kikujiro no natsu)". Solo espero que el día que me encuentre a este señor sepa el japonés suficiente como para decirle en su idioma que es mi ídolo.
15 comentarios:
No digas que no ibas avisada, XDDDD
Aún recuerdo los empujones que me daban con el morro para que les repartiera las famosas galletitas; afortunadamente me libré del mordisco, pero presencié un par de ellos. Ahora entiendo las fotos que ví por internet antes del viaje de los niños llorando XDDDDDDDD
Para mi gusto, fue el recinto que más me gustó de todo el viaje. El templo, el buda, los guardianes (son preciosos) y para rematar el paseo por los caminos y el santuario con los faroles de piedra (tenemos que organizar un viaje para verlos encendidos, eh?).
Pero me quedé con las ganas de tratar de entrar por el agujero de la columna: había decenas de críos en visitas escolares así que habrá que intentarlo en la próxima ocasión ;)
Ays, qué envidia más mala me entra cada vez que ve tus fotos, si algún día consigo ir a Japón creo que besaré el suelo nada más llegar cual Papa agradecido. ja ja y en cuanto a los ciervos, madre mía, con lo que me gustan los animales no quiero ni pensar lo que me hubieran hecho, aprendida la lección, no enseñarles galletitas. Bambi nunca volverá a ser el mismo después de esto. Bsos :)
La entrada te ha quedado muy Disney con tanto animalito.
Tu amiga Claire da miedo armada de cámara y vídeo a dos manos. Claro que si te pillo rodeada de cérvidos acosándote yo también me prepararía para hacerte el reportaje de tu vida.
El Isasushi ése seguro que es un juntanotas con unos CDs malísimos.
Mi amiga Claire tiene material de video que jamás saldrá a la luz XDDDDDDD.
Precioooosoooo el sitioooo! Me ha encantado pero veo que el problema de los ciervos realmente es querer agasajarlos con las galletitas ¡lo mejor es no intentar darles nada! Mucho caso no hacen pero al menos no atacan! XDDDD (a ver, a ver, ¿cómo podré chantajear a Claire para acceder a ese material de video? Juasjuasjausjuas)
jajajja que va, pero si yo casi nunca estoy de puntillas en las fotos! ;-P
No sabes como me llegué a descojonar! Te estaban atacando los malditos bambis que no veas! Fue tener las galletas en la mano, y zas! Todos a por Elphaba!!! Al ataque! A por ella! Y yo partiendome! jajajaa
Si, si, a mi me llegaban super altos. Un ojo como mínimo me hubieron sacado, los "dóciles" animalitos! jejeje
Pero estaba viendo la situación en la distancia, jejeje
La verdad es que si no tenías comida para darles no te hacían nada, la mayoría eran majetes, jejeje
Yo quería intentar pasar por el hueco ese, pero estaba cerrado el trocito con unos conos! Y no había nadie... :-(
Creo que hubiera cabido! Y más ahora, que vi en Callejeros Viajeros que la mujer reportera entró y salió tal cual. Tengo que volver para pasar a través del él e iluminarme! Aunque ya estoy bastante iluminada, jejeje
Que horror esos Budas con los cuernos de ciervo, eh? Mira que son feos! Con lo kawai que lo podrían haber hecho,!
jajajaja Me encanta la foto que estoy con los tios en yukata! Quiero uno!!!
Julio, soy la mujer cámara. Iba todo el viaje con las dos cámaras, la de fotos y la de vídeo, para intentar captar todo lo que pudiera, jejeje Doy miedo, eh? jajaja Que bueno!
Por supuesto que hice las fotos y grabé a Elphaba en su momento ataque! Y... podría salir a la luz... aunque Elpahaba "tornado" me da miedo a veces! jejeje Aunque, Geno, podría aceptar algun soborno... jejeje ;-P
(ni yo he visto aún no lo grabé, que mal!)
Oooh, me encanta el gran Joe Hisaishi y su fantástico "Summer"! Que gozada!!
No he visto a nadie en este mundo desenfundar su cámara de video tan rápido como Claire. Nada se escapa a su lente.
Mmmmmmm... Todo el mundo tiene un precio.
Clarise.... ¡¡¡ejem!!! quiero decir... Claire:
¿Cual es el tuyo?
Yo sólo espero que si algún día ves a Hisaishi, yo esté al lado tuyo. Y si te pones hablar japonés con él y no me entero de nada, salto hacía arriba y te doy en el hombro...
Julio, Clarise... que estás buscando a mis corderos... ;-P (se pilla, verdad?)
No sé qué precio tengo, pero... todo se puede hablar! :-D
mmmmm mmmm desenfundo las cámaras como nadie! jajajaja Me ha molado eso, Elphaba! :-)
Sé perfectamente que (o mejor "quien" jejeje) podría ofrecerte que nunca rechazarías lo que pasa es que está fuera de mi alcance conseguirlo (y en caso de que lo consiguiera, igual me lo quedaba yo juasjuasjuas)
"¡¡¡¡La madre que pario a Bambi!!!!"
Jajajajajajaja
jajajajajajja
viendo las fotos, a primera vista sólo veía cervatillos, pero aumentando una de las fotos en las que estás rodeada, sí que se ve algún ciervo adulto con su característica cornamenta. :D bueno, la parte positiva es que tus galletas les gustaron, tanto que no podían esperar a que abrieras el paquete. ;)
Ay Dios lo que me he reido!!! XDDDDDDDD
Qué lugar más bonito. Y las fotos preciosas (algunas son muy apañadas para cuadros jejeje no puedo evitar mirarlas pensando en como quedarían pintadas ;-))
Menuda la odisea con los ciervos.
Ese soborno, no sé yo si llegaría XDDDDD
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